1 de diciembre de 2011

La mano imposible.

Que me crean o me dejen de creer no tiene para mí la menor importancia. Nada tiene ya importancia. Después de los acontecimientos de esta madrugada nada será lo mismo para nosostros, y probablemente tampoco ustedes podrán dormir tranquilos cuando lleguen al final de este relato. Como cada noche nos acostamos a eso de las doce. Yo a la derecha y mi marido a la izquierda, como la mayoría de los matrimonios. Por motivos de espacio la cuna de la niña está en mi lado de la cama, y sólo tengo que alargar un poco mi mano para ponerle el chupete o acariciarle la cara cuando se sobresalta por algún motivo.

Recuerdo perfectamente que a las dos y veintisiete la niña se despertó.  Metí mi mano entre los barrotes de la cuna y no me resultó difícil acercarle el chupete a la boca. Después de un par de gemidos volvió a dormirse y la habitación quedó en silencio. Un perro ladraba al otro lado del río y me entretuve escuchando el ruido de la lluvia contra los critales mientras aguardaba por las dos campanadas que indicaran las dos y media en el reloj de la iglesia.

Sonó una campanada y de pronto la niña volvió a llorar. Intenté repetir la maniobra del chupete pero mi mano se topó con algo. Asustada encendí la luz. Mi hija se había puesto de pie y señalaba hacia la ventana mientras gritaba e intentaba colarse entre los barrotes de la cuna. El viento había subido de intensidad y eso la habrá sobresaltado, supuse. Me levanté para acostarla de nuevo mientras su padre, aletargado por el sueño, me decía que primero el huevo y después el pan rayado.

Tardé unos minutos en volver a dormirme. Comencé a soñar con un perro cojo caminando bajo la lluvia y un camión sin luces que venía hacia mí. El conductor tocaba insistentemente el claxon pero yo no podía apartarme, permanecía de pie en medio de la carretera y mirando para aquel perro que de pronto comenzaba a ladrarme furiosamente con la boca llena de espuma y los ojos ensangrentados... Empapada en sudor me incorporé en la cama. La lluvia y el viento habían cesado y el silencio era ensordecedor. Volví a tumbarme.

Eran las cuatro de la mañana cuando la niña volvió a gritar. Esta vez mi mano se coló entre los barrotes sin ninguna dificultad, pero en la cuna no había nada. Palpé con mis dedos el vacio, busqué hacia un lado y hacia otro pero debajo de las sábanas no había ni rastro de mi hija. De pronto sentí algo frío sobre mi brazo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando una mano grande y helada agarró con fuerza mis dedos. Aterrada intenté zafarme mientras comenzaba a gritar. Al encender la luz descubrimos a nuestra hija acurrucada en una esquina de la habitación, con el pijama empapado y jugando alegremente con sus manos. Un pequeño reguero de agua se extendía desde la cuna hacia la ventana.

14 de noviembre de 2011

Ahora trabajo en La Taberna de Beaufort.

Confieso que al principio no me parecía buena idea. Como bien sabéis, soy bastante indeciso y un poco pusilánime por lo que tardé unas semanas en aceptar la propuesta de Toño, pero finalmente yo me quedo en el bar y él se va a buscar a Hilario.

En principio será algo temporal, como si Toño se tomase un año sabático y yo ocupase su lugar mientras tanto. Pero si la cosa va bien no descarto dedicarme al mundo de la hostelería. Se trabaja mucho, es verdad, pero también tiene momentos agradables, sobre todo en estos tiempos de campaña electoral en los que se montan discusiones con una facilidad impresionante. Como soy una persona sin ideas políticas me resulta tremendamente divertido escuchar los argumentos de unos y otros sobre el mejor candidato, las mejores propuestas o el mejor gestor. Imaginad al bueno de Ham berreando desde una esquina de la barra sobre las desgracias e infortunios que nos esperan con el próximo gobierno de los tecnócratas.

Resumiendo, que a partir de ahora seré yo el que ponga las cervezas en La Taberna de Beaufort. Los clientes somos los de siempre, solo que ahora yo estoy al otro lado de la barra y espero que os paséis de vez en cuando para charlar un poco o escuchar las novedades que Toño nos mande desde donde quiera que se encuentre. Espero que cada día seamos más... Prometo aprender a hacer un buen café...

28 de octubre de 2011

Motivos de felicidad.

Bueno, vale.
Ya se que a Ham "el cascarrabias" el título de esta entrada le parecerá una auténtica ñoñez, típica de un libro de autoayuda o de ese tipo de personas para las que siempre hay algo positivo en los días y quieren demostrártelo en todo momento, llegando incluso a resultar pesados en su afán por hacerte sonreir. Habrá tiempo y espacio para describirlos más detalladamente.

Pero como este es mi cuaderno, escribo lo que me apetece, y hoy me apetece celebrar que la borrasca se aleja hacia el Mediterráneo y tendremos unos días para secarnos y salir a pasear antes de que llegue un nuevo temporal.

Y mientras tanto, un grupo de adolescentes llegaron a Compostela alegres y risueños, ignorando que para algunos esta visita será un recuerdo para toda la vida, que otros volverán dentro de unos años como estudiantes y que incluso habrá alguno que regrese para quedarse a vivir. Estas cosas pasan a veces. A lo largo de la vida hay situaciones en las que nos sorprendemos de las casualidades que tiene el destino. Esa persona que aparece y desaparece, esa ciudad a la que vamos de visita y en la que acabamos viviendo, ese libro que nos impacta en nuestra jueventud y que acabamos protagonizando en su adaptación cinematográfica. Ellos, obviamente, no pensaban en estas cosas, pero yo recordé que hace muchos años también vine de excursión a Compostela, a ver una exposición llamada "Galiza no Tempo" y me hizo gracia pensar en todos nosotros hace veinte años, caminando alegres y despreocupados por las piedras milenarias. Y el recuerdo me alegró.

Y una pareja de universitarios atravesaban con prisas un paso de cebra. Hablaban muy seriamente sobre las repercusiones que su ausencia a la clase de las nueve tendría en su nota final. "Dicen que es muy estricto con la asistencia a clase" decía ella. "Pero si vas por el despacho un par de veces ya está" respondía él. Nada cambia en el gremio de los profesores de universidad. El enrollado, el estricto, el que necesita mimos, el despistado, el que asusta al principio y el cabrón que asusta al final. Pero lo que me alegró realmente fue ver a dos que se aman sin saberlo. Qué importancia tendrá una clase cuando lo que recordarán serán las mañanas en las cafeterías o las tardes de conversación en la Quintana, aprovechando los últimos rayos de sol de las tardes otoñales.

Y como ya estoy sensible me descubro pensando en lo agradable que resulta meterte en la cama cuando tu pareja hace un par de horas que se acostó. Hace frío y la lluvia nos dice a gritos que el invierno ya está aquí. Nuestro cuerpo está destemplado y de pronto sentimos el calor humano debajo de las mantas. Nos acercamos lentamente, intentando que no se despierte pero sintiéndonos acariciados, rodeados de algo que los científicos explicarían con número y letras pero que yo os aseguro que es uno de los motivos más importantes para la felicidad.

Al final me estoy haciendo pesado y empalagoso, pero queda un último motivo de felicidad en este día. HOY ES VIERNES. Y además de que el fin de semana está esperándonos en la calle, hoy me toca comerme un pastelillo de chocolate con el café!!!





