25 de octubre de 2010

A lo lejos un perro solitario, extraños sonidos en el invierno boreal. Un motor rompe el silencio de la noche, voces de gente que madruga, tal vez algún borracho que no puede volver a casa. Son las seis de la mañana y de pronto descubro que Mar de Beaufort ya no es el desierto de hace unos meses. Puede parecer extraño, pero este inmenso mar de hielo se ha poblado de estrellas de mar cantarinas, y de elefantes azules y jirafas rosadas. Incluso he visto algún conejo parlanchín haciéndose pasar por humano. O era al revés?
Ya nada es lo que era, ni siquiera el tiempo parece tener la misma duración. Una tarde se convierte en el intervalo que va de una toma a otra toma y las noches son ese pequeño vestigio que nos confirma que una vez hubo otra vida. Si, en otro tiempo también teniamos la costumbre de dormir por las noches. Lo demás ha cambiado tanto que a veces no me reconozco. Y yo, tan aficionado a la rutina y al sosiego descubro que todo lo que necesitaba en la vida era un poco de acción.

22 de octubre de 2010

Las dos bofetadas.

This may not be happening.
This may not be happening.
Además de borracho le ha dado por hablar inglés y durante diez minutos ha estado dándome la murga sobre si esto está sucediento o es simplemente delirium tremens. Por qué no te callas?, le grito mientras intento cruzar la plaza del Obradoiro esquivando a los peregrinos y a los operarios que montán el palco para la actuación de Bieito XVI. Atravesando el casco viejo me he librado temporalmente de los matones de la embajada, pero no tengo claro qué hacer ahora. Sin duda alguien ha dado el chivatazo y para evitar males mayores prefiero traerme al políglota antes de que lo interroguen los narcos. Él es que menos sabe de todo el asunto, y sin embargo sería el más perjudicado si lo atrapan. Y bastante perjudicado va el pobre. Entre el alcohol y los disparos debe estar sufriendo una especie de ataque nervioso que se manifiesta en la repetición de la misma frase varias veces, pero por qué demonios habla en inglés?
Y dónde está Raquel? Debo encontrarla antes de que lo hagan ellos.
Dónde está la calle Milagros?, le pregunto. La calle Milagros, la calle Milagros, me responde.
Si, la calle Milagros, donde vive Raquel.
Dónde vive Raquel, donde vive Raquel...
Raquel vive en la calle Milagros?
A estas alturas yo ya estoy familiarizada con esta costumbre local de reponder con preguntas por lo que decido emplear un método más contundente. Bofetada para la derecha, bofetada para la izquierda...
La calle Milagros, ostias!
No conozco a ninguna Milagros, me dice antes de ponerse a cantar una canción muy extraña.
Sin duda, debí dejar a este tipo con los dos rusos y el mejicano que quedaba con vida.