15 de diciembre de 2010

Nociones de astronomia II: Las estrellas dobles.

Una estrella doble es una pareja de estrellas que se mantienen unidas por la fuerza de la gravitación y giran en torno a su centro común.


No encuentro mejor manera de comenzar estas nociones de astronomía que hablaros de las estrellas dobles. Os puede parecer algo inusual o extraño, pero se estima que casi un 40% de las estrellas que vemos son en realidad dos estrellas que recorren juntas el inmenso espacio sideral. Se trata de las llamadas estrellas binarias que forman parte de un mismo sistema gravitatorio y que a veces puede incluír otras estrellas inteactuando entre sí.
Las estrellas dobles pueden estar cerca, resultando obvia su mútua atracción, o puede tratarse de estrellas separadas por grandes distancias. En este último caso la única forma de saber si existe o no existe relación entre ellas es observando sus órbitas en relación con otros puntos astronómicos.
También existen las falsas estrellas dobles, o binaria ópticas. Estas son estrellas que están muy muy cerca a simple vista, pero que en realidad están en distintos planos o niveles.
Y como os dije al comenzar con estos pequeños apuntes, nuestra forma de organizar la vida en sociedad ya está plasmada en el firmamento. La definición anterior es perfecta para explicar lo que sienten dos personas al tener descendencia. Individuos que hasta entonces eran más o menos independientes comienzan a girar en torno a un centro común y a estrechar unos lazos que hasta entonces no habían experimentado. Se trata de un vínculo fuerte e invisible, como las órbitas de los astros, que hace que no sea necesario termitar las preguntas para obtener respuestas o que sin pedirlo le acerquemos a nuestra pareja un babero, un chupete o ese mordedor que siempre termina en el suelo.
Este vínculo también puede actuar a pesar de la distancia y a veces una buena forma de estimar la fuerza de ese vínculo es la relación que se establece con otros individuos. Y para qué negarlo, también existen casos de binarias ópticas en las que ese vínculo sólo es aparente y se trata simplemente de dos estrellas que pasaban por allí.

A qué se dedica Hilario?

Irene estaba explicándole a Raquel que los rusos estaban en la ciudad y que no pararían hasta conseguir los documentos.
Raquel le dijo que lo que tenían no era suficiente, que lo máximo que conseguirían sería cerrar un par de burdeles e implicar a un par de concejales y algún que otro empresario.
Irene le preguntó si pretendía acabar ella sola con el tráfico de personas y Raquel le dijo que por lo menos hacía algo para cambiar las cosas.
- Ya, tú haces mucho desde tú posición de niña bien, pero la que robó los documentos en la embajada rusa fuí yo, la que te presentó a las chicas fuí yo y a la que persiguen los narcos mejicanos es a mí.
- Si, pero a la que amenazaron y ataron a una silla fue a mí - replicó Raquel
- Ya ya, pero si no hablaras más de la cuenta en esas conferencias sobre los derechos humanos y la prostitución no te habrían descubierto.
- Mis conferencias sirven para concienciar a la gente sobre la necesidad de implicarse para forzar a los gobiernos a tomar medidas...
- ...bla bla bla... -interrumpió Irene- A mí no me tienes que convencer de nada. Sólo te digo que ahora nos pesiguen dos tipos de la embajada rusa y seguramente detrás de este vendrán otros -dijo señalando al hombre maniatado que teníamos en el suelo.
El mejicano miraba para mí y yo miraba para el mejicano con cara de asombro. La verdad es que tenía la sensación de estar fuera de lugar. Al fin y al cabo, no tenía ni idea de qué iba todo aquello. El oriundo de la norteamérica pobre, al menos, sabía los motivos por los que se encontraba en tan lamentable estado y podía hacerse una idea de lo que iba a ocurrir con él en los próximos minutos. Yo desconocía la mayor parte de los detalles e ignoraba lo que sucedería a continuación.
Como la discusión iba en aumento decidí intervenir y pregunté qué demonios tenía que ver Hilario en todo esto. Al fin y al cabo, era por Hilario por el que estaba metido en todo esto.
-Tú no sabes a qué se dedica Hilario, verdad?

9 de diciembre de 2010

Las chicas son guerreras.

O me dices ahora mismo dónde está Irene o cada vez que te mires en el espejo te acordarás de mí.
La voz del mejicano sonaba a través de la vieja puerta de madera. Mi abuela nos había dicho que la chica vivía en el número 18. También me dijo que era buena moza para mí y me recordó que tenía que ir a pintarle la habitación de invitados. Insistió en que entráramos a tomar un trozo de empanada y un vaso de vino pero Irene le dijo que teníamos un poco de prisa y que era mejor que se metiese de nuevo en su casa.
Como he visto muchas películas de sábado por la tarde al escuchar un par de golpes y las palabras del mejicano me imaginé a Raquel atada a una silla mientras el malo la abofeteaba y la amenazaba con un cuchillo de cocina o una botella rota o un machete de carnicero... A estas alturas ya no me sorprendió ver a Irene con la pistola en una mano mientras con la otra me indicaba que me quedase quieto. La verdad es que no tenía ninguna intención de moverme pero creí oportuno indicarle a Irene que no podría abrir esa puerta de una patada. Se trataba de una puerta maciza de castaño que tenía dos pestillos y que había resisitido los culatazos de los fusiles de los soldados franceses doscientos años antes, cuando quisieron llevarse al tatarabuelo de mi abuela y la taratarabuela comenzó a gritar y a arrojar erizos de castañas por la ventana mientras los hijos de Napoleón gritaban Qu'est ce que c'est? Qu'est ce que c'est? Bueno, esto me lo contaba mi abuelo mientras me enseñaba las muescas en la puerta y en las paredes de la gran casa en la que vivían cuando yo era niño. Después hicieron dos viviendas y alquilaron una de ellas para estudiantes.
Lo que quiero decir es que aquella casa no tenía secretos para mí por eso le indiqué a Irene que era mejor ir por la bodeguilla que había en la parte de atrás. La llave estaba en la maceta de la derecha pero no hizo falta abrir la puerta ya que de pronto la puerta se abrió y un hombre salió con un móvil en una mano y un cigarro en la otra. Era uno de los mejicanos que estaban en el bar de Toño y no pareció sorprenderse demasiado cuando Irene le puso la pistola en la frente indicándole que le diera el móvil.
Estais muertos, nos dijo mientras intentaba llevarse el cigarro a la boca. Y digo intentó porque Irene le propinó un golpe tan fuerte en la cara que el pobre hombre se desplomó sobre el pequeño banco de madera que había debajo de la parra.
Átalo, me ordenó mientras me señalaba la cuerda que sujetaba el cubo de cinc que estaba en el pozo. Aproveché para sacar un poco de agua fresca ya que comenzaba a tener bastante sed y decidí llevarle una poca a Raquel, que no salía de su asombro al verme entrar empujando a un hombre con una mano y sosteniendo en la otro un cubo lleno de agua. Además le había robado el paquete de Malboro al mejicano y tenía un cigarrillo en la boca. Bueno chicas, ¿qué hacemos con este?, pregunté con la mayor naturalidad del mundo y sin despegar el cigarro de los labios. ¿Queréis que le haga hablar?
No te preocupes, me dijo Raquel mientras se refrescaba la cara con un paño mojado, ya sabemos lo que buscaba.

30 de noviembre de 2010

Nociones de astronomía I: material básico.

Hace muchos años mi padre me preguntó qué regalo quería por haber aprobado sexto de EGB. Yo le dije que quería un telescopio y él me regaló un Amstrad CPC464. Os diré que el Amstrad no era un tipo de telescopio sino un ordenador doméstico que funcionaba con un programa llamado BASIC y que básicamente sólo servía para hacer listines telefónicos (recordad que no existían los teléfonos móviles) o juegos de tenis en los que la pelota que era una O mayúscula y las raquetas que eran dos eles. Después descubriríamos que con la entrada que tenía para el joistick y unas células fotovoltaicas podías hacer circuitos que te indicaban con un sonido cuando se abría una puerta o cuando se encendía una luz. La verdad es que no servía para mucho, pero nos gustaba averigüar si funcionaba o no. Otro día os contaré la triste historia del piano eléctrico.
Pues el ordenador en cuestión era algo así:
Si, lo que aparece en la parte derecha es un cassete en el que se metía la cinta del juegos y cuando en la pantalla aparecía Read error b tenías que volver a comenzar la carga, no sin antes limpiar con el dedito la cabeza lectora.
Pero os decía que en realidad lo que yo quería era un telescopio, y como mi padre nunca me volvió a preguntar qué quería de regalo pues tuve que esperar unos cuantos años antes de poder comprármelo. Y como si de una venganza se tratase decidí comprarme un buen telescopio. No uno de esos que se ven en las películas sino un telescopio caro al que se puede acoplar un motor para seguir las órbitas de los cuerpos celestes o incluso una cámara para obtener maravillosas fotografías del espacio exterior o de algún que otro OVNI.


