24 de febrero de 2010

Historias de Hilario

Hilario nunca tuvo demasiados problemas de conciencia. Tan pronto dice esto como hace lo otro, y aunque todos lo conocemos y a ninguno nos resulta grata su absurda conversación lo soportamos como se soporta llevar un paraguas en un día de lluvia. Al fin y al cabo es vecino y está en el grupo desde el principio. Y su presencia es inevitable pues la vida en un pueblo pequeño es lo que tiene, todos acabamos en los mismos bares y en los mismos actos sociales. Es cierto que a veces alguno de nosotros se ofende con sus comentarios y la velada acaba en discusión, pero al día siguiente ya está todo olvidado. Podríamos optar por el ostracismo, pero en nuestra tribu no se estilan esas maneras. Por eso todos escuchamos atentamente la historia sobre el tabaco que nos contó ayer. Conviene aclarar que Hilario es uno de esos fumadores ocasionales que nunca compran tabaco diciendo que no quieren coger el vicio pero en cuanto ven una cajetilla encima de una mesa no pueden resistir la tentación y antes de que te des cuenta te está pidiendo fuego. Es posible que comenzara a hablarnos de la nueva ley antitabaco para que a alguno nos entrara ganas de fumar y poder así gorronearnos un cigarro. Con Hilario todo es posible. Lo cierto es que comenzó a hablarnos de una noticia ocurrida hace años en algún lugar de Estados Unidos. Nos dijo que en un pueblo comenzaron a aparecer personas asesinadas con extrañas heridas en la garganta. La policía pensaba en un principio que se trataba de algún tipo de ritual ya que a las víctimas les arrancaban la lengua y partes de la mandíbula, pero las autopsias demostraron que en realidad se trataba de una putrefacción que literalmente hacía desaparecer los tejidos blandos. Después de investigar a cada una de las víctimas lo único en común que se encontró entre ellas era que todos eran fumadores empedernidos de la misma marca de tabaco. Como dos o tres de nosotros ya teníamos un cigarro en la boca comenzamos a argumentar que eso era una leyenda urbana, que si esto fuera así las autoridades sanitarias ya lo habrían utilizado para una campaña antitabaco, pero Hilario nos contó que en realidad lo que había ocurrido es que en uno de los lotes de tabaco que había llegado a aquel pueblo había una especie de cucaracha en forma de larva que conseguía sobrevivir al proceso de quemado y se alojaba en los pulmones del fumador. Que tardaba un par de días en desarrollarse y que después salía del cuerpo comiéndose al huésped. Todos estallamos en una sonora carcajada, pero al poco todos habíamos apagado nuestro cigarro. Todos menos Hilario, claro, que seguía riendo mientras tarareaba la musiquilla de Expediente X.

22 de febrero de 2010

Pensamos que la evolución de las sociedades sólo puede ir por un camino, que las naciones y los estados deben avanzar hacia un modelo económico y social que coincide con lo que llamamos democracia. Y no digo que no sea el menos malo de los sistemas conocidos, pero puede resultar que lo que nos espere sea lo desconocido. Los usos y costumbres cambian, la tecnología avanza cada día y provoca que aparezcan nuevas formas de relacionarnos, nuevas necesidades y nuevas metas que alcanzar. Es por eso que a medida que lo humano va cambiando es posible que también vaya cambiando nuestra forma de pensar, de sentir y de etiquetar lo que nos rodea. Quién sabe, es posible que pronto descubramos que ya no queremos lo mismo que querían nuestros abuelos, o incluso nuestros padres y que el mundo que deseamos sea simplemente un mundo nuevo, un mundo diferente.