17 de octubre de 2011

Nociones de astronomía VI: gigantes rojas.


Son estrellas que atraviesan su fase final y están próximas a consumir todo su combustible (hidrógeno). Cuando esto sucede su núcleo se contrae, aumentando su densidad y temperatura; el calor es transmitido a las capas exteriores que se dilatan transformándola en gigante roja, con un tamaño de hasta 100 veces el original.

Todo ser humano tiene, a lo largo de la vida, sus momentos de gigante roja pero, a diferencia de las estrellas, puede ocurrirnos varias veces a lo largo de los años, o incluso más de una vez al año. Se trata de esas ocasiones en las que decidimos ignorar totalmente la opinión de los demás y las convenciones sociales y nos mostramos tal y como somos, defendiendo nuestra dignidad por encima de todo y no tolerando ninguna intromisión en nuestro libre albedrío. Y no nos importan las repercusiones que nuestras palabras o actos puedan tener. Si hay que decirle al jefe que no, se lo decimos. Y si no le gusta que le eche azúcar, y no nos importa lo más mínimo tener que recordarle que es jefe gracias a la linda cornamenta que adorna su frente. Al día siguiente podemos estar haciendo cola en la oficina del antiguo INEM, es cierto, pero disfrutamos de ese momento de gloria, de ese instante en el que nos sentimos inmensos, inconmensurables.
Digámoslo claro, nos convertimos en gigantes rojas cuando nos tocan demasiado el orgullo propio, se nos calienta la boca y decimos verdades como templos. Son esos instantes de encabronamiento tan difíciles de controlar y de final incierto. Y si alguien nos ve en ese momento pensará que somos grandes, magníficos y que menudo caracter que tenemos, que nadie nos pisoteará y que avanzaremos seguros por la vida. Y si coincide que esa persona nos conoce poco tendrá una imagen distorsionada de cómo somos ya que nadie puede vivir en estado de gigante roja todo el tiempo.
Hay que decir que algunos atravesamos alguna etapa de gigante-roja contínua, pero eso fue en la antigüedad y solamente duró unos treinta años, lustro arriba lustro abajo. Recuerdo que una característica propia de esta fase era la de practicar la táctica de campo arrasado con amigos, enemigos y similares. Y es que una gigante roja tiene la fea costumbre que engullir todo aquello que le rodea, sean otros planetas, otras estrellas, tristes enanas blancas o visitantes de otras dimensiones. Y al final, como suele ocurrir con las humanas cosas, todo queda en nada y la gigante roja se ve rodeada de un lamentable vacío cósmico por el que pasa, de cuando en vez, algún asteroide perdido que busca una explicación a su existencia.

7 de octubre de 2011

La astronomía supera al Papa!

Por fin lo hemos conseguido. Ha sido un trabajo colectivo, habéis ayudado enormemente con vuestras visitas silenciosas, pero al final la entrada sobre la dedicatoria del Papa a Mar de Beaufort ya no es la más vista de este sitio. Inexplicablemente para mí, durante meses la foto dedicada que Bieito se dignó a regalarnos como señal de su cariño hacia vuestro querido blog era la más visitada de todas las entradas que he escrito. Llegué a pensar que se trataba de un milagro, que eran seres divinos los que se acercaban por este sitio para ver la foto de su máximo representante en la tierra.

Pero eso ha cambiado. Como podéis comprobar en la columna de la derecha, ahora son las Nociones de astronomía las que van a la cabeza. Y eso es algo que me alegra enormente. Es agradable comprobar que en estos tiempos de crisis económica y social hay gente que se atreve a enfrentarse a los grandes enigmas del universo con la mente abierta a nuevas interpretaciones. Debemos prepararnos para los extraordinarios descubrimientos que están por llegar porque sin duda ya están en camino. ¿Para qué pensáis que están con el escudo antimisiles a cuentas? Ellos ya están aquí!! La duda es saber cuales son sus intenciones...



3 de octubre de 2011

Energúmenos.

Según la RAE, un energúmeno/a es (1) una persona poseída por el demonio o bien (2) una persona furiosa, alborotada. Para mí un energúmeno es alguien que se descontrola con facilidad y de manera que roza la irracionalidad.



Ayer en Compostela la tarde era de agosto e invitaba a la tranquilidad y el reposo en cualquiera de los parques que hacen de esta ciudad una de las más respirables de toda europa. Nosotros estuvimos tumbados en el parque de Bonaval y después nos tomamos una cervecita en una terraza cercana mientras veíamos pasar los gozosos minutos cargados de futuro.



Al poco llegó una pareja de edad intermedia, ni universitarios ni padres de adolescentes, y mientras la mujer se sentaba en una mesa a nuestro lado, el hombre entró en el bar y salió comiéndose un rico helado de cucurucho o cono, según se prefiera. El camarero les sirvió un café y una infusión. Contra todo pronóstico, el café para la chica y la infusión para el chico.


La tarde continuó su alegre discurrir, la pareja con su discreta conversación y nosotros recogiendo una y otra vez cosas del suelo. Los catorce meses de un homo sapiens sapiens, ya me entienden.


De pronto oímos el ruido típico de dos coches al chocar, o más bien el sonido de un coche que golpea a otro cuando uno de los conductores intenta aparcar o desaparcar. Todos en la terraza miramos hacia la calle y vimos como un hombre y una mujer de unos sesenta años se bajaban de un coche grande, tal vez un BMW o un Mercedes, se ponía a mirar a un MINI amarillo que estaba aparcado y volvían a subirse al coche sin el menor intención de dejar una nota y mucho menos de preguntar a los que observábamos desde la terraza si el coche era nuestro.


Pero resulta que el dueño del coche amarillo era del hombre que estaba sentado a nuestro lado y que tomaba una infusión después del haberse tomado un helado. Si, es algo extraño, ya lo se, pero también era extraño que el día 1 de octubre la temperatura fuese de 30 ªC en Compostela y nadie puede negarlo. El caso es que el joven que se sentaba a nuestro lado se levantó y se acercó a su coche para comprobar si la chapa y pintura del vehículo había resultado afectada por el impacto. Cosa lógica, por otra parte, ya que a nadie le gusta tener que llevar el coche al taller por un golpe que no hemos dado.


¿Y que creen ustedes que pasó?


Pues que el conductor del coche grande comenzó a decirle al hombre comedor de helados que él tenía seguro y que si quería que diese parte, que no hacía falta que viniese con esa chulería, que él se hacía cargo del golpe de ese momento pero que de ningún modo le apareciese mañana con el coche destrozado que no pensaba pagarle los golpes que le diese esta noche y que si no sabía beber que se aguantase.


Y se fue.


Y si ahora escribo esto es porque me sentí tan enfadado y hastiado como el joven que regresó a la mesa tan perplejo que ni siquiera apuntó la matrícula del coche del energúmeno que se cree que por tener una edad en la que se comienza a ser una persona respetable se puede avasallar y berrear en público como si todos tuviesen la obligación de callar y escuchar.



30 de septiembre de 2011

NO a la fuga de personajes de Mar de Beaufort.

Hoy es un día triste para mi. A pesar de mis esfuerzos, de las noches robándole horas al sueño y de los días perdidos para conseguir esa frase decisiva que defina su carácter van y me dicen que se quieren ir, que no es nada personal pero que necesitan vivir su vida. Dicen que después de un año y medio quieren ver mundo, conocer a otros blogueros y encontrar su sitio en el universo de la ficción. El hogar se les ha hecho pequeño, las visitas son demasiado escasas como para satisfacer su curiosidad y mi lentitud para tejer historias hace que el tiempo les resulte pesado y monótono.


Yo les digo que cambiaré, que me esforzaré por comprenderlos mejor. Buscaré nuevas emociones y nuevos escenarios. En un arranque de sentimentalismo impropio de un ex-legionario como yo me pongo a llorar y les digo que los quiero. Ellos se muestran fríos y distantes y me dicen que no me servirá de nada, que están decididos a abandonar Mar de Beaufort, y que si trato de impedírselo alegarán carencia de talento y falta de imaginación para demandarme ante el T.C.F. (Tribunal de los Creadores Fallidos) para sacarme una fuerte indemnización por daños a su imagen y a su evolución como entes literarios universalmente conocidos.


Me siento impotente, y puede que tengan razón. Hilario, por ejemplo, me dice que quiere parecerse un poco más a Michel Strogoff y M.V. Compostizo, tan delicada y sensible a veces, me dijo que estaba hasta las narices de la Albufeira y del viño verde. Y los agentes Ginger y Weird quieren saber que hay más allá pues llevan ya un mes saliendo del aeropuerto.


Y por si esto fuera poco el otro día Toño me dijo que estaba cansado se ser real y que quería que lo convirtiese en un personaje, que eso de poner cervezas y dar conversación estaba muy bien, pero que lo que realmente le gustaría es vivir en la incertidumbre de no saber lo que le aguardaba en la próxima entrada, y que además le gustaría tener etiqueta própia en los Rumbos del Mar de Beaufort.


En resumen, que los personajes que merodean por Mar de Beaufort han ido cobrando fuerza y amenazan con trasladarse a otros blogs más populares. Ayúdame a impedirlo! Di NO a la fuga de personajes de Mar de Beaufort. Comenta esta entrada pidiéndoles que se queden, enlaza esta entrada en tu facebook o entra en la página de Mar de Beaufort para mostrar tu más enérgica oposición a que unos personajillos de pacotilla se rebelen contra la mano que los ha creado.

28 de septiembre de 2011

Me lo dijo Toño.

- Vamos, Toño, me estás diciendo que conociste a Hilario en el Círculo Polar Ártico!?

- Te estoy diciendo que conocí a Hilario en el Delta del Mar de Beaufort- contestó mientras ponía otro par de cervezas en la barra del bar- Gracias a él pudimos recuperar el oro de Harry y meterlo en el camión de Duane sin que los federales nos hiciesen demasiadas preguntas. ¿Dónde crees que conseguí la pasta para montar este bar?

No supe que decir. Durante las últimas horas Toño me había hablado de su época de estudiante en Canadá. Todo había comenzado cuando le pregunté si sabía algo de Hilario. No puedo explicarlo, pero siempre tuve la sensación de que entre Hilario y Toño existía cierta complicidad, una especie de camaradería que se adquiere al compartir experiencias poco frecuentes. Lo que no esperaba es que me contase una aventura que rozaba lo esperpéntico, y mucho menos que me confesase que Hilario era una especie de agente del gobierno como los que salen en las series de televisión.

Al parecer, Hilario había sido reclutado por un hermano de su abuela, que había emigrado a Estados Unidos en los años cincuenta y por casualidades de la vida formaba parte del equipo de trabajo que se formó después del famoso caso Roswell. Cuando se encontró con el grupo de Toño acompañaba a una unidad de asalto que estaba buscando el origen de una extraña señal electromagnética que habían captado desde los radiotelescopios de Alaska.

- Después de unos cuantos días de interrogatorios y aclaraciones, Hilario consiguió convencer a sus superiores de que no representabamos ningún peligro para los intereses de la nación. Nos ayudó a buscar el oro de Harry y cuando lo encontramos me pidió que me ocupase de poner a buen recaudo la parte que le correspondía. Yo regresé a Compostela y monté este bar, él siguió trabajando para los americanos. El resto de la historia ya la conoces, te has encargado de publicarla en tu blog de una forma magistral y con una narración viva y directa que sumerge al lector en un ambiente de intriga y misterio al mejor estilo de la novela negra de los Grandes de la literatura universal.

- Bueno bueno, creo que exageras un poco- contesté un poco ruborizado.
- Para nada -me dijo Toño mientras atendía a una pareja de chavales que venían a comprar un par de palmeras de chocolate- eres uno de los mejores escritores de blogs que conozco. Y te diré más... o mucho me equivoco o en breve tendremos noticias de Hilario.

22 de septiembre de 2011

Buscando mi perfil.

Perdonen mi ausencia, han sido tiempos complicados. En las últimas semanas he dedicado el poco tiempo del que dispongo a crearme un perfil en internet. Yo, que nunca me he preocupado demasiado por las apariencias me descubro buscando un perfil adecuado que mostrar. Como saben, no tengo muy claro que esto de internet y las redes sociales sirva para unir a los pueblos del mundo, pero entre el "+Tú" de google y la constatación, día tras día, de que Mar de Beaufort recibe escasas visitas pues me he dicho que tengo que intentar participar un poco más la red, darme a conocer, no se si me entienden.

Y lo primero que me planteo es si debo descubrir mi verdadera indentidad y poner mi foto o seguir con ese cachorrillo de oso polar que hace referencia al osezno que tengo en casa, pero que también está muy acorde con el título de este diario. La verdad, es que me da un poco de vergüenza que mi cara aparezca por ahí, aunque pensándolo bien, la mayoría de lectores de este blog saben perfectamente quien soy y no se sorprenderán al verme la cara y desubrir que tengo menos pelo que hace quince años y que mi rostro se ha redondeado un poco.

Después está lo de facebook, el twiter y la participación activa en algunos blogs que me gustan y que sigo. Y aquí vuelven las dudas sobre el anonimato o la indicación clara de quien soy. Tal vez se trate de un problema de autoestima. A veces tengo la sensación de que lo que me gustaría decir o escribir es irrelevante, y decido mantenerme en silencio. Y si en la vida real el silencio es simplemente una característica que algunos valoran y otros no, en el mundo virtual de internet el silencio significa ausencia. Creo que por eso hay tantos comentarios en ciertos blogs que sin aportar nada, quieren dejar constancia de que alguien ha pasado por allí, de que tenemos presencia en la red, de que formamos parte de algo.

Pero estabamos con mi perfil. ¿Qué puedo escribir sobre mi? Para cada unos de mis seguidores soy alguien distinto. Incluso puede suceder que sea un auténtico desconocido. Puedo poner en mi perfil que me gusta el cine, pasear y escuchar música, que es lo que pone todo el mundo. Pero, ¿pondré algo sobre mí, algo que me identifique como persona única e inconfundible?

No lo se ni me importa. La verdad es que no sabía que escribir y me puse a improvisar. Tal vez mañana pueda retomar alguna de las historias que quedan  a medio contar. Al fin y al cabo, he creado este sitio para contar historias.

25 de agosto de 2011

Los chicos del aeropuerto.


Yo estaba en el aeropuerto con la Jenifer y el Chetos cuando aquel tipo medio calvo se me acercó y comenzó a susurrarme con acento guiri aquello de “un sabor auténtico de puro maíz”, “un sabor auténtico de puro maíz”. Pensé que se trataba de una broma de los de la telegaita o de un anuncio de Matutano, pero cuando se me acercó aquella pedazo morena y me dijo que eran los agentes de no se qué me acojoné un poco, la verdad. Estábamos esperando a la Janet, que venía de Lanzarote a pasar dos semanas de vacaciones y como el avión llegaba con retraso habíamos estado haciendo el tonto por el aeropuerto. La Jenifer estaba preguntándole a una azafata a qué hora salía el avión para Betanzos y nosotros nos partíamos de risa. Después yo me acerqué a un alemán y le pregunté Where are the big church? y el tipo me contestó con cara extrañada The cathedral is in the town!.

De pronto descubrí que en una de las mesas del restaurante estaba el profe de latín con la madre del Jonatan, y como el Jonatan es nuestro colega comencé a llamar al Chetos para que se acercara. Pero el que se acercó fue el tipo raro y la morena cachonda y enseñándome una tarjeta de la pasma comenzaron a decirme que eran los agentes que venían a investigar el suceso. Yo estaba flipando por colores cuando de pronto se acerca un vendedor del cupón diciendo “Chetos chetos chetos”. Yo le digo que el Chetos está con la Jenifer en la otra esquina del aeropuerto pero el tipo medio calvo comienza a decir otra vez lo de “un sabor auténtico de puro maíz”, “un sabor auténtico de puro maíz”.

- ¿Y tú quién eres?-me pregunta el vendedor del cupón subiéndose las gafas hasta la frente y mirándome directamente a los ojos.

- ¿Tú no eres ciego, verdad?- le respondo siguiendo la costumbre local de responder con otra pregunta.

- ¡Veo que tienes buen ojo!- me contesta el falso ciego con un tonillo burlón que me altera un poco. Por eso, cuando se acerca una señora y le pide un cupón para hoy comienzo a gritar que no se fie, que el tipo no es ciego y que seguramente todos los cupones son falsos. La señora mira desconfiada el billete que el falso vendedor le entrega y se lo devuelve, pero uno de los Guardias Civiles que están en la puerta del aeropuerto ha sentido curiosidad por el jaleo que se está montando enfrente de la puerta de llegadas. Como no podía ser de otro modo, me pide a mí el DNI y mientras intento explicarle lo sucedido veo como el falso ciego y la pareja de guiris se dirigen a la salida.

22 de agosto de 2011

Restos en la nieve.

Llegaron un par de días después que nosotros. Veinte tipos que parecían Rambo se bajaron de dos helicópteros y nos encerraron en el comedor mientras hablaban con el Director Gerente de la planta de gas. Aparte de los cuatro que habíamos llegado en el camión de Duane, había siete operarios, un técnico de telecomunicaciones, un cocinero y un encargado de mantenimiento. Nos habían advertido que intentarían que ninguno de nosotros resultase herido, pero que nuestra seguridad no era una prioridad para ellos y si surgía algún problema no dudarían en utilizar la fuerza para solucionarlo.
Quisieron saber de quién era el propietario de la extraña máquina que había estado provocando interferencias las últimas semanas. El Director Gerente les explicó que según el artículo 37, párrafo 4 bis del Tratado Internacional sobre Personas y Cachivaches Deambulando por el Ártico él era el responsable de los humanos, animales, objetos y similares que se encontraban en ese momento en la planta de gas y que tenía el derecho a ser informado de cualquier circunstancia que pudiese afectar a la integridad física o legal de las cosas.
- Who are they?- le preguntó uno de los soldados con una pistola en la mano cuando el Director Gerente iba a continuar enumerando el párrafo 5 del artículo 37. Después todo sucedió muy rápido. Duane intentó explicarles que no tenía nada que ver con todo aquello, que él sólo me conocía a mí, que venía de Dawson City y que era un simple camionero que se encargaba de abastecer a la planta de gas. No le sirvió de nada. Tampoco le sirvió de nada a los soldados comenzar a interrogar a Juanciño y a su acompañante, que se llamaba Mariano. Ellos no entendían nada de lo que les estaban preguntando y los soldados no entendían nada de lo que les estaban respondiendo. Como mi historia sobre la caza de osos utilizando medios magnéticos no convenció a nadie acabamos los cuatro en uno de los helicópteros, sobrevolando el Delta de Mar de Beaufort a unos treinta pies de altura y dirección norte.
Y entonces los ví. Como si de mojones se tratase comencé a vislumbrar, sobre el hielo del ártico, lo que parecían restos de animales, alguna manta, un trineo y finalmente un cadáver humano. Supe que se trataba de Harry y que la historia del viejo Bob era verdad. Ahora sólo era necesario encontrar el modo de regresar y recuperar las bolsas llenas de oro.



---Para saber más:01: Dawson City
02: O'Kandeken05: La máquina del magnetismo.
03: La historia de Duane
04: Encuentros en el Círculo Polar Ártico.


18 de agosto de 2011

El agente Weird.

Hasta veinte había contado esta mañana. Resultaba bastante incongruente aplicarse una loción anticaída en el cuero cabelludo y después de un masaje de dos minutos retirar la mano llena de pelos. En los últimos meses esa había sido su gran preocupación. Incluso podemos afirmar que era su única preocupación hasta que el Director Genereal del FBI lo citó hace tres días. Le daban un caso en España y aún encima le decía que serían una especie de vacaciones. Malditas las ganas que tenía ahora de viajar, y mucho menos para ocuparse de uno de aquellos sucesos que tanto le entusiasmaban hace años.


Mientras el Director General le explicaba que todos los habitantes de un pueblo habían desarrollado una extraña protuberancia abdominal, él comenzó a mirarse su propia barriga y pensó que se estaba abandonando. Ya no recordaba la última vez que había hecho deporte y su reciente afición por la Busweiser y por los cheetos de maíz se estaban convirtiendo en una auténtica obsesión. Nada le apetecía más que tumbarse en su sofá a ver series de televisión de los años ochenta y dar buena cuenta de una bolsa de cheetos tamaño familiar. Esa sensación grasienta en los dedos y ese tono anaranjado en la boca era un pequeño placer que le gustaba disfrutar en la intimidad. La culpa era de la publicidad. No podía sacarse de la cabeza la imagen de esa joven en una bañera llena de cheetos. Sabía que se trataba de algo subliminal, que ese anuncio había tocado algunha fibra dormida desde hacía años, tal vez desde la más tierna infacía, pero no podía evitarlo. Era adicto a los cheetos.



- Agente Weird, ¿está usted de acuerdo?
- Por supuesto que si -respondió sin saber exactamente lo que le habían preguntado.
- Entonces saldrán dentro de tres días hacia España. Se pondrán en contacto con nuestro hombre en Compostela. Y recuerde, la contraseña será Cheetos cheetos cheetos...
- Un sabor auténtico de puro maiz - respondió el agente Weird automáticamente.

30 de julio de 2011

M.V. Compostizo (II)

El plan era sencillo. Pasaría el invierno en la casa de un amigo y al llegar la primavera se encerraría en la vieja casa de sus abuelos y comenzaría a escribir La mujer temerosa, la novela con la que cerraría la tetralogía que su editor había bautizado como “Cuatro mujeres en apuros”. A María este título le parecía una auténtica memez, pero hacía años que había renunciado a buscar títulos para sus novelas. Siempre le daba la impresión de que no tenían absolutamente nada que ver con la historia que contaba por eso agradeció enormemente que Marcelo comenzase a poner títulos “más comerciales” a sus novelas.



Pero el invierno acabó, llegó la primavera y cuando los ingleses comenzaron a invadir Albufeira María Visitación pensó que no tenía ganas de encerrarse a escribir en un pueblo perdido al norte de Lugo. Su padre había sido uno de los marineros que habían sobrevivido a la galerna del año 61, pero la experiencia había sido tan horrible que nunca pudo volver a faenar. Como tantos otros, se trasladó a la ciudad y comenzó a trabajar en una taberna en la Rúa do Franco de Santiago de Compostela. Allí conoció a María Visitación madre y allí pasaría su hija gran parte de su infancia, intentando comprender a los peregrinos alemanes e ingleses que nunca sabían qué era el “pulpo á feira”. Por eso una de las primeras palabras que la pequeña María aprendió a decir fue octopulus, y de tanto escuchar las historias que le contaban sobre el Camino y sobre países y lugares tan distintos y lejanos decidió que ella quería dedicarse a contar cuentos.


Y así, durante los últimos veinte años se había dedicado a hacerse un hueco en la escena literaria y ahora que era una escritora de renombre empezaba a pensar que eso no era lo que esperaba de la vida. Necesitaba un poco de acción, vivir una aventura, enamorarse de nuevo, hacer algo peligroso. En definitiva, después de haber inventado historias y de haber creado personajes quería ser ella la protagonista.

Obviamente, a su editor sólo le dijo que estaba terminando el primer borrador y que en breve comenzaría a escribir. Para qué preocupar al muchacho, se dijo, si ya tiene bastante con su atormentada vida sentimental. Le diré que voy a estar aislada en Celeiro y que necesito intimidad total. Siempre ha respetado bastante mis momentos creativos.

Por este motivo, cuando aquellos hombres comenzaron a hacer preguntas nadie supo darles una respuesta clara sobre el paradero de M.V. Compostizo. Su marido manifestó su gran ignorancia y su resentida indiferencia con un lacónico "Ni lo se ni me importa". Su editor comenzó una amplia disertación sobre la apremiante necesidad de soledad que puede experimentar una escritora cuando está a punto de concluír una novela y sobre las posibilidades de serenidad emocional que ofrece un lugar tan alejado del ajetreo de las ciudades como el pueblo marinero en el que estaba recluída la autora de éxitos como La mujer alevosa o Los pequineses de la señorita de Meirás para terminar la que sin duda será su obra maestra y el éxito editorial de la década. Sin embargo, cuando tres días después los hombres volvieron para decirle que en Celeiro no estaba comenzó a contar una extraña historia del hombre que M.V. Compostizo conoció en una noche de vino verde y calor, en una fiesta en el pueblo portugués de Albufeira.

29 de julio de 2011

La agente Ginger.

Cuando el Director Adjunto le dijo que la destinaban en misión especial a Europa pensó que por fin podría visitar París, pasear al atardecer por las orillas del Sena y visitar los museos y los cementarios en los que descansaban poetas y artistas. Nunca pudo explicarlo, pero para ella pensar en Europa era pensar en París.



Cuando le advirtieron que en realidad se iba a España recordó las historias que le contaba su madre sobre su abuelo, que había llegado a Nueva York en el año 54 en un barco que había zarpado un mes antes de una pequeña ciudad llamada Vigo. Incluso le parecía recordar que todavía tenía algunos parientes en un lugar llamado Vilanova do Frondoso. Sin duda, su dominio del español había sido decisivo para elegirla para esta misión.


Sus compañeros del Departamento de Investigaciones Extraoficiales le habían recomendado que se lo tomase como unas pequeñas vacaciones por sus siete años de servicio ininterrumpido al lado del viejo George. Muchos pensaban que era una especie de venganza del Director Adjunto. Ella había ganado el puesto al que también aspiraba su sobrino. Destinar a una novata de veinticuatro años con un cascarrabias como George no parecía lo más adecuado, pero ella supo adaptarse muy bien a las manías del más veterano de los agentes del FBI en el cuartel general de Nueva York, y a los pocos meses se había ganado el respeto de todos sus compañeros, incluido George, que comenzó a sentir por ella un afecto similar al que sentía por sus nietas.


Por eso, cuando le anunció que se iba de misión especial a España con el agente Weird, el viejo George la miró sorprendido y le preguntó si sabía lo que iban a investigar exactamente. Ella le explicó que se trataba de un caso de epidémia vírica en un pequeño pueblo donde todos sus habitantes desarrollaron una extraña protuberancia acuosa en el abdomen. El gobierno negaba todo conocimiento, pero había recomendado que se investigaran los orígenes del virus y sus posibles aplicaciones para la investigación médica.


-Be careful, be careful...- le pidió George- el gobierno no suele invertir sus recursos en investigaciones médicas a no ser que existan otras aplicaciones para sus descubrimientos. Además, el agente Weird no es un cualquiera. Hace doce años consiguió destapar una serie de experimentos con humanos que se habían desarrollado durante la guerra fría. No conozco los detalles exactos, pero se que se enfrentó a personas muy poderosas y que incluso puso en riesgo su vida. Ten cuidado con él y sobre todo ten en cuenta que es posible que no investiguéis lo mismo.


En todo esto iba pensando mientras el avión atravesaba el Atlántico. Su compañero dormía a su lado y lo primero que había pensado al verlo es que era un tipo de lo más corriente. Un hombre que a los cuarenta años se mantenía en forma, de pocas palabras y que comenzaba a manifestar una calvicie incipiente.

27 de julio de 2011

Las ideas se multiplican con el uso.

Si algo me aterraba hasta hace unos días era quedarme sin ideas. Guardaba celosamente cada ocurrencia pensando en qué novela podría encajarla, o incluso con la vana esperanza de que podría convertirse en una historia completa, ya sabéis un par de detalles por aquí, alguna que otra trama paralela y al final tendría un buen trabajo para presentar a cualquier premio literario.




Temía sobre todo que las ideas se perdieran y que no volvieran, o incluso que me las robaran! Y tenía la extraña creencia de que existía un límite creativo, que mi cerebro sería capaz de generar un número finito de ideas y que depués se cerraría el grifo. Por eso me sentía incómodo alguna que otra mañana, cuando me despertaba con la sensación de que antes de dormirme se me había ocurrido algo, pero al no haberlo apuntado se me había olvidado, y seguramente era esa idea que nos hace comenzar a escribir sin pausa hasta que tenemos trescientas páginas a doble espacio.


TONTERÍAS.


Las ideas de multiplican con el uso. El acto creativo aflora a partir del segundo folio, comienzan a surgir personajes, relaciones, tramas y casi puedo decir que el problema entonces es el exceso creativo. No hay espacio para tantas cosas que se me van ocurriendo a medida que escribo. Surge un personaje que va creciendo, adquiriendo matices, dotándose de un pasado, de un padre con una historia singular o de un acontecimiento de su infancia que marcará toda su vida. ¿Qué hacer con él?(con el personaje, no con su padre, aunque también) ¿Merece ser protagonista o un simple secundario?


Las ideas se multiplican con el uso, y lo hacen de un modo tan extraño que al final la historia tanto podría ir por un camino como por otro, y descubro que muchas veces no importa lo que quiero contar. Una vez que te pones a escribir no sabes a dónde te llevarán tus propias palabras. Algo parecido le ocurría al viejo Bilbo Bolsón, (al que ya trajimos una vez a este Mar de Beaufort), cuando decía que es peligroso poner el pie en el camino, pues comienzas a andar y nos sabes a dónde te llevarán tus pasos.


Por eso he tomado la determinación de escribir una hora cada día. No importa a dónde me lleven los personajes que surjan ni las relaciones o lugares que puedan aparecer. Lo importante es que las ideas se vayan multiplicando con el uso y cuando tenga algo que contar pueda usarlas como relleno, igual que reservamos la grasilla que el lacón suelta en el horno para darle sustancia a las patatas asadas.

26 de julio de 2011

El suceso.

Hoy hace tres años que comenzó todo. Aquel domingo del mes de julio ninguno de nosotros se percató de la magnitud del problema. Cada uno buscó una explicación individual pues todos pensamos, obviamente, que lo que sucedía nos sucedía solamente a nosotros. La juventud, tan dada a los excesos etílicos, pensó que se trataba de los efectos del alcohol y las bebidas carbonatadas; las parejas sin hijos buscaron una explicación en la cena en casa de los amigos y en ese vino tinto que tan bien entraba; los padres y madres se acordaron de las palomitas y los refescos que compartieron con sus hijos en la sesión de las seis; las viudas lamentaron haber terminado esa tableta de chocolate que secretamente saborean cada sábado mientras ven el programa de cotilleos de la tele y los miembros de la corporación municipal sonrieron de satisfación al pensar en la mariscada con la que habían celebrado su primer año de gobierno, sobre todo teniendo en cuenta que la factura había ido a parar al capítulo de gastos de representación del ayuntamiento.

Resumiendo, que aquella mañana del año 2008 cada uno de nosostros tenía una explicación lógica para lo que nos estaba sucediendo y durante unos días a nadie le extrañó que a fulanito o a menganita le pasara lo mismo desde el mismo día. Y esto continúo así hasta que algunos decidieron ir al Centro Médico y el Dr. Cospedal comenzó a hablar de epidémia vírica y de dietas blandas a base de patata cocida, zanahoria y pollo, que además de ser muy beneficiosa para la salud permitía un considerable ahorro en la economía familiar. Todos sabemos la desmesurada afición del Dr. Cospedal por adelgazar a sus pacientes mientras él luce una hermosa y cuidada panza.

Fue en aquel momento cuando se crearon los primeros CCBE (comités ciudadanos para la búsqueda de explicaciones), que en un principio se dedicaron a entrevistar a los vecinos para saber exactamente cómo comenzaron los primeros síntomas y qué posibles coincidencias existían entre todos nosotros. Todavía conservo algunos de los informes redactados por los CCBE y la única conclusión a la que llegamos en aquel momento es que a todos los vecinos nos ocurrió lo mismo la misma noche, independientemente de la edad o el sexo. Únicamente los menores de cinco años no parecían afectados por el extraño suceso, y meses después, cuando el pequeño Matías cumplió los cinco años, descubrimos que a esa edad se manifestaba el problema de forma irreversible y sin ningún tipo de solución.

Mi mujer se pasó dos días llorando. Después de tres meses de gimnasio y operación bikini (no recuerdo haber pasado tanta hambre en mi vida) amaneció un día con una barriga tan voluminosa como cuando estaba embarazada de nuestra segunda hija. A mí no se me notaba tanto pues como bien saben los que me hayan visto en la tele, siempre fuí un poco barrigón. Debo confesar que al principio me burlé de ella pues estaba convencido de que todo se debía al fin de semana en casa de mi suegra, pero con el paso de los días comencé a preocuparme ante la idea de que se tratase de alguna enfermedad rara provocada por el agua o por alguna sustancia utilizada en las granjas de avestruces que el alcalde había construído a las afueras del pueblo.

Finalmente nadie supo darnos una explicación. De la noche a la mañana los doce mil quinientos treinta y dos vecinos del pueblo aparecimos con una barriga cervecera, proporcional a nuestro peso y altura y de forma esférica. Análisis posteriores demostraron que no se trataba ni de tejido adiposo ni de alguna formación quística o tumoral. Simplemente nuestros cuerpos desarrollaron una especie de balón relleno de una sustancia acuosa que todavía no ha sido identificada. Mientras tanto en mi pueblo hemos hecho de nuestras prominentes panzas un signo de identidad y no nos importa que nos llamen Los Barrigolas. Estamos orgullosos de ser como somos pues nos sabemos únicos y observados por científicos, médicos e incluso por un par de agentes del FBI que llegaron hace un par de semanas y parece que han decidido quedarse a vivir entre nosotros.

22 de julio de 2011

Algo tienen los viernes...

Caminan los ciudadanos más felices por las aceras, con el rostro relajado y el caminar pausado. A veces algún desconocido te sonríe y tú, sin saber el motivo, también sonries, como si ambos supieseis que existe un pacto con la vida que hay que respetar, un día de tregua en la semana para serenarse y sonreír.

Algo tienen los viernes que incluso los ancianos caminan más felices hacia el Centro Médico, como si en lugar de ir a ver al doctor fuesen a la taberna a ver el partido del Dépor, aquel año que ganamos la liga. Incluso es posible que sea un viernes cuando algún conductor amablemente te cede el paso en un paso de cebra. Y tú sonríes.

Era un viernes cuando encontraste un billete de cincuenta euros al lado del contenedor azul (para papel y cartón) y aquella vez que acertaste cuatro en la primitiva estabas tomándote el café de los viernes y leyando el periódico cuando de pronto le dijiste al camarero Cóbrame lo de los señores al comprobar que te habían tocado 120 euros en el sorteo de la noche anterior.

Si, algo tienen los viernes. Los funcionarios dan los buenos días a los administrados y los administrados devuelven el saludo como si tal cosa, como si ya no fuese tan necesario echarlos a todos a la calle. Los jefes parecen personas normales y en la radio las noticias parecen menos trágicas. Muchos elegimos un viernes para comezar a cambiar el mundo y reunidos en el bar, con unas cervezas en la mesa, planeamos la estrategia adecuada para conseguir que todos los días sean viernes.

Si, algo especial tiene este viernes de julio. Camino empujando una silla de niño, con el niño dentro, claro. Compostela engalanada para celebrar las fiestas de Apostol y de pronto comienzo a sonreir de satisfacción y de alegría. Se acaba la semana, llegan tres días de descanso y en breve estaremos de vacaciones. Pero no es sólo eso. No, querido lector. Es viernes, y en mi interior se va formando un inmenso sentimiento de serenidad y plenitud. Llevo conmigo lo más importante y preciado que tengo. Va medio dormido y tranquilo pero cuando nos sonríe no hay problemas ni tristezas que puedan ensombrecer nuestros días. Cuando nuestro hijo nos mira y comienza a reirse tengo la sensación de que para él todos los días son viernes, de que es feliz con los padres que le han tocado y que incluso le resultamos simpáticos. Y eso mola.

15 de julio de 2011

H. Ramírez.(II)

H. Ramírez tardó más de dos meses en salir del hospital y casi seis para volver al trabajo. Estrés postraumático, le diagnosticaron, y su médico de cabecera le recomendó que retrasase alguna semanas más su regreso a la vida laboral. A la dificultad para dormir y el miedo irracional a conducir había que añadir los ataques de pánico en los que volvía a revivir  el desagradable suceso,  y lo experimentaba tan vívidamente que de pronto se echaba al suelo gritando na cabeza non, na cabeza non.

Pero H. Ramírez quiso regresar a la oficina, y no por su desmedido amor al trabajo sino para burlarse de su compañero R. Cortés, que además de ser el más eficiente de todos sus subordinados, era guapo y simpático y tenía la extraña manía de ser aficionado del Real Club Deportivo de Coruña. Y como todos sabemos, desgraciadamente el Dépor descendió de categoría en la pasada temporada. No entraremos en detalles sobre la retorcida psicología de algunos jefes que tienden a sentir unos celos terribles y destructivos por algunos de sus empleados, sobre todo si son hombres y tienen un extraordinario éxito entre la mujeres de la empresa, como era el caso de R. Cortés. Diremos simplemente que el único placer que le quedaba a H. Ramírez era el mezquino placer de los mediocres, esto es, joder al prójimo, ya que la prójima se había ido hacía meses dejando una nota en la que le decía que "el problema soy yo, cariño, y necesito tiempo para encontrarme".


Conviene señalar en este punto que las secuelas psicológicas que le habían quedado a H. Ramírez no eran tanto debidas a la agresión en si como al hecho de que después de las tres operaciones maxilofaciales a las que le habían sometido a H. Ramírez no lo conocía ni su madre. Siempre había tenido una expresión bobalicona en la mirada y una sonrisa estúpida, de persona cretina que aún por encima se cree el más simpático de su clase, de la facultad, de la oficina, del club de amigos del vino tinto del Sigüerzo de los Peregrinos, pero después de la operación su nariz había quedado ligeramente torcida hacia la derecha, el pómulo izquierdo claramente hundido y el labio inferior, reconstruido mediante implantes de tejido vacuno, solía caer sobre sí mismo dejando al descubierto los dientes postizos que le habían puesto, tan grandes y tan blancos que uno terminaba por preguntarse si en lugar de tejido vacuno no le habían puesto los dientes de una vaca lechera.

Así pues, una hermosa mañana del mes de julio H. Ramírez volvió al trabajo. Aparcó su coche en el reservado para directivos, saludó amablemente al guardia de seguridad y con una gran sonrisa entró en su despacho mirando a izquierda y derecha e inclinado de cuando en vez la cabaeza. Qué pasa Jorge! Cuánto tiempo Maite, qué bien te veo. Alguien sabe dónde está el Koruño??. Algunos, más por educación que por sentimiento, se levantaron de sus asientos para interesarse por su salud y para mentir descaradamente diciéndole que casi no se notaba nada de nada. Otros simplemente dijeron buenos días y siguieron a lo suyo.

A media mañana se acercó el jefe de personal para presentarle al nuevo encargado de mantenimiento. Lleva con nosostros cuatro meses, le dijo, y forma parte de un convenio de colaboración que la empresa firmó con la Consellería de Traballo e Benestar. Ya sabes, ellos nos dan dinero y nosotros contratamos a personas en riesgo de exclusión. Pero el jefe de personal no pudo seguir con las explicaciónes. H. Ramírez se había tirado al suelo gritando na cabeza non! na cabeza non! mientras intentaba ocultarse detrás de su ergonómica silla de directivo.

8 de julio de 2011

Nimiedades.

Retomar los viejos empeños, recuperar antiguos hábitos, abrir amarillentos cuadernos que un día quedaron a medio escribir. Volver a buscar respuestas a las dos de la madrugada, reflexionar delante del papel en blanco y acostarse con la sensación de haber avanzado, de que la esencia está al alcance de nuestro pensamiento. Refrescar el cuerpo con unas cervezas y al mismo tiempo rehidratar el cerebro para que no se convierta en una uva pasa, para que no se reseque y debilite demasiado. Reconstruir a fuerza de palabras y conversación aquello que pudo desaparecer y no lo hizo. Retener algunas ideas, regresar a nuestros afanes más íntimos, reunirse con nuestras ilusiones y decidir que vale la pena recomenzar.
Y descubrir una vez más que la vida es un regreso continuo a lo que una vez quisimos hacer y fuimos dejando aparcado. A esas pequeñas cosas sin importancia en nuestra vida diaria pero de gran trascendencia en nuestro periplo anímico. Esas nimiedades que son las que dan continuidad a nuestra existencia.

8 de junio de 2011

Despedida sen adeus.



Os gatos ían aparecendo ao pouco de chegar a furgoneta do pescado. Sabían que Carmen, a filla máis nova de Francisca, mercaría un quilo de parrochiñas para irllas botando, unha para cada un. Según a época había máis ou menos gatos, nunca menos de media dúcia e raramente máis de quince. Dáballe a todos, incluso a ese gato tan malo que acaneou ao pastor alemán e que entraba e saía da casa cando lle petaba.
Os gatos botarán de menos á filla máis nova de Francisca, a viúva de Eliseo, á miña tía de Mosteirón que en realidade era tía avoa.
E tamén a rumana que anda a pedir diante do Gadis de Sada vai botar en falta a Carmen, que en lugar de deixarlle unhas moedas lle deixaba dúas dúcias de ovos cada venres. É que ten tres fillos, me contaba, e o home nin traballa nin quere traballar. E aquela desamparada veciña á que sempre lle traía algo de roupa da feira dos domingos ou aquel vellote que andaba polas casas e que sabía que na porta da miña tía sempre había algo para él.

E aínda que xa pasaron tres meses todavía teño ganas de chorar, pero as bágoas xa non queren saír. Teño ganas de quedar acubillado en mín mesmo, deixar que pase o tempo e sentir a dor esvaecerse pouco a pouco e sen embargo cada recordo é un golpe máis, unha mistura de tristeza e serenidade. Como non recordar aquelas tardes de verán nas que nos comíamos unha caixa de cereixas ou un melón mentres viamos a telenovela. Ou aqueles bocadillos de nocilla que nos untaba cunha culler sopera mentres meus irmáns máis eu mirábamos asombrados e lle diciamos que un pouquiño máis, un pouquiño máis. Ou os grandes melocotóns aos que ela chamaba pelóns e que era capaz de ofrecerche catro veces seguidas en menos de dez minutos, e se non querías che dicía que había queixo na neveira, ou empanada na porta de abaixo, ou unha caixa de galletas na porta de arriba...

Marchou sen despedirse, sen deixar nin sequera que a coidáramos como ela coidou de nós cando fixo falta. E se algo me doe e me lastima é saber que non verá medrar ao meu fillo, e que o noso Lois non a coñecerá, non terá ningún recordo dela cando o único que me queda agora son recordos. Sorpréndome ás veces pensando no que lle vou a contar o próximo sábado, en que teño que chamala para saber qué tal vai todo sabendo que me responderá que todo vello. Descubro entón que xa non teño infancia á que volver, que con ela marchou a memoria familiar e o lugar no que me fixen como son. E quedaron tantas cousas por contar, tantas conversas, tantos momentos...

Díxome un día, fai máis de vinte anos, que agora xa podía vivir do conto. Viña de gañar o único premio literario que gañei. Deixeille a rosa que me deron e marchei gastar as vinte mil pesetas cun bo amigo. Lamentablemente non conseguín vivir do conto, máis ben ao contrario. Tanto esforzo e tanto sacrificio, Tía, tanto traballar e loitar polos nosos e seguir traballando e preocuparse polos demáis e volver a comezar. Arrincarlle aos días o sustento coa certeza de que é o que nos queda aos pobres, traballar sen descanso, erguerse cada mañán sen tempo para pensar demasiado no que a vida non nos regalou e ao final marchar un soleado día de marzo, sen tempo de dicir adeus.

15 de abril de 2011

Nociones de astronomía V: enanas blancas.

Una enana blanca es el estado final en la evolución de una estrella, con menos de 8 veces la masa total del Sol. Estas estrellas pierden gran parde su masa por emisión de viento solar y se transformarán en pequeños objetos de enorme densidad. Podemos decir que es lo que queda de una estrella cuando agota  su combustible nuclear.

http://observatorio.info/2004/01/ngc-2440-el-capullo-de-una-nueva-enana-blanca/

Sucede muy a menudo que nos encontramos, después de muchos años, con un antiguo conocido y descubrimos que ha perdido todo su brillo de antaño y se ha convertido en una persona gris y anodina. Si amigos, al igual que en el divertido mundo de las estrellas, galaxias, agujeros negros y civilizaciones extraterrestres, en el mundo social de los humanos también existen las enanas blancas.


Aquel muchacho guapo y divertido del que todos querían ser amigos ha pasado a ser un tipo solitario que mendiga en los bares la conversación de cualquier borracho que al cabo de tres cervezas termina llamándole amigo. Aquella rubia en minifalda que coleccionaba versos de buenos estudiantes y soñaba con los besos de los chicos malos ha ganado un quilo por cada año que ha pasado y un hijo por cada lustro. Y qué decir del matón de la clase, que tenía el record de expulsiones en una semana y presumía de robar el cepillo de la iglesia para comprar tabaco y ahora acude todos los domingos a misa y presume de tener un hijo monaguillo.

Las enanas blancas nos rodean. Personas que brillaron en otro tiempo, que eran admiradas y a las que todos querían parecerse pasan ahora totalmente desapercibidas y cuando volvemos a encontrarnos con ellas nos preguntamos qué demonios tendrían de especial. Algo perdieron con el paso de los años, algo se quedó por el camino y lo peor no es que nosotros nos demos cuenta, lo más triste es que también ellos se dan cuenta de que tuvieron su tiempo y pasó.

7 de abril de 2011

Variaciones sobre el mismo tema o la procrastinación como método de escritura.

Sucede a veces que en mi cabeza se acumulan ideas, historias, pequeños retazos de algún diálogo que pide a gritos una novela en la que aparecer. Comienzo a pensar si puedo incorporarlo a esa novela que siempre estoy a punto de terminar o si encajará mejor en la otra, en la que siempre estoy a punto de empezar. Abro mis viejas carpetas llenas folios viejos escritos a doble cara, amarillentas hojas cuadriculadas esbozando alguna idea  e incluso algunha servilleta en la que apunté algún verso suelto que ya no me dice nada:
"Perdieron las flores su brillo de antaño" o "Dormitaba la noche sentada en un banco".
Y así comienzo a releer mis viejos papeles, a veces incluso escribo un folio o dos y me digo que ya está, que todo es cuestión de dedicarle tiempo ya que la historia va cobrando forma. Pero en lugar de seguir escribiendo decido que lo que está sucediendo es importante y lo que hago es ponerme a escribir esto que ahora estás leyendo.
Sinceramente, así nunca conseguiré terminar mi primera novela. Se me ocurre pensar que tal vez el problema está en pensar en tantas historias a la vez. Al fin y al cabo, sólo soy un hombre y como tal sólo puedo hacer una cosa a la vez.

30 de marzo de 2011

Dios en Compostela.

Una vez más, Mar de Beaufort lo ha conseguido. Como ya os conté hace unos meses, el papa siente un cariño especial por este blog y por este pecador que os escribe. Desde aquella noche de vino y conversación hemos mantenido el contacto. Ya sabéis como funcionan estas cosas:
-Coño, Bieito, dame tú número.
-Venga, va, pásame el tuyo.
- Oye, que si vuelves por Compostela me das un toque.
- Tu quoque, filli mei. Y no olvides que en el Vaticano tienes alojamiento si quieres venirte a pasar unos días. Tengo una casa amplia.

Bueno, el asunto es que nos hemos mandado algún que otro SMS durante estos meses, e inevitablemente ha salido el tema de Dios. No soy quien para dudar o no de su existencia o de los méritos que se le atribuyen, pero debo confesar que a veces tengo momentos en los que me planteo que si existe deberá estar en un lugar concreto ya que si está en todas partes podemos concluír que Dios es todo, y lo que es todo termina por ser nada.
Ante mis dudas Bieito decidió confesarme que Dios estaba de gira durante todo el año. Una semana aquí, un mes acullá. Incluso parece ser que tiene un programa de radio que se emite los martes y los jueves a las ocho y media. Como estas cosas son difíciles de creer aquí dejo la fotografía que lo demuestra. Parece ser que durante un par de meses está en Compostela, muy cerca de los edificios administrativos de la Xunta.
Si yo fuera uno de esos seres malpensados diría que se trata de una campaña de los que gobiernan para que los administrados tengan algún tipo de consuelo al salir de desesperanzados de sus reuniones con nuestros cada vez más queridos representantes públicos.
De todos modos es agradable saber que alguien nos ama.



28 de marzo de 2011

¿Mar de Beaufort está en Facebook?

Ante el aluvión de preguntas sobre mi post en el que aseguraba que Mar de Beaufort está en Facebook me veo en la obligación de aclarar que si, que después de varios intentos puedo asegurar que existé una página en Facebook en la que podéis decir que os gusta o que no os gusta lo que escribo en este blog.
Para no aburriros con esas tediosas explicaciones a las que soy tan dado os diré simplemente que lo conseguí al tercer intento, y que si todo está bien pinchando aquí estaréis en un lugar en el que automáticamente irá apareciendo lo que escriba por aquí. No me preguntéis más, no tengo ni la más remota idea de como es posible que haya tan buen rollito entre blogger y facebook.
Por cierto, no estaría nada mal que alguien me explicara como puedo poner aquí un acceso para aparecer allí. Si es que eso se puede hacer, claro.

27 de marzo de 2011

Dónde está Hilario?

Al igual que hace un año, en el bar de Toño decidimos apagar la luz. Cierto que hubo alguna discusión sobre la pertinencia potenciar el ahorro energético cuando el propio gobierno lo pide. Como ya os habré dicho alguna vez, entre nosotros hay algún elemento anarquista que cree que la revolución consiste en hacer exactamente lo contrario de lo que nos dicen los que mandan.
Como casi siempre ocurre, se inició una discusión en la que los ecologistas decían que había que ahorrar energía siempre, independientemente de quién nos lo pidiese. Algunos se sentían un poco burlados por la sociedad ya que llevaban años y años pidiéndole a los ayuntamientos y a los gobiernos que intentasen ahorrar energía y ahora tenían que soportar que fueran estos los que nos dieran lecciones y recomendaciones sobre un uso eficiente de la energía.
Pero finalmente apagamos la luz, y decidimos dedicarle el gesto a Hilario. Toño insiste en qué no sabe dónde puede estar, y cuando le comenté que tanto Irene como Raquel sabían algo sobre Hilario que no quisieron decirme se limitó a invitarme a otra cerveza y me contó una de sus historias de estudiante.