Lamentablemente, las instrucciones estaban en alemán y mi aficción por la astronomía ya no era la misma que en mis años de EGB. Y ahora tengo un buen telescopio al que he sacado muy poco partido y un ordenador tremendamente arcaico con el que pasé horas y horas jugando y haciendo experimentos de domótica.
Pues bien, esta pequeña historia sirve para introducirnos en el maravilloso mundo de la astronomía. Y la primera lección nos enseña que no es necesario un gran telescopio para admirar las maravillas del universo. Básicamente, con un poco de curiosidad y algo de tiempo descubriremos que todo está en las estrellas y que muchas de las cosas que creemos propias y exclusivas de los seres humanos ya están presentes, desde hace millones de años, en ese inmenso teatro que es el firmamento.

29 de noviembre de 2010

El cheque-matrimonio.

Estábamos escuchando por la radio las declaraciones de Rouco Varela sobre la necesidad de recobrar la ilusión por la familia y el matrimonio cuando va mi compañera y exclama "Pues que lo subvencionen!"
Y no estaría mal.
Imaginemos que a cada pareja que decida casarse como dios manda le dan una especie de cheque-matrimonio, y si decides bautizar a tu hijo un cheque-bautizo. La verdad es que en estos tiempos de recortes en gastos sociales no estaría mal que los muchachos de la iglesia decidiesen invertir parte de su patrimonio en potenciar aquellas costumbres o ideas que tanto defienden. En lugar de tanto exigir podrían poner algo de su parte. Además del vino y la hostia, unos euros para los recién casados y con el agua bendita una ayudita para el carrito del bebé.

28 de noviembre de 2010

Los cuartos en la Berenguela.



Al escuchar los cuartos en la Berenguela decido bajarme de la moto. No es que me importe demasiado que me abofeteen en público, pero de pronto recuerdo que la tía Angelines tiene la costumbre de salir de la misa por la conocida fachada barroca de la Catedral. Ite, missa est!, le grito de repente a Irene con la esperanza de que comprenda que debemos de salir de allí lo antes posible. Pero es tarde. De pronto veo que por detrás de la rusa aparece la tía Angelines saludándome con una mano mientras con la otra mueve su bastón con una pericia propia de alguien que lleva años caminando por las empedradas calles de Compostela. Después de los sonoros y húmedos besos en cada mejilla me pregunta qué cómo estoy, que cómo está mama, que si mi hermana sigue trabajando, que si no me voy a afeitar nunca, que si esa chica tan mona con la que estoy es mi novia, que si me voy a casar... Lo peor es que la tía Angelines está acompañada de otras dos mujeres que también insisiten en darme dos besos mientras que ella les explica que soy el hijo de su sobrina, la que se casó con el hijo de la Herminia, el que tenía la carnicería en la Calle Milagros...
Coño, pensé, la calle Milagros es dónde vive la abuela!
De pronto recordé que Hilario me había dicho que Raquel era vecina de mi abuela y que vivía en una de las antiguas pensiones de estudiantes. Dejamos a la tía Angelines con los besos en la boca y nos dirijimos a la parte baja de la ciudad. No sabía muy bien de qué iba todo esto, pero ya no me sentía borracho por lo que decidí conducir yo la moto. Al frenar en el primer paso de cebra descubrí porqué Toño siempre invitaba a las chicas a dar un paseo en moto.

11 de noviembre de 2010

Ya está aquí el invierno!!

Si, ya se que oficialmente el invierno comienza el 21 de diciembre, pero en los últimos años es la caída de parte de la barandilla (en koruño balaustrada) del paseo marítimo de A Coruña la que marca el inicio de la temporada de temporales (que ahora se llama ciclogénesis explosiva). Pensaréis que maldita la gracia que tiene que la madre naturaleza destruya parte del mobiliario urbano, pero la verdad es que ya no es novedad ni es noticia, por mucho que las portadas de la prensa local pongan la misma foto cada año.
Os contaré la verdad. En otro tiempo un tipo muy ocurrente decidió que la mejor forma de promocionar la ciudad sería garantizar que anualmente la ciudad saliese en las noticias. Para conseguirlo nada mejor que construir un paseo marítimo que en las mareas vivas de otoño y de primavera fuese arrasado por la fuerza del mar. Ya sabéis como funciona esto del marketing, unas cuantas fotos y algún que otro titular que comience con "grandes destrozos" o "devastadores efectos".
Y no hay que olvidar el negocio que se genera con la reparación anual del paseo marítimo de la ciudad. Si quisiera ser malo diría que la misma empresa lleva veinte años pasando la misma factura al Concello da Coruña por la reparación de los mismos cien metros de barandilla-balaustrada que anualmente son reparados.
Pero como no soy malo diré que cada año las ciclogénesis explosivas son más agresivas. Supongo que les ocurre los mismo que al virus de la gripe, que nunca se sabe cómo va a venir.

9 de noviembre de 2010

Así es como me siento yo con esto del internet y las redes sociales y el facebook y el twister.



Todavía no tengo claro dónde se almacenan todos estos datos que aparecen haciendo clic, ni tampoco se de dónde saca la gente tanto tiempo para "postear" "enlazar" y mantener un perfil actualizado en la WEB. A veces tengo la impresión de que todos son amigos y que se dedican a visitarse mutuamente, a dejar un comentario aquí y un link allá. También puede ocurrir que una misma persona sea el que se comenta a si mismo, o se pone verde o se felicita por el post. Conocí a un tipo en BUP que se escribía cartas a si mismo y después las enseñaba en clase diciendo que eran de de una chica que había conocido el sábado en la disco. Pero esta es otra historia y tal vez en otro momento os la cuente.
De lo que estoy hablando ahora es de lo perdido que me siento con todas estas aplicaciones que aparecen en el blogger y el correo electrónico y que me asustan un poco. Esos mensajes del tipo "comparte tus fotos con tus amigos" o "que sepan lo que hacer en cada momento" me hacen pensar que en breve estaremos tod@s hablando con tod@s en todo momento, y en lugar de poder mantener una conversación de tú a tú con alguien tendremos que ir haciendo clic clic clic hasta encontrar un mensaje que nos diga que a fulano, mengano o zutano también le gusta esto.

5 de noviembre de 2010

El papa saluda a Mar de Beaufort.

Queridas lectoras, vivir en uno de los centros de la cristiandad tiene estas cosas.
Estaba yo tranquilamente paseando por la ciudad cuando me encontré al papa supervisando el montaje del escenario para su actuación de mañana.
Si, ya se que los medios de comunicación dicen que llega mañana por la tarde y que habrá un móntón de policias y que cortarán no se cuantas calles...
No os lo creais, si haceis caso a los medios de comunicación harán que odiéis a los oprimidos y améis a los que os oprimen (Esto lo leí hace muchos años en una camiseta y me gustó).
Bueno, pues lo cierto es que el papa ya está en Compostela, y la verdad es que es un tipo campechano y amigo de conversar bebiendo unas tazas. Como no conocía la ciudad le indiqué unas cuantas tascas y ya sabeis como es esto, que si pago yo, que si pide otras, que si vamos a la taberna de al lado...
Si, acabamos hablando de lo que solemos hablar cuando estamos algo ebrios, los errores de juventud con los chicos del barrio, los desengaños amorosos y algo que no entendí muy bien sobre un camino espiritual...
Si, creo que de algún modo conectamos. Sin duda es un tipo acostumbrado a animar a la gente ya que cuando le conté que tenía un blog con dos seguidores me dijo que eso era estupendo, que así había empezado la asociación que él dirigía y que ahora eran legión. Ya se que no es comparable, pero me motivó para continuar escribiendo, sobre todo cuando me comentó que me queria dedicar una foto para que la colgara aquí.
Si, ya se que es una fotografía un poco extraña y de mala calidad, pero creo que pocos blogs pueden presumir de tener una dedicatoria del papa.




Por cierto, no tengo ni idea de quien es ese tipo que aparece en medio de la plaza. Supongo que estaba mirando para nosotros pues estabamos cantando y bailando el famoso "bailaches Carolina".

25 de octubre de 2010

A lo lejos un perro solitario, extraños sonidos en el invierno boreal. Un motor rompe el silencio de la noche, voces de gente que madruga, tal vez algún borracho que no puede volver a casa. Son las seis de la mañana y de pronto descubro que Mar de Beaufort ya no es el desierto de hace unos meses. Puede parecer extraño, pero este inmenso mar de hielo se ha poblado de estrellas de mar cantarinas, y de elefantes azules y jirafas rosadas. Incluso he visto algún conejo parlanchín haciéndose pasar por humano. O era al revés?
Ya nada es lo que era, ni siquiera el tiempo parece tener la misma duración. Una tarde se convierte en el intervalo que va de una toma a otra toma y las noches son ese pequeño vestigio que nos confirma que una vez hubo otra vida. Si, en otro tiempo también teniamos la costumbre de dormir por las noches. Lo demás ha cambiado tanto que a veces no me reconozco. Y yo, tan aficionado a la rutina y al sosiego descubro que todo lo que necesitaba en la vida era un poco de acción.

22 de octubre de 2010

Las dos bofetadas.