18 de febrero de 2010

Regreso a estas soledades después de mi periplo administrativo. Inicio trámites para modificar mi situación civil. Llegan tiempos nuevos y conviene tener papeles que certifiquen que estoy unido a una persona y que formamos una familia. Y digo familia porque pareja ya éramos, y dentro de unos meses seremos tres, y eso lo cambia todo. Por eso me alegro de volver a recorrer este silencio, de volver a escuchar los fríos hielos. Sinécdoque, le llamaban. Creo ver marcas de otros viajeros e inevitablemente tengo la sensación de que son una señal, un rumbo que debo seguir. Y sin embargo no puedo evitar pensar que no, que este no es mi sitio, que ha sido totalmente estúpido por mi parte venirme tan lejos para hablar de nada, para no contar nada. Se que otros escribirían simplemente que han ido al registro civil para solicitar los papeles para casarse, que llevan años viviendo con su pareja pero como ahora van a ser padres prefieren casarse para facilitar infinidad de trámites administrativos. Se perfectamente lo que es un Diario (llevo desde el año 88 escribiendo uno) y también se que no me sería difícil llenar un par de páginas cada día. Pero para qué? O para quién? En fin, volvemos al comienzo. Vuelvo a estar aquí solo ante un monitor, pero ahora se que voy dejando pequeñas señales para que tú las leas.
Llegamos al Registro Civil y explicamos que necesitamos copia literal de la partida de nacimiento para matrimonio civil. La funcionaria nos pide el documento nacional de identidad y al ver que en lugar de nacimiento figura, respectivamente, Oleiros y Ortigueira nos devuelve el DNI diciendo de una manera simpática que tenemos que ir a los registros civiles de los ayuntamientos en los que nacimos. Con cara de perplejidad le explicamos que realmente nacimos en Coruña, aunque en el documento figura otra localidad. Dice que eso no puede ser, pero decide comprobarlo en su ordenador y nos dice que efectivamente, que figuramos inscritos en ese registro y que por lo tanto los datos que figuran en el DNI están mal. Un escalofrío nos recorrió la espalda, recordamos que estábamos tratando con empleados públicos y tuvimos la certeza de que iba a decir que no podía hacer nada, que tendríamos que volver cuando corrigiésemos los defectos de nuestro documento de identidad. Obviamente, para hacer esa modificación tendríamos que acudir a ese mismo registro para que nos certificasen el lugar en el que habíamos nacido. Si, amigos, casi entramos un unos de esos bucles administrativos en los que los ciudadanos entramos de vez en cuando. Finalmente tuvimos suerte, la funcionaria se limitó a decirnos que tendríamos que corregir los defectos del documento y nos imprimió el certificado que necesitábamos.
Cuento todo esto porque hay personas que tienen una capacidad especial para complicar las cosas. Lo más fácil en este caso habría sido comprobar antes si figurábamos o no en ese registro en lugar de afirmar que tendríamos que ir a otro lugar a solicitar el certificado. Suelen ser personas que tienen la costumbre de tomar decisiones que no les competen y tener sus competencias sin atender. Es el síndrome del funcionario raso, que a veces cree que su obligación es solicitar documentos o aclaraciones de los ciudadanos cuando su única ocupación es tramitar los expedientes siguiendo órdenes de los superiores. Y sueles ser estos los que acaban complicándole la vida a los ciudadanos.
Tarde de paseo, tarde de disfraces. Unos desfilando, pasándoselo bien, caminando por el centro de la calle mientras otros permanecemos en las aceras, mirando, acostumbrados a observar en lugar de participar. La incongruencia de las ciudades actuales es que son los consistorios los que tienen que organizar actividades para que los ciudadanos participen y ocupen las calles. Sienten que una de sus obligaciones es mantenernos distraídos, sacarnos a la calle para entretener o para ser entretenidos. ¿Qué otra cosa son los desfiles de carnaval? Acaso no son nuestros vecinos los que se disfrazan, los que van con una comparsa o incluso ellos solos para mayor deleite de sus conciudadanos. Si, era la vecina del tercero la que iba vestida de cigüeña y era el del bar de enfrente el que iba de Bob Esponja. Y todo perfectamente organizado por el Concejal de turno, por el responsable del ocio de los ciudadanos. Y es que ese es el problema del mundo moderno. Necesitamos que nos organicen un poco la vida para tener algo que hacer el domingo o un día festivo que coincida entre semana. O eso o ir a la aldea...

4 de febrero de 2010

Yo no estoy en facebook. Puede resultar extraño que me decida a crear esta página y no me decida a entrar en ese foro en el que todo el mundo parece estar. Hace unos días un buen amigo me dijo que el futuro estaba aquí y que había un lugar para mí. Eso me decidió a abrir mi pequeño sitio, a darme a conocer aunque no tengo muy claro cómo se hacen estas cosas. Pero claro, escribir aquí resulta fácil. Lo que realmente me parece complicado es estar en una red social y comunicarme con tanta gente que realmente no conozco. Estos días voy de un lado para otro, intento tomar notas sobre cómo se hacen estas cosas y tengo la impresión de que todo el mundo se conoce. A veces voy de una página a otra porque alguien deja en un comentario un enlace a otra página en la que de pronto aparezco, y siento curiosidad al ver que aparecen los blogs que sigue, pincho y me traslado de pronto a una temática totalmente distinta, pero a su vez tiene seguidores, y tiene seguidos y páginas preferidas...
La verdad es que me siento sobrepasado, y tal vez por eso no me decido a meterme en facebook, aunque tengo la impresión de que voy llegando tarde a los sitios y es probable que cuando me decida haya aparecido otra forma de comunicación y tendré que volver a ponerme al día.
Mientras tanto seguiré navegando por este Mar de Beaufort.

3 de febrero de 2010

Hay personas que necesitan convencerte de sus bondades. Te dicen que no les gusta hablar mal de nadie, pero que tengas cuidado con este o con el otro. Te halagan diciéndote que tú eres como ellos, y no como los otros, y acaban utilizando el nosotros para incluirte en un grupo en el que tú no quieres estar. Cuando trabajaba tenía que oír muchas veces el mismo discurso. Gente que no me conocía de nada comenzaba diciéndome que se notaba que yo no era como los demás para a continuación poner verde a cualquier compañero. Siempre terminaban diciendo que ellos no eran así, que es una forma de decir que son mejores que los demás y que lógicamente, como yo tampoco era como los demás pues era como ellos. Nunca me han gustado las tribus y sin embargo reconozco que a veces es mejor no aclarar las cosas. Dejar que cada cual te encasille donde le parezca y tú tener claro cuál es tú lugar. Al fin y al cabo, nunca conseguirás que te mantengan al margen pues incluso cuando te ignoran no hacen más que reafirmarse como miembros de un grupo en el que no eres admitido.
Pero hablaba sobre los que intentan convencerte de lo buena gente que son a fuerza de halagos. A veces te hacen sentir un poco ingenuo pues casi todo el mundo tiene una opinión sobre las cosas y sobre las personas que nos rodean. Puedes estar equivocado, es cierto, pero siempre que una persona insiste en convencerme de sus bondades comienzo a sospechar e intento mantener cierta distancia para poder formarme una idea propia. Por experiencia puedo afirmar que aquellos que están continuamente “vendiendo” sus bondades intentan, más que nada, ocultar sus defectos. Y siempre me ha gustado la gente íntegra y completa. Con sus virtudes y con sus pequeños defectos.
Un auténtico desastre. Incluso peor de lo esperable. Es cierto que no le dediqué el tiempo suficiente y que no estudié de un modo eficaz, pero la verdad es que no esperaba hacer el ridículo. Casi me dio vergüenza el pobre resultado obtenido. Sin duda estoy perdiendo facultades en esto de estudiar, o de presentarme a exámenes. Nunca he sido una de esas personas que son capaces de sentarse y obtener el máximo rendimiento del tiempo dedicado al estudio. Lo mío era cuestión de sacrificio y de constancia, pero la verdad es que este último examen me ha convencido de que debo cambiar el método. O cambiar de obsesiones. En fin, debo comenzar a pensar en una escala cualitativa, en lugar de utilizar un baremo cuantitativo. A partir de ahora debo conseguir que las pocas horas que le dedique al estudio sean de calidad en lugar de pasar las tardes delante de un temario que parece enemistado conmigo.