29 de enero de 2010

Comienzo a pensar en lo que haré a partir de mañana. Siempre ocurre los mismo cuando tengo un examen. Quiero que pase pronto y me dedico a planificar cómo será el después. A veces incluso hago una lista de actividades, lecturas, visitas en lugar de dar el último repaso.
Hoy, por ejemplo, me dedico a ver fotos de los protagonista de aquella serie de los ochenta que se llamaba "V". Supongo que recordais, la de los lagartos. LLevó ya varios días enganchado, incluso creo que me estoy obsesionando! En realidad de lo que se trata es de no centrarme en el estudio.
También intento convencerme de que el examen de mañana no es tan importante. De que lo realmente importante es tener trabajo, estar bien de salud, estar rodeado de personas que nos quieren ... en fin, todo eso que utilizamos como consuelo cuando no estamos seguros de obtener lo que queremos.
Quien sabe, incluso es posible que la creación de este espacio sea una manera de no estudiar. En realidad ya no estoy en edad, pero aún así sigo y sigo iniciando estudios que tal vez no me aporten nada.
Pase lo que pase, la vida seguirá a partir de mañana.

26 de enero de 2010

Ocurre a veces que me veo a mí mismo en los demás. Un grupo de amigos en un bar, universitarios estudiando en la biblioteca, jóvenes que todavía creen que cambiarán el mundo por no querer parecerse a sus padres. A poco que me fije identifico a mis propios amigos en otros rostros (a veces incluso hay similitudes físicas) y cada vez me sorprendo menos al comprender que todo son roles. Van cambiando los actores, pero las relaciones permanecen. En todo grupo hay un líder, un gracioso, un tímido, un incomprendido. Eso lo veo ahora, claro. Pensamos que somos únicos, que somos originales y que nuestros amigos son auténticos, que no existen otros como ellos. Después vamos tropezando con personas que nos recuerdan a tal cual conocido, y en alguna conversación nos cuentan historias que son idénticas a nuestras propias historias. Es por eso que a veces veo reflejado en otros el joven que yo fui y tengo la impresión de que las historias se repiten. Tal vez cambien las formas, las modas y los contextos, pero creo que en el fondo las relaciones dentro de los grupos permanecen más o menos igual. Tal vez aquellos pitufos de nuestra infancia eran algo más que unos tipos azules que cantaban. No tenían nombre propio sino que se caracterizaban por el rol que desempeñaban dentro del grupo.

24 de enero de 2010

Soy una de esas personas que se dedica a leer libros. Bien, no es que mi ocupación principal sea leer, pero siempre tengo que tener una novela o un ensayo comenzado. Hubo una época en la que leía un libro en cada lengua (soy bilingüe de nacimiento) y una obra de ensayo. Ahora me conformo con leer un sólo libro cada vez, y hasta que lo acabo no comienzo otro. Antes también tenía cierto criterio a la hora de escoger. Ahora ya todo me parece igual y escojo los libros que leo un poco al azar.
Lógicamente, las razones son lo que me parece interesante. No sé cuál será la vuestra, pero yo suelo leer con la excusa de que busco aprender a escribir, que busco las técnicas literarias que me sirvan para terminar alguna vez esas novelas que suelo comenzar de vez en cuando. Y digo que esta es una excusa porque últimamente he comprendido que si leo es para sentir que estoy haciendo algo útil. Hay algo en mi sistema de valores que me impide perder el tiempo viendo la televisión, por ejemplo, o escuchar música sin hacer nada más. Por eso creo que me dedico a leer, porque me permite hacer algo que me resulta placentero y que a la vez no etiqueto como pérdida de tiempo.
También hay otro aspecto que me parece importante. Hay libros que al terminarlos me parece que no aportan nada, que yo soy capaz de hacerlo incluso mejor. Pero en lugar de ponerme manos a la obra lo que hago es comenzar otro libro, y otro y después otro. Tal vez he venido hasta aquí para forzarme a escribir, para ir escribiendo las sensaciones de alguien que quiere escribir y no puede.

21 de enero de 2010

Para mi desgracia piso una caca de perro. Y lo peor no es eso, lo peor es que me entero cuando subo las escaleras de la biblioteca pública. Decido seguir el rastro que he ido dejando, salgo a la calle y en el jardín intento limpiarme la bota con el césped recién segado. Ya sabéis, adelante y atrás, de un lado y de otro lado. De pronto oigo ladridos a mi espalda y cuando me vuelvo veo a un perro (lógicamente, lo extraño sería ver a una vaca que ladre). El perro en cuestión es de una de esas marcas pequeñas pero ruidosas, famosos por tirarse a tus pies cuando vas en bicicleta o por ladrarte siempre a cinco metros de distancia. El caso es que al verlo no pude evitar susurrar que era lo que me faltaba, que un chucho me ladrará por intentar limpiar mi bota de los restos que un congénere suyo había olvidado en la acera. Obviamente, debí de ponerle cara de pocos amigos, o de malas pulgas para adaptarnos al medio, y su enfado fue en aumento. Pero lo peor no fue esto. Lo peor fue que el can estaba sacando de paseo a una señora que ni corta ni perezosa comenzó a gritarle “Cuidado, Pin, cuidado, que te va a morder!” Sorprendido miré para aquella señora para decirle que no, que en realidad lo que me pedía el cuerpo era morder al cerdo/a que sacó al animal para que hiciese sus necesidades en la acera. Pero un vistazo sirvió para comprender que sería inútil. Hay gente que prefiere justificar las molestias que causan sus perros antes que comprender el malestar que provocan en el resto de los humanos.

20 de enero de 2010

Recuerdo cuando estudiaba. Tardes enteras en una biblioteca pensando en todo lo que haría cuando terminara los exámenes. A veces incluso hacía una lista con los libros que tenía que leer, con las historias que debía contar, con los lugares que tendría que visitar. A veces llovía y ni corto ni perezoso comenzaba a escribir, diciéndome que solamente era un pequeño esbozo para después recordar esa idea tan importante que no podía dejas pasar. Nunca retomé esas ideas, ni siquiera me propuse buscar nunca aquellos papeles que iban quedando entre los apuntes. Si, como he leído en algún sitio, soy un escritor que no escribe. Una de esas personas que va posponiendo el momento hasta que un día descubre que no tiene nada que contar, o que lo que quisiera contar no merece la pena pues ya está dicho en algún lugar.
En mis periplos por el Mar de Beaufort descubro que hay miles de navegantes en mi misma situación. Escritores frustrados, poetas sin auditorio, amantes de la lectura que se lanzan a escribir pensando que somos buenos en lo que más nos gusta hacer. Y no es verdad. No es verdad que seamos capaces de hacerlo. Cuando después de leer un libro mediocre pensamos que nosotros lo haríamos mejor. No es cierto aquello que dicen de que el oficio del escritor consiste en trabajo y más trabajo. No. Hay algo que se me escapa y que he venido a entender en la soledad de este invierno. Escribiré y reescribiré, daré vueltas y más vueltas sobre la misma idea. Tal vez al final haya algo que te interese, una idea, una imagen, tal vez un párrafo que merezca la pena y puedas decir que ha valido la pena el tiempo empleado en la lectura.

19 de enero de 2010

Todas la ideas nos parecen buenas durante una noche de insomnio. Bien, todas las ideas literarias nos parecen buenas. La vida en general suele parecernos más difícil de lo que es, solemos dar vueltas y más vueltas a algún problema que nos preocupa y que durante el día, con las distracciones y el ritmo vital apenas llega a parecernos problema. Suele ocurrir también que comencemos pensando en una cosa y casi sin darnos cuenta nos encontramos girando en una especie de montaña rusa mental. Aparecen viejos recuerdos, alguna palabra que debimos silenciar y no hicimos o algo que nos quedó por recordarle a aquel cretino que aguantamos tanto tiempo. Y al final lo que era simple dificultad para conciliar el sueño se convierte en un auténtico repaso de pequeñas infamias o de arrepentimientos.
Cuando me sucede a mí decido pensar en historias, en posibles relatos para contar o simplemente me dedico a darle más vueltas a las que ya tengo en la cabeza. A veces incluso me levanto y escribo en un folio las ideas principales. Al principio era tan escueto que al despertarme por la mañana no tenía ni idea de lo que querían decir esas cuatro palabras anotadas en una cuartilla. Ahora no solo anoto la idea en cuestión, sino que incluso indico el tipo de narrador, el tiempo, la persona que narra y alguna pequeña sorpresa para el lector.
Absurdo. Al levantarme la idea ya no me parece tan buena, el narrador no acaba de saber qué debe narrar y la sorpresa resulta ser una auténtica obviedad. Es lo que tienen las noches, que todo lo magnifican. Lo bueno parece demasiado bueno y lo malo parece una auténtica tragedia.

16 de enero de 2010


Apenas he llegado y ya echo de menos mis cuadernos, mis pequeñas anotaciones en papeles o servilletas de cafeterías, la absurda costumbre de comenzar relatos que van quedando amontonados en los bolsillos de las cazadoras, en los libros que a veces leo o en cualquier rincón de mi casa.
Si, en Mar de Beaufort me siento una persona de otra época. Hasta ahora mis pensamientos quedaban plasmados en la página en blanco de un modo lento, con una caligrafía fea, a veces ilegible incluso para mi. Pero era algo propio y característico, original si me permitís. Mi letra es mía, durante años ha ido cambiando conmigo. Tengo viejos cuadernos que lo atestiguan. Es cierto que hay cosas que no recuerdo haberlas pensado, y mucho menos haberlas escrito, pero esa escritura única me delata. Fui yo.
Pero en este mar todo es diferente. Veo mis pensamientos en una pantalla y se que no son palabras sino simple combinación de unos y ceros. Información y nada más. Y tú, que navegas ahora en el Mar de Beaufort, estás leyendo una parte de mi, accedes a un cuaderno que antes era íntimo y personal, y sin embargo desconoces todo lo demás, lo ignoras todo sobre mi. Aquí, en los hielos perpetuos, sólo hay lugar para la palabra y su significado. Todas las connotaciones, recuerdos o sentimientos que ahora te asalten los pones tú pues como bien puedes suponer, Mar de Beaufort es un vacío blanco y nocturno la mayor parte del año.

8 de enero de 2010

Con la sensación de estar solo ante un monitor.

Con la sensación de estar solo ante un monitor, en una vasta soledad en la que vamos de un lado para otro, comentando una noticia o un video, felicitando a unos y criticando a otros, curioseando sin más objetivo que pasar el rato.
Con la certeza de que apenas hay nada nuevo que contar, de que todo cuanto pueda escribir aquí carecerá de originalidad, de calidad, de sentido incluso.
Con la incertidumbre sobre si en algún momento alguien llegará a las costas del Mar de Beaufort.
Así me siento en este momento, en este inusual día de enero en el que la nieve invade las aceras y las viejas piedras de esta ciudad.