This may not be happening.
This may not be happening.
Además de borracho le ha dado por hablar inglés y durante diez minutos ha estado dándome la murga sobre si esto está sucediento o es simplemente delirium tremens. Por qué no te callas?, le grito mientras intento cruzar la plaza del Obradoiro esquivando a los peregrinos y a los operarios que montán el palco para la actuación de Bieito XVI. Atravesando el casco viejo me he librado temporalmente de los matones de la embajada, pero no tengo claro qué hacer ahora. Sin duda alguien ha dado el chivatazo y para evitar males mayores prefiero traerme al políglota antes de que lo interroguen los narcos. Él es que menos sabe de todo el asunto, y sin embargo sería el más perjudicado si lo atrapan. Y bastante perjudicado va el pobre. Entre el alcohol y los disparos debe estar sufriendo una especie de ataque nervioso que se manifiesta en la repetición de la misma frase varias veces, pero por qué demonios habla en inglés?
Y dónde está Raquel? Debo encontrarla antes de que lo hagan ellos.
Dónde está la calle Milagros?, le pregunto. La calle Milagros, la calle Milagros, me responde.
Si, la calle Milagros, donde vive Raquel.
Dónde vive Raquel, donde vive Raquel...
Raquel vive en la calle Milagros?
A estas alturas yo ya estoy familiarizada con esta costumbre local de reponder con preguntas por lo que decido emplear un método más contundente. Bofetada para la derecha, bofetada para la izquierda...
La calle Milagros, ostias!
No conozco a ninguna Milagros, me dice antes de ponerse a cantar una canción muy extraña.
Sin duda, debí dejar a este tipo con los dos rusos y el mejicano que quedaba con vida.

30 de septiembre de 2010

Qué hacer?


He estado ausente durante un tiempo y la historia ha avanzado sin mi.
Recupero a Hilario? Recupero al narrador encima de una moto?
Voy a tener que releer mi propio blog para saber lo que quería contar.
Esa operación puede tardar unos minutos...
desea continuar?

29 de septiembre de 2010

Regresos y llegadas.

Parece que fue ayer y sin embargo han pasado soles y alegrías; lágrimas, dolor y sangre; horas de insomnio y horas de felicidad infinita.
Parece que fue ayer y sin embargo fue hace más de dos meses. Y aunque dos meses es un verano mal contado debo decir que ha sido el verano más completo de mi vida, los días plenos de ternura, de inquietudes, de sentimiento... simplemente vida.
Y hoy que regreso quiero contaros que he visto a la persona que más quiero rompiéndose del esfuerzo, desgarrándose el pequeño cuerpo, un último empujón, y después otro, un latido lejano, un dolor inalcanzable y teñido de rojo y al final lágrimas y vida.
Si, al final la vida invadiéndolo todo, llenando de sentido los días y los caminos recorridos. Al final el nacimiento de nuestro hijo compensando el sufrimiento y los nervios y las preocupaciones. Sus ojos coloreando nuestra existencia, sus pequeñas manos descubriendo todo un mundo de novedades, la sincera expresión de su rostro, la simple alegría de su llegada...


Si, ahora lo entiendo, la felicidad era esto.

12 de julio de 2010

Por el ventanuco!

Como la historia es larga y complicada y el tiempo escasea iré por partes. El bar de Toño tiene al fondo un pequeño almacén con un ventanuco. Si una persona apilase un par de cajas de cervezas contra la pared podría colarse por este ventanuco. Ricardo lo hizo con unos cuantos cubatas encima cuando le dijeron que su mujer venía a buscarlo, pero no le sirvió de mucho. Ese ventanuco da a un sótano en el que Toño guarda, entre otras muchas cosas, su querida moto. Esto lo sabemos nosotros y lo sabía la mujer de Ricardo, que acostumbrada como estaba a las fugas etílicas de su marido decidió tomarse un café mirando hacia el viejo portalón por el que al cabo de unos minutos salió Ricardo. Su cara al regresar al bar y descubrir a su mujer esperándolo era simular a la que se me quedó a mí cuando salí del WC. Irene tenía un sobre en una mano y una pistola encima de la mesa. De pronto escuchamos el sonido de un frenazo y de un BMW salieron dos tipos con pinta de rusos. Irene se levantó mientras guardaba el sobre y empuñaba la pistola como si fuese lo más normal del mundo. Por el ventanuco, nos gritó Toño al tirarme las llaves de la moto. Irene miró a Toño, después me miró a mí y al ver que por la acera del viejo barrio se acercaban dos tipos trajeados caminando sospechosamente detrás de Hilario decidió seguirme. Obviamente, el sonido de una Harley al arrancar no pasa desapercibido para nadie y no me extrañó ver a los mejicanos corriendo hacia nosotros en cuanto abrí el portalón. Como la cosa no tenía nada que ver conmigo supuse que mi parte en esta historia habría acabado, pero Irene no opinaba lo mismo y antes de disparar contra los mejicanos me gritó que me subiera a la moto si quería vivir. Si, ya se que es una frase de Terminator, pero ya os dicho que Irene se había pasado unas cuantas semanas viendo la tele en mi piso.

25 de junio de 2010

Las dudas de Irene

El sobre estaba encima de la mesa. Instintivamente metí la mano en el bolsillo interior de la cazadora. Mi seguro de vida continuaba allí, aunque a estas alturas no podría asegurar si las fotos y los documentos servirían para salvarme o iban a significar mi perdición. Todo había sido una locura desde el principio. Ahora mismo no puedo decir en qué momento comencé a implicarme en asuntos que siempre me habían importado más bien poco. Digámoslo claro, siempre he sido una persona concupiscente. Ganarme mi dinero para pagarme mis vicios. No aspiraba a nada más. Sólo tenemos una vida y lo único que podemos decidir es cómo vivirla. Nunca he tenido grandes pretensiones ni inquietudes, y por mi cabeza no pasaba involucrarme en ningún tipo de cruzada contra las injusticias o contra los malvados. Por eso me resulta tan difícil saber por qué un buen día me dejé convencer por Raquel para buscar en la embajada aquellos documentos. Tal vez la sensación de peligro, el subidón que nos provoca el sabernos sobrepasando ciertos límites. O simplemente fue para asombrar a aquella morena recién llegada a México, con su cara angelical y su ingenua creencia en que en el mundo acaban ganando los buenos. Te puedo asegurar que ese tipo es cualquier cosa menos solidario, le dije con ese tono típico de los que están de vuelta de todo. Aquel rollo de persona enterada, con un trabajo peculiar y con muchas anécdotas que contar siempre me había servido para llevarme a la cama a universitarias ansiosas de descubrir cómo funciona el mundo. Pero Raquel fue diferente, Raquel no quería saber, quería actuar. Y el lugar de acabar en la cama con ella me encuentro en un bar cutre, en una ciudad extraña, hermosa y fea a un tiempo, a un tiempo apetecida y detestada cual ser que nos atrae y nos desdeña. Esperando a que vengan a buscarme y con un sobre encima de la mesa que al final decido abrir para descubrir que el asunto parece mucho más complicado de lo que yo creía.

22 de junio de 2010

Lo que ve Hilario.

Las cosas comenzaron a complicarse cuando a los pocos minutos Irene entra en el bar. Hasta entonces había pensado que Hilario se proponía vacilar a los desconocidos y que al rato vendría contando que los había dejado llamando al timbre del piso vacío que hay en nuestro edificio. Todos sabemos que Hilario tiene un extraño sentido del humor. Pero de pronto Irene entra en el bar, habla con Toño y este le da un sobre. Al principio pensé que mi lamentable estado etílico me estaba jugando una mala pasada. Nunca había visto a Irene con gafas, pero sus largas piernas y su melena rubia eran demasiado inusuales como para poder disfrazarse con unas simples gafas de sol. No se si lo que más me asombró fue que hablase en castellano con Toño o que Toño me dijese que me quedase quieto cuando intenté levantarme para ir a saludar a mi extraña compañera de piso. Creo que es mejor que te tomes un café bien cargado, me dice mientras retira la cerveza que estaba a medio beber. La noche va a ser larga. Como Toño es la típica persona que siempre sabe de qué va la historia decido dejarle hacer y me voy al WC. La verdad es que no estaba preparado para ver lo que vi. Lo que vi al salir del WC, quiero decir, que lo mio ya estoy acostumbrado a verlo.

20 de junio de 2010

El sobre de Irene.

Un tono. Dos tonos. Un tono. Esta era la señal convenida. Sabía perfectamente que no tenía tiempo que perder. Rápidamente metí toda mi ropa en la mochila, guardé el sobre en el bolsillo interior de la cazadora de cuero y me puse las gafas para salir a la calle. Sabía perfectamente a dónde tenía que ir y por quien tenía que preguntar. Si en una hora no venían a recogerme tendría que huir y buscarme la vida sola. Lo que no esperaba era aquel encuentro. La verdad es que lamentaba un poco no haberle dicho una sola palabra en todas estas semanas, pero era mejor así. Cuanto menos supiese de mí sería mejor para él. El problema es que ahora estaba apoyado en la barra del bar y tarde o temprano se daría cuenta de mi presencia. Las instrucciones eran claras y precisas. Simplemente debía decir que venía de parte de Raquel a buscar un paquete. Al poco rato tenía delante de mí un gran sobre acolchado con un número de teléfono anotado a lápiz. Después de llamar decido pedir un café y sentarme en la mesa más cercana a la puerta. Él seguía allí, mirándome con una extraña expresión en la cara y comencé a pensar que no me había reconocido. Al fin y al cabo nunca había oído mi voz ni me había visto con gafas.
Llega el deshielo. Con el verano en el hemisferio norte se abren todas las rutas a través del Mar de Beaufort. Después de tantas semanas de soledad se agradece ver algún vestigio de vida humana. Tal vez algún navegante sin rumbo fijo, tal vez alguna viajera que ha oído rumores en algún puerto lejano y decide acercarse por pura curiosidad... Ignoro las razones por las que una persona se acerca a este solitario lugar, pero agradezco la visita y sólo espero que haya encontrado algo interesante y el viaje no haya sido en vano.

16 de junio de 2010

Camas deshechas.

Cuando Hilario entró en el bar los muchachos de Tijuana ya se habían bebido dos botellas de tequila, pero el que estaba borracho era yo. Debo aclarar que mi capacidad para articular palabras disminuye a medida que bebo cervezas. Con la tercera comienzan a resistirse las erres y las des, con la quinta la pronunciación en general se hace relajada y un poco ininteligible y al pasar de la media docena suelo repetir la misma frase un par de veces sin saber muy bien lo que quiero decir. Cuando Hilario entró en el bar estaba con la décima, por lo que nadie se enteró cuando le dije “Ostias, Hilario, que estos tipos preguntan por ti!” De hecho, hacia un buen rato que los mejicanos pasaban bastante de mí y discutían quien ganaría el Mundial. Afortunadamente, la capacidad de Toño para asimilar la ginebra era similar a la de los dos tipos para filtrar tequila, por lo que con la mayor naturalidad del mundo le preguntó a Hilario si conocía a algún Hilario, ya que nuestros dos acompañantes estaban buscando a uno. Parece ser que la noticia no sorprendió a nuestro amigo, que sin dudarlo dijo que el único Hilario que conocía era su nuevo vecino, y que si querían les acompañaba allí ahora mismo. Yo había comenzado a reírme ante lo absurdo de la situación, pero creo que buena parte de la borrachera se me esfumó cuando me di cuenta de que a dónde iban Hilario y los dos desconocidos era a mi casa. Pero en lugar de preocuparme por Irene o por las intenciones de nuestros acompañantes lo que realmente me puso nervioso fue que esa mañana no había hecho la cama. Tal vez era la borrachera, pero comencé a escuchar a mi madre diciendome que antes de salir de casa había que dejar la habitación recogida y los platos fregados.

28 de mayo de 2010

Chupitos de tequila.

Un par de tipos entran en el bar y se acomodan en la esquina de la barra. Yo estoy leyendo tranquilamente el MARCA, un poco aburrido ya del Mourinho y con ganas de que la Roja gane el mundial. Levanto la vista cuando el más alto de los dos le pregunta a Toño si conoce a un tal Hilario.
Si has leído lo anterior comprenderás que el Hilario nos resulta a veces tan incómodo como un grano en el culo, pero al fin y al cabo el grano y el culo es nuestro, y no estamos dispuestos a enseñárselo a cualquier desconocido que aparezca por el barrio. Supuse que el Toño le diría simplemente que no, que no conocía a ningún Hilario, pero olvidaba que eran las ocho de la tarde y que ya había empezado la fase gin-tonic.
Con total seriedad el Toño le pregunta si Hilario con hache o Hilario sin hache. Los tipos se miran perplejos y al unísono le dicen que con hache, que Hilario se escribe con hache pero el Toño les dice que eso será en su país (los dos tienen acento extranjero), que aquí se puede escribir con hache o sin hache, igual que Helena o Elena.
Suele ocurrir en los bares que de pronto surgen tendencias pedagógicas en los clientes por lo que el más bajo de los desconocidos explica que no es lo mismo, que hasta dónde él sabe Hilario sólo admite la forma con hache, que deriva del término latino Hilaris, que viene a ser sonrriente o alegre, y que desde siempre ha sido con hache. Toño lleva toda la vida detrás de una barra y sabe escuchar, pero sobre todo sabe callar por lo que cuando el desconocido ilustrado termina su disertación vuelve a llenar su vaso de ginebra con un poco de tónica, me pone una cerveza y nos ofrece tabaco a los tres.
Yo ya sé que me va a meter en la conversación y después de la primera calada me pregunta si mi tío-abuelo, el que murió en América, no se llamaba Hilario sin hache. Yo le digo que sí, que es verdad, que el tío Hilario escribía su nombre sin hache pero que como decía mi abuela, su hermano menor era vago incluso para escribir.
Mientras doy un trago a la cerveza uno de los hombres me pregunta que en qué país estuvo mi pariente. Toño comprende que hay que ponerles otra ronda a los curiosos mientras que yo les digo que mi tío-abuelo estuvo treinta años en su país. En México? Me responden. Efectivamente, les digo, mientras me pregunto qué demonios querrán dos mejicanos trajeados de Hilario.

27 de mayo de 2010

Los muchachos de la ONG.

Hasta hace unos meses en mi vida no había pasado nada extraordinario. El mismo barrio, los mismos amigos, el mismo trabajo y la misma ausencia de amores. Todo era normal hasta que llegó Hilario. Ahora salgo del trabajo pensando en qué sorpresa me encontraré al llegar a casa. Irene viendo el pasapalabra? El salón convertido en una sala de reuniones de una ONG? Hilario preparando la cena? Ayer, por ejemplo, me encontré con el suelo lleno de periódicos y los dos “ocupas” pintando las paredes. Supongo que es su manera de agradecer mi hospitalidad. De todos modos tanta novedad no va con mi carácter. Ahora que me estaba acostumbrado a navegar por la red e ir de blog en blog me encuentro con una falta total de intimidad. De hecho mi portátil y mi conexión a internet está siendo utilizada todas las noches por Irene para comunicarse con su familia, según me explicó Hilario. También me explicó que no se había acostado con ella y que la noche que la trajo a casa él durmió en el sofá y ella en su cama. Me cuesta creerlo, pero la verdad es que cuando yo estoy presente no se comportan como pareja ni mucho menos. Y son pocas las ocasiones en las que pueden estar solos pues es raro el día en el que no aparezca Raquel o alguno de los muchachos de la ONG. Y es que a veces tengo la impresión de que mi casa es un centro de acogida.

25 de mayo de 2010

Raquel e Irene.

Llego a casa y me encuentro en el salón a un montón de panolis intentando cambiar el mundo. Son de la ONG de Raquel y están tratando, entre otros, el tema de Irene. A mi me da bastante igual lo que hagan, y de un tiempo a esta parte incluso me he acostumbrado a la presencia de una rusa en mi casa, pero es que cuando están de reunión se ponen muy pesados con eso de la solidaridad. Desde que Hilario está metido en estas movidas hacen las reuniones en mi casa, y se traen folletos y revistas y algunos informes que ponen de manifiesto lo malas que son las multinacionales y lo corruptos que son los gobiernos. Son jóvenes e ingenuos, tienen cuatro ideas aprendidas y las defienden como si por el simple hecho de denunciar a los opresores y defender a los oprimidos fuese a cambiar las implacables leyes del mercado. Supongo que la mayoría son universitarios que no tienen que preocuparse por pagarse la matrícula ni los libros y pueden preocuparse por los derechos de los indígenas. Obviamente, Hilario no encaja en este grupo, pero cada vez estoy más convencido de que lo hace por Raquel y no por Irene. Según me contaron, Irene tuvo que huir de su país hace unos meses y se puso en contacto con la ONG para asesorarse sobre cómo podría regular su situación en nuestro país. Como no tiene papeles no puede trabajar y Hilario se ofreció a acogerla hasta que se resolviera su situación legal. Sinceramente, esta historia me parece muy poco creíble.

14 de mayo de 2010

Irene.

Yo no conozco a ninguna rusa, pero me da la impresión de que Irene no es rusa. Tiene unos preciosos ojos grises y es rubia, alta y de piel blanca pero no me parece rusa. Cuando le pregunto de dónde es se echa a reír, sobre todo si le digo con mi inglés de EGB “Wer doyu confron”. Supongo que si es rusa no tiene porqué saber inglés, y es posible que mi pronunciación no facilite las cosas. Pero casi estoy seguro de que Irene no es rusa. Tampoco parece una persona recién llegada a nuestro país ya que tiene ciertas preferencias que demuestran un conocimiento que no se adquiere en un par de días. De este modo prefiere ver el telediario de Antena 3 y por las tardes, a eso de las ocho, pone el pasapalabra. Y digo yo que si fuese rusa y recién llegada un concurso en el que hay que demostrar un gran conocimiento del españo le sonaría a chino. Por eso tengo la sensación de que Irene entiende perfectamente lo que decimos y que tiene una gran capacidad para el disimulo. Lo que ya no tengo tan claro es cuanto tiempo va a seguir viviendo con nosotros. No es que me moleste, al fin y al cabo yo también era bastante aficionado al pasapalabra, pero con ella en casa me resulta muy difícil decirle al Hilario que se largue de una vez. No es que me crea lo de la ONG, pero de algún modo tengo la impresión de que Irene necesita ayuda.

11 de mayo de 2010

Raquel.

Todos conocemos la capacidad de Hilario para la inventiva por lo que nadie estaba dispuesto a creerlo cuando contó cómo conoció a Irene. De hecho fui yo el que confirmó la existencia de la muchacha ante la mirada incrédula de los habituales del bar de Toño. La noche anterior todos lo habíamos visto tontear con aquella morena y pensamos que sería una amiga que no quería presentarnos. Hilario tiene la costumbre de hacer que no te conoce cuando está en compañía de una mujer, pero lo primero que hace es saludarte efusivamente cuando está acompañado del típico borracho del que no consigue desprenderse. Y lo hace tan bien que cuando te quieres dar cuenta un tipo al que no conoces de nada insiste en invitarte a otra cerveza mientras te cuenta que el Hilario es buen muchacho y tú buscas con la mirada al Hilario y lo ves al otro lado del bar hablando con la camarera. Por eso e ninguno nos sorprendió que aquella noche ni siquiera nos pidiese tabaco. Al fin y al cabo, estaba acompañado de una morena que además de desconocida estaba muy buena. Estáis muy equivocados, nos dijo, yo no estaba tonteando. Raquel trabaja en una ONG dedicada a ayudar a los inmigrantes y me estaba explicando los detalles de un caso en el que decidí involucrarme. No como vosotros, que estáis todo el día en el bar sin mover un dedo por cambiar el mundo. Lógicamente, oír a Hilario hablar así provocó en nosotros una sonora carcajada, y la cosa fue a más cuando explicó que había aceptado acoger a una muchacha rusa mientras no se resolvía su situación legal en el país. Supongo que al final era mi cara de perplejidad la que provocaba las risas de todos. Tengo alojada en mi casa a una emigrante ilegal y yo sin saberlo!

23 de abril de 2010

La única manera de celebrar el Día del libro es leyendo un buen libro. Yo he leído algunos que me han parecido buenos, pero como tengo ciertos problemas de autoestima no estoy seguro de que mi criterio sea tan importante como para hacer una recomendación a nadie. Además en la lectura también inflúye el estado de ánimo, por lo que lo único que se ocurre es desearos que tengais un buen día del libro y muchas ganas de ler.

15 de abril de 2010

Planteémonos la vida como si todo comenzase hoy. Que el pasado simplemente sea algo anecdótico, una fuente de la que sacar ideas, experiencias y sobre todo buenos recuerdos. Utilicemos los malos tragos para reafirmarnos, para sentir que hemos superado los problemas que han surgido en el camino y que podremos afrontar los que puedan aparecer. Hagamos planes a largo plazo, pensemos en todo lo que nos queda por vivir y tengamos el ánimo suficiente para comenzar en este preciso momento, ahora. El ayer no existe y si han quedado secuelas del pasado enfoquémoslas como si fuesen algo tan inevitable como ese edificio que nos impide ver el mar. De nada sirve perder el tiempo buscando soluciones a lo que ya ha sucedido o imaginando que las cosas serían diferentes si hubiésemos hecho esto o aquello. Concentremos todo nuestro esfuerzo y nuestra ilusión en lo que ahora mismo está sucediendo. Y si descubrimos que hay algunas cosas ya iniciadas sintámonos personas afortunadas. Sólo tendremos que preocuparnos por terminarlas y buscar nuevos proyectos.
A veces es sencillo sentirse bien. Compartir un día campestre con personas queridas a orillas de un río. Conversación que surge espontánea, que va derivando hacia distintos temas sin que nadie se preocupe por lo que dice o por lo que prefiere callar pues la confianza que dan los años hace que no haya malentendidos, que todo sea más fácil de entender. Regresar cansado a casa y dormir de un tirón y al día siguiente tener la certeza de que en la memoria ya tenemos guardado un recuerdo hermoso al que podemos recurrir cuando las cosas no sean tan fáciles. Y descubrir que a veces basta con volver a esos recuerdos para sentirnos bien, para tener la agradable sensación de que en nuestra vida no todo es rutina y trabajo. Para descubrir que lo realmente importante es aquello que hacemos cuando simplemente dejamos pasar las horas sintiéndonos en compañía.

8 de abril de 2010

Botas en el suelo

No recordaba que Hilario vivía en mi casa hasta que a las siete de la mañana tropecé con las botas que había dejado en el pasillo. Desde la noche de las presencias deja su calzado fuera de su habitación, para que no se enrarezca el aire, me dijo, pero no se le ocurre comprar unas plantillas ni cambiar los calcetines de vez en cuando. Al entrar en el cuarto de baño estaba comenzando a sentirme molesto, pero de pronto me sorprendí al descubrir en el suelo una blusa y una minifalda negra que obviamente no eran mías ni de Hilario. El muy perro se había traído a casa a la morena con la que estaba tonteando en el bar, cuando yo me vine para casa y él se quedó porque yo trabajo y el vive de gorrón en mi piso sin dar palo. Como venganza decido ponerme a cantar en la ducha pero de pronto se acaba el agua caliente y decido callarme. Comprendí entonces esa expresión que dice que la venganza se sirve en plato frío. Me paso toda la mañana pensando en todo lo que le voy a decir a Hilario para que se largue de una vez, pero al llegar a casa me quedo mudo cuando Hilario me pregunta si me importa que Irene se quede unos días en “nuestro piso”. Me explica que es rusa y que está en una situación complicada, pero que en unas semanas todo se resolverá y se irá. Supongo que confundió mi cara de perplejidad con un asentimiento y sin más dijo que tenía que salir y que no me molestara en hacerle nada de comer, que ya se tomaría un bocata en el bar de Toño.

7 de abril de 2010

Otro mes en Mar de Beaufort. No está mal para un principiante, o eso creo yo. Cierto que no recibo demasiadas visitas pero eso puede ser normal teniendo en cuenta que nadie que yo conozca conoce la existencia de este sitio. Podría ser un problema que Hilario se enterase de que incluso tiene un apartado propio. Me sorprende a veces el desparpajo con el que otros hablan de sus vidas y de sus conocidos en otros desiertos que a veces visito. Son lugares anónimos para mí, pero seguramente siempre hay alguien que nos conoce, que sabe quien somos y de quien hablamos. Como se suele decir, al final todo se sabe.

31 de marzo de 2010

Fantasmas

A las dos de la madrugada Hilario se presenta en mi habitación diciéndome que sentía una presencia, que estaba escuchando la radio cuando sintió una extraña sensación de frío y tuvo la certeza de que lo estaban observando. Debo decir que Hilario lleva tres días viviendo en mi casa porque su novia lo echó del piso. Y yo llevo tres noches sin dormir porque no estoy acostumbrado a esos espantosos ronquidos al otro lado del tabique. Mi desgracia es tener una habitación libre y vivir sólo. O esa comenzó a ser mi desgracia cuando dejé de vivir sólo y de tener una habitación libre. Lo primero que le digo es que la única presencia extraña que hay en casa es la suya, y que si tiene frío que ponga una manta más en la cama, pero ante su insistencia lo acompaño a la habitación y aparte del nauseabundo olor a pies que desprenden sus botas no percibo ningún fenómeno paranormal. Le digo que ha visto demasiadas películas y que probablemente ha tenido una pesadilla. Le indico en qué armario están las mantas y me vuelvo a mi habitación. Pero nada más meterme en cama comienzo a notar un frío extraño en la espalda y al intentar taparme un poco más escucho un susurro debajo de la cama y sin darme cuenta ya estaba en la habitación de Hilario diciéndole que había algo extraño en mi habitación. Socarronamente me dice que probablemente la presencia aprovechó para irse a mi habitación, que sin duda es más calentita que la suya y yo le hago notar que lo más probable es que el cambio sea debido a sus botas, y no al frío. Me interrogó con la mirada y comencé a comprender a su ex-novia. Y aunque no soy demasiado aprensivo debo decir que esta noche dormí en el sofá.

29 de marzo de 2010

Apaguemos la luz.

Estábamos en el bar y decidimos apagar la luz. Como el tabernero es de confianza y los clientes éramos los de siempre comenzamos a hablar del tema y decidimos por unanimidad unirnos a la campaña esa por el planeta. Bien, todos estuvimos de acuerdo menos Hilario, claro. Comenzó a decir que eso era una tontería y además un local público no podía apagar las luces mientras estuviese abierto. Pero como el bar es de Toño dijo que apagaba y apagó. Iniciamos así una de esas discusiones en las que comenzamos a mezclar temas y al final salen a relucir casos particulares que tendemos a considerar generalidades. Razonaba Hilario el que paga tiene derecho a consumir lo que le dé la gana, que estaba cansado de que el gobierno le diga lo que tiene que hacer, que ahorre agua, que recicle, que use bombillas de bajo consumo. Comentaba convencido que él regaba su jardincillo dejando la manguera en el suelo durante un par de horas y que ni se le ocurría separar la basura de su casa, que para algo paga un impuesto por la recogida. Para Hilario la vida en sociedad es como un mercado en el que lo importante es lo que puedas consumir y de nada sirvió intentar convencerle de que a veces nos creamos necesidades inexistentes para permitirnos caprichos que no aportan nada a nuestro bienestar. Replicó que él con su dinero hacía lo que le daba la gana, que nadie le iba a decir en que gastarlo y que iba a permitirse los caprichos que quisiera mientras pudiera pagarlo. Y como Hilario es uno de esos tipos que se crecen cuando tienen a todo el mundo en contra decidimos ser inteligentes y zanjamos la cuestión diciéndole que si todo se reducía a pagar, que pagara una ronda para todos.

11 de marzo de 2010

Hay días en los que me siento querido. Después de tres meses Mar de Beaufort continúa siendo un auténtico desierto helado, pero los días han crecido y unos días azules y luminosos nos indican que la primavera ya está aquí. Y en esta realidad de las tres uves dobles quiero dejar constancia de que ahí fuera hay vida. Son pequeños detalles, una palabra que sale sin pensar y que por eso sale del corazón, un acto espontáneo para el que no hace falta reflexionar. Sinceramente, son esas pequeñas cosas las que nos hacen sentirnos queridos, parte de algo que a veces creemos que no va con nosotros pero al final es lo que nos hace sentirnos parte de un todo y con ganas de formar parte de la vida de los demás. Y hoy me siento así, como una parte importantísima en la vida de otros. Un viejo amigo me llamó “amigo” y me hizo saber que le alegraba escucharme. Dos compañeros de mi antiguo trabajo deciden ponerse de acuerdo para hacerme un pequeño regalo y celebrar los agradables cambios que mi vida está dando. Son pequeñas cosas pero de algún modo hacen que sienta que estoy presente en la vida de los demás, que la gente me quiere y que me otorga una importancia que a veces no creo merecer. Vivimos a demasiada velocidad, enredados en la rutina diaria del trabajo, los atascos y los conflictos inevitables de la vida urbana. Y a veces no nos damos cuenta de las pequeñas maravillas que una palabra o un gesto pueden ocultar. Si, querido internauta, esto de internet está muy bien y me alegro de que compartas conmigo este periplo, pero no te olvides de los pequeños detalles con las personas a las que quieres.

4 de marzo de 2010

Tengo serios problemas para escribir una frase si no tengo claro lo que voy a escribir en la siguiente y por eso suele suceder que después de múltiples intentos decido no comenzar para no tener que enfrentarme a la continuación pero como hoy me siento inspirado me pongo a trampear y aquí me tenéis, decidido a contar todo lo que tenga que contar sin interrumpir el discurso con ese maldito punto y seguido que tanto me atormenta; sin perder el tiempo decidiendo si hablaré de los fríos polares o de la absurda situación a la que hemos llegado después de tantos años convencidos de que el mundo era así, que no admitía demasiados cambios y que por mucho que te esfuerces no eres más que una pequeña pieza que no puede cambiar nada; sin reflexionar demasiado sobre el devenir de estas palabras ya que al fin y al cabo de lo que se trata es de escribir, para eso hemos venido aquí y por eso tengo el firme propósito de llegar al final de este comentario al que llaman post sin haber dicho ni una sola palabra sobre lo que realmente me interesa, aunque no descarto volver a intentarlo a lo largo de la mañana.

3 de marzo de 2010

Queremos mucho más de lo que necesitamos. Buscamos más de lo que queremos. No lo digo yo, lo dicen los clásicos y al final resulta que encontramos lo que no necesitamos y obtenemos lo que no queremos. Y como nos sentimos vacios volvemos a querer aquello que no nos hace falta y a buscar lo nuevo pensando que la clave está en todo lo que no tenemos. Vueltas y más vueltas. Así es como transcurre la vida de la mayoría de nosotros. Pero hay pequeños detalles que nos van llenando aunque no nos demos cuenta, hay tardes que parecen carecer de transcendencia, pero al día siguiente te sientes alegre y con fuerza y a poco que te esfuerces descubres que simplemente la presencia de la gente que queremos puede hacer que los momentos sin importancia se conviertan en esa energía que necesitamos para ir llenando nuestra vida.

24 de febrero de 2010

Historias de Hilario

Hilario nunca tuvo demasiados problemas de conciencia. Tan pronto dice esto como hace lo otro, y aunque todos lo conocemos y a ninguno nos resulta grata su absurda conversación lo soportamos como se soporta llevar un paraguas en un día de lluvia. Al fin y al cabo es vecino y está en el grupo desde el principio. Y su presencia es inevitable pues la vida en un pueblo pequeño es lo que tiene, todos acabamos en los mismos bares y en los mismos actos sociales. Es cierto que a veces alguno de nosotros se ofende con sus comentarios y la velada acaba en discusión, pero al día siguiente ya está todo olvidado. Podríamos optar por el ostracismo, pero en nuestra tribu no se estilan esas maneras. Por eso todos escuchamos atentamente la historia sobre el tabaco que nos contó ayer. Conviene aclarar que Hilario es uno de esos fumadores ocasionales que nunca compran tabaco diciendo que no quieren coger el vicio pero en cuanto ven una cajetilla encima de una mesa no pueden resistir la tentación y antes de que te des cuenta te está pidiendo fuego. Es posible que comenzara a hablarnos de la nueva ley antitabaco para que a alguno nos entrara ganas de fumar y poder así gorronearnos un cigarro. Con Hilario todo es posible. Lo cierto es que comenzó a hablarnos de una noticia ocurrida hace años en algún lugar de Estados Unidos. Nos dijo que en un pueblo comenzaron a aparecer personas asesinadas con extrañas heridas en la garganta. La policía pensaba en un principio que se trataba de algún tipo de ritual ya que a las víctimas les arrancaban la lengua y partes de la mandíbula, pero las autopsias demostraron que en realidad se trataba de una putrefacción que literalmente hacía desaparecer los tejidos blandos. Después de investigar a cada una de las víctimas lo único en común que se encontró entre ellas era que todos eran fumadores empedernidos de la misma marca de tabaco. Como dos o tres de nosotros ya teníamos un cigarro en la boca comenzamos a argumentar que eso era una leyenda urbana, que si esto fuera así las autoridades sanitarias ya lo habrían utilizado para una campaña antitabaco, pero Hilario nos contó que en realidad lo que había ocurrido es que en uno de los lotes de tabaco que había llegado a aquel pueblo había una especie de cucaracha en forma de larva que conseguía sobrevivir al proceso de quemado y se alojaba en los pulmones del fumador. Que tardaba un par de días en desarrollarse y que después salía del cuerpo comiéndose al huésped. Todos estallamos en una sonora carcajada, pero al poco todos habíamos apagado nuestro cigarro. Todos menos Hilario, claro, que seguía riendo mientras tarareaba la musiquilla de Expediente X.

22 de febrero de 2010

Pensamos que la evolución de las sociedades sólo puede ir por un camino, que las naciones y los estados deben avanzar hacia un modelo económico y social que coincide con lo que llamamos democracia. Y no digo que no sea el menos malo de los sistemas conocidos, pero puede resultar que lo que nos espere sea lo desconocido. Los usos y costumbres cambian, la tecnología avanza cada día y provoca que aparezcan nuevas formas de relacionarnos, nuevas necesidades y nuevas metas que alcanzar. Es por eso que a medida que lo humano va cambiando es posible que también vaya cambiando nuestra forma de pensar, de sentir y de etiquetar lo que nos rodea. Quién sabe, es posible que pronto descubramos que ya no queremos lo mismo que querían nuestros abuelos, o incluso nuestros padres y que el mundo que deseamos sea simplemente un mundo nuevo, un mundo diferente.

18 de febrero de 2010

Regreso a estas soledades después de mi periplo administrativo. Inicio trámites para modificar mi situación civil. Llegan tiempos nuevos y conviene tener papeles que certifiquen que estoy unido a una persona y que formamos una familia. Y digo familia porque pareja ya éramos, y dentro de unos meses seremos tres, y eso lo cambia todo. Por eso me alegro de volver a recorrer este silencio, de volver a escuchar los fríos hielos. Sinécdoque, le llamaban. Creo ver marcas de otros viajeros e inevitablemente tengo la sensación de que son una señal, un rumbo que debo seguir. Y sin embargo no puedo evitar pensar que no, que este no es mi sitio, que ha sido totalmente estúpido por mi parte venirme tan lejos para hablar de nada, para no contar nada. Se que otros escribirían simplemente que han ido al registro civil para solicitar los papeles para casarse, que llevan años viviendo con su pareja pero como ahora van a ser padres prefieren casarse para facilitar infinidad de trámites administrativos. Se perfectamente lo que es un Diario (llevo desde el año 88 escribiendo uno) y también se que no me sería difícil llenar un par de páginas cada día. Pero para qué? O para quién? En fin, volvemos al comienzo. Vuelvo a estar aquí solo ante un monitor, pero ahora se que voy dejando pequeñas señales para que tú las leas.
Llegamos al Registro Civil y explicamos que necesitamos copia literal de la partida de nacimiento para matrimonio civil. La funcionaria nos pide el documento nacional de identidad y al ver que en lugar de nacimiento figura, respectivamente, Oleiros y Ortigueira nos devuelve el DNI diciendo de una manera simpática que tenemos que ir a los registros civiles de los ayuntamientos en los que nacimos. Con cara de perplejidad le explicamos que realmente nacimos en Coruña, aunque en el documento figura otra localidad. Dice que eso no puede ser, pero decide comprobarlo en su ordenador y nos dice que efectivamente, que figuramos inscritos en ese registro y que por lo tanto los datos que figuran en el DNI están mal. Un escalofrío nos recorrió la espalda, recordamos que estábamos tratando con empleados públicos y tuvimos la certeza de que iba a decir que no podía hacer nada, que tendríamos que volver cuando corrigiésemos los defectos de nuestro documento de identidad. Obviamente, para hacer esa modificación tendríamos que acudir a ese mismo registro para que nos certificasen el lugar en el que habíamos nacido. Si, amigos, casi entramos un unos de esos bucles administrativos en los que los ciudadanos entramos de vez en cuando. Finalmente tuvimos suerte, la funcionaria se limitó a decirnos que tendríamos que corregir los defectos del documento y nos imprimió el certificado que necesitábamos.
Cuento todo esto porque hay personas que tienen una capacidad especial para complicar las cosas. Lo más fácil en este caso habría sido comprobar antes si figurábamos o no en ese registro en lugar de afirmar que tendríamos que ir a otro lugar a solicitar el certificado. Suelen ser personas que tienen la costumbre de tomar decisiones que no les competen y tener sus competencias sin atender. Es el síndrome del funcionario raso, que a veces cree que su obligación es solicitar documentos o aclaraciones de los ciudadanos cuando su única ocupación es tramitar los expedientes siguiendo órdenes de los superiores. Y sueles ser estos los que acaban complicándole la vida a los ciudadanos.
Tarde de paseo, tarde de disfraces. Unos desfilando, pasándoselo bien, caminando por el centro de la calle mientras otros permanecemos en las aceras, mirando, acostumbrados a observar en lugar de participar. La incongruencia de las ciudades actuales es que son los consistorios los que tienen que organizar actividades para que los ciudadanos participen y ocupen las calles. Sienten que una de sus obligaciones es mantenernos distraídos, sacarnos a la calle para entretener o para ser entretenidos. ¿Qué otra cosa son los desfiles de carnaval? Acaso no son nuestros vecinos los que se disfrazan, los que van con una comparsa o incluso ellos solos para mayor deleite de sus conciudadanos. Si, era la vecina del tercero la que iba vestida de cigüeña y era el del bar de enfrente el que iba de Bob Esponja. Y todo perfectamente organizado por el Concejal de turno, por el responsable del ocio de los ciudadanos. Y es que ese es el problema del mundo moderno. Necesitamos que nos organicen un poco la vida para tener algo que hacer el domingo o un día festivo que coincida entre semana. O eso o ir a la aldea...

4 de febrero de 2010

Yo no estoy en facebook. Puede resultar extraño que me decida a crear esta página y no me decida a entrar en ese foro en el que todo el mundo parece estar. Hace unos días un buen amigo me dijo que el futuro estaba aquí y que había un lugar para mí. Eso me decidió a abrir mi pequeño sitio, a darme a conocer aunque no tengo muy claro cómo se hacen estas cosas. Pero claro, escribir aquí resulta fácil. Lo que realmente me parece complicado es estar en una red social y comunicarme con tanta gente que realmente no conozco. Estos días voy de un lado para otro, intento tomar notas sobre cómo se hacen estas cosas y tengo la impresión de que todo el mundo se conoce. A veces voy de una página a otra porque alguien deja en un comentario un enlace a otra página en la que de pronto aparezco, y siento curiosidad al ver que aparecen los blogs que sigue, pincho y me traslado de pronto a una temática totalmente distinta, pero a su vez tiene seguidores, y tiene seguidos y páginas preferidas...
La verdad es que me siento sobrepasado, y tal vez por eso no me decido a meterme en facebook, aunque tengo la impresión de que voy llegando tarde a los sitios y es probable que cuando me decida haya aparecido otra forma de comunicación y tendré que volver a ponerme al día.
Mientras tanto seguiré navegando por este Mar de Beaufort.

3 de febrero de 2010

Hay personas que necesitan convencerte de sus bondades. Te dicen que no les gusta hablar mal de nadie, pero que tengas cuidado con este o con el otro. Te halagan diciéndote que tú eres como ellos, y no como los otros, y acaban utilizando el nosotros para incluirte en un grupo en el que tú no quieres estar. Cuando trabajaba tenía que oír muchas veces el mismo discurso. Gente que no me conocía de nada comenzaba diciéndome que se notaba que yo no era como los demás para a continuación poner verde a cualquier compañero. Siempre terminaban diciendo que ellos no eran así, que es una forma de decir que son mejores que los demás y que lógicamente, como yo tampoco era como los demás pues era como ellos. Nunca me han gustado las tribus y sin embargo reconozco que a veces es mejor no aclarar las cosas. Dejar que cada cual te encasille donde le parezca y tú tener claro cuál es tú lugar. Al fin y al cabo, nunca conseguirás que te mantengan al margen pues incluso cuando te ignoran no hacen más que reafirmarse como miembros de un grupo en el que no eres admitido.
Pero hablaba sobre los que intentan convencerte de lo buena gente que son a fuerza de halagos. A veces te hacen sentir un poco ingenuo pues casi todo el mundo tiene una opinión sobre las cosas y sobre las personas que nos rodean. Puedes estar equivocado, es cierto, pero siempre que una persona insiste en convencerme de sus bondades comienzo a sospechar e intento mantener cierta distancia para poder formarme una idea propia. Por experiencia puedo afirmar que aquellos que están continuamente “vendiendo” sus bondades intentan, más que nada, ocultar sus defectos. Y siempre me ha gustado la gente íntegra y completa. Con sus virtudes y con sus pequeños defectos.
Un auténtico desastre. Incluso peor de lo esperable. Es cierto que no le dediqué el tiempo suficiente y que no estudié de un modo eficaz, pero la verdad es que no esperaba hacer el ridículo. Casi me dio vergüenza el pobre resultado obtenido. Sin duda estoy perdiendo facultades en esto de estudiar, o de presentarme a exámenes. Nunca he sido una de esas personas que son capaces de sentarse y obtener el máximo rendimiento del tiempo dedicado al estudio. Lo mío era cuestión de sacrificio y de constancia, pero la verdad es que este último examen me ha convencido de que debo cambiar el método. O cambiar de obsesiones. En fin, debo comenzar a pensar en una escala cualitativa, en lugar de utilizar un baremo cuantitativo. A partir de ahora debo conseguir que las pocas horas que le dedique al estudio sean de calidad en lugar de pasar las tardes delante de un temario que parece enemistado conmigo.

29 de enero de 2010

Comienzo a pensar en lo que haré a partir de mañana. Siempre ocurre los mismo cuando tengo un examen. Quiero que pase pronto y me dedico a planificar cómo será el después. A veces incluso hago una lista de actividades, lecturas, visitas en lugar de dar el último repaso.
Hoy, por ejemplo, me dedico a ver fotos de los protagonista de aquella serie de los ochenta que se llamaba "V". Supongo que recordais, la de los lagartos. LLevó ya varios días enganchado, incluso creo que me estoy obsesionando! En realidad de lo que se trata es de no centrarme en el estudio.
También intento convencerme de que el examen de mañana no es tan importante. De que lo realmente importante es tener trabajo, estar bien de salud, estar rodeado de personas que nos quieren ... en fin, todo eso que utilizamos como consuelo cuando no estamos seguros de obtener lo que queremos.
Quien sabe, incluso es posible que la creación de este espacio sea una manera de no estudiar. En realidad ya no estoy en edad, pero aún así sigo y sigo iniciando estudios que tal vez no me aporten nada.
Pase lo que pase, la vida seguirá a partir de mañana.

26 de enero de 2010

Ocurre a veces que me veo a mí mismo en los demás. Un grupo de amigos en un bar, universitarios estudiando en la biblioteca, jóvenes que todavía creen que cambiarán el mundo por no querer parecerse a sus padres. A poco que me fije identifico a mis propios amigos en otros rostros (a veces incluso hay similitudes físicas) y cada vez me sorprendo menos al comprender que todo son roles. Van cambiando los actores, pero las relaciones permanecen. En todo grupo hay un líder, un gracioso, un tímido, un incomprendido. Eso lo veo ahora, claro. Pensamos que somos únicos, que somos originales y que nuestros amigos son auténticos, que no existen otros como ellos. Después vamos tropezando con personas que nos recuerdan a tal cual conocido, y en alguna conversación nos cuentan historias que son idénticas a nuestras propias historias. Es por eso que a veces veo reflejado en otros el joven que yo fui y tengo la impresión de que las historias se repiten. Tal vez cambien las formas, las modas y los contextos, pero creo que en el fondo las relaciones dentro de los grupos permanecen más o menos igual. Tal vez aquellos pitufos de nuestra infancia eran algo más que unos tipos azules que cantaban. No tenían nombre propio sino que se caracterizaban por el rol que desempeñaban dentro del grupo.

24 de enero de 2010

Soy una de esas personas que se dedica a leer libros. Bien, no es que mi ocupación principal sea leer, pero siempre tengo que tener una novela o un ensayo comenzado. Hubo una época en la que leía un libro en cada lengua (soy bilingüe de nacimiento) y una obra de ensayo. Ahora me conformo con leer un sólo libro cada vez, y hasta que lo acabo no comienzo otro. Antes también tenía cierto criterio a la hora de escoger. Ahora ya todo me parece igual y escojo los libros que leo un poco al azar.
Lógicamente, las razones son lo que me parece interesante. No sé cuál será la vuestra, pero yo suelo leer con la excusa de que busco aprender a escribir, que busco las técnicas literarias que me sirvan para terminar alguna vez esas novelas que suelo comenzar de vez en cuando. Y digo que esta es una excusa porque últimamente he comprendido que si leo es para sentir que estoy haciendo algo útil. Hay algo en mi sistema de valores que me impide perder el tiempo viendo la televisión, por ejemplo, o escuchar música sin hacer nada más. Por eso creo que me dedico a leer, porque me permite hacer algo que me resulta placentero y que a la vez no etiqueto como pérdida de tiempo.
También hay otro aspecto que me parece importante. Hay libros que al terminarlos me parece que no aportan nada, que yo soy capaz de hacerlo incluso mejor. Pero en lugar de ponerme manos a la obra lo que hago es comenzar otro libro, y otro y después otro. Tal vez he venido hasta aquí para forzarme a escribir, para ir escribiendo las sensaciones de alguien que quiere escribir y no puede.

21 de enero de 2010

Para mi desgracia piso una caca de perro. Y lo peor no es eso, lo peor es que me entero cuando subo las escaleras de la biblioteca pública. Decido seguir el rastro que he ido dejando, salgo a la calle y en el jardín intento limpiarme la bota con el césped recién segado. Ya sabéis, adelante y atrás, de un lado y de otro lado. De pronto oigo ladridos a mi espalda y cuando me vuelvo veo a un perro (lógicamente, lo extraño sería ver a una vaca que ladre). El perro en cuestión es de una de esas marcas pequeñas pero ruidosas, famosos por tirarse a tus pies cuando vas en bicicleta o por ladrarte siempre a cinco metros de distancia. El caso es que al verlo no pude evitar susurrar que era lo que me faltaba, que un chucho me ladrará por intentar limpiar mi bota de los restos que un congénere suyo había olvidado en la acera. Obviamente, debí de ponerle cara de pocos amigos, o de malas pulgas para adaptarnos al medio, y su enfado fue en aumento. Pero lo peor no fue esto. Lo peor fue que el can estaba sacando de paseo a una señora que ni corta ni perezosa comenzó a gritarle “Cuidado, Pin, cuidado, que te va a morder!” Sorprendido miré para aquella señora para decirle que no, que en realidad lo que me pedía el cuerpo era morder al cerdo/a que sacó al animal para que hiciese sus necesidades en la acera. Pero un vistazo sirvió para comprender que sería inútil. Hay gente que prefiere justificar las molestias que causan sus perros antes que comprender el malestar que provocan en el resto de los humanos.

20 de enero de 2010

Recuerdo cuando estudiaba. Tardes enteras en una biblioteca pensando en todo lo que haría cuando terminara los exámenes. A veces incluso hacía una lista con los libros que tenía que leer, con las historias que debía contar, con los lugares que tendría que visitar. A veces llovía y ni corto ni perezoso comenzaba a escribir, diciéndome que solamente era un pequeño esbozo para después recordar esa idea tan importante que no podía dejas pasar. Nunca retomé esas ideas, ni siquiera me propuse buscar nunca aquellos papeles que iban quedando entre los apuntes. Si, como he leído en algún sitio, soy un escritor que no escribe. Una de esas personas que va posponiendo el momento hasta que un día descubre que no tiene nada que contar, o que lo que quisiera contar no merece la pena pues ya está dicho en algún lugar.
En mis periplos por el Mar de Beaufort descubro que hay miles de navegantes en mi misma situación. Escritores frustrados, poetas sin auditorio, amantes de la lectura que se lanzan a escribir pensando que somos buenos en lo que más nos gusta hacer. Y no es verdad. No es verdad que seamos capaces de hacerlo. Cuando después de leer un libro mediocre pensamos que nosotros lo haríamos mejor. No es cierto aquello que dicen de que el oficio del escritor consiste en trabajo y más trabajo. No. Hay algo que se me escapa y que he venido a entender en la soledad de este invierno. Escribiré y reescribiré, daré vueltas y más vueltas sobre la misma idea. Tal vez al final haya algo que te interese, una idea, una imagen, tal vez un párrafo que merezca la pena y puedas decir que ha valido la pena el tiempo empleado en la lectura.

19 de enero de 2010

Todas la ideas nos parecen buenas durante una noche de insomnio. Bien, todas las ideas literarias nos parecen buenas. La vida en general suele parecernos más difícil de lo que es, solemos dar vueltas y más vueltas a algún problema que nos preocupa y que durante el día, con las distracciones y el ritmo vital apenas llega a parecernos problema. Suele ocurrir también que comencemos pensando en una cosa y casi sin darnos cuenta nos encontramos girando en una especie de montaña rusa mental. Aparecen viejos recuerdos, alguna palabra que debimos silenciar y no hicimos o algo que nos quedó por recordarle a aquel cretino que aguantamos tanto tiempo. Y al final lo que era simple dificultad para conciliar el sueño se convierte en un auténtico repaso de pequeñas infamias o de arrepentimientos.
Cuando me sucede a mí decido pensar en historias, en posibles relatos para contar o simplemente me dedico a darle más vueltas a las que ya tengo en la cabeza. A veces incluso me levanto y escribo en un folio las ideas principales. Al principio era tan escueto que al despertarme por la mañana no tenía ni idea de lo que querían decir esas cuatro palabras anotadas en una cuartilla. Ahora no solo anoto la idea en cuestión, sino que incluso indico el tipo de narrador, el tiempo, la persona que narra y alguna pequeña sorpresa para el lector.
Absurdo. Al levantarme la idea ya no me parece tan buena, el narrador no acaba de saber qué debe narrar y la sorpresa resulta ser una auténtica obviedad. Es lo que tienen las noches, que todo lo magnifican. Lo bueno parece demasiado bueno y lo malo parece una auténtica tragedia.

16 de enero de 2010


Apenas he llegado y ya echo de menos mis cuadernos, mis pequeñas anotaciones en papeles o servilletas de cafeterías, la absurda costumbre de comenzar relatos que van quedando amontonados en los bolsillos de las cazadoras, en los libros que a veces leo o en cualquier rincón de mi casa.
Si, en Mar de Beaufort me siento una persona de otra época. Hasta ahora mis pensamientos quedaban plasmados en la página en blanco de un modo lento, con una caligrafía fea, a veces ilegible incluso para mi. Pero era algo propio y característico, original si me permitís. Mi letra es mía, durante años ha ido cambiando conmigo. Tengo viejos cuadernos que lo atestiguan. Es cierto que hay cosas que no recuerdo haberlas pensado, y mucho menos haberlas escrito, pero esa escritura única me delata. Fui yo.
Pero en este mar todo es diferente. Veo mis pensamientos en una pantalla y se que no son palabras sino simple combinación de unos y ceros. Información y nada más. Y tú, que navegas ahora en el Mar de Beaufort, estás leyendo una parte de mi, accedes a un cuaderno que antes era íntimo y personal, y sin embargo desconoces todo lo demás, lo ignoras todo sobre mi. Aquí, en los hielos perpetuos, sólo hay lugar para la palabra y su significado. Todas las connotaciones, recuerdos o sentimientos que ahora te asalten los pones tú pues como bien puedes suponer, Mar de Beaufort es un vacío blanco y nocturno la mayor parte del año.

8 de enero de 2010

Con la sensación de estar solo ante un monitor.

Con la sensación de estar solo ante un monitor, en una vasta soledad en la que vamos de un lado para otro, comentando una noticia o un video, felicitando a unos y criticando a otros, curioseando sin más objetivo que pasar el rato.
Con la certeza de que apenas hay nada nuevo que contar, de que todo cuanto pueda escribir aquí carecerá de originalidad, de calidad, de sentido incluso.
Con la incertidumbre sobre si en algún momento alguien llegará a las costas del Mar de Beaufort.
Así me siento en este momento, en este inusual día de enero en el que la nieve invade las aceras y las viejas piedras de esta ciudad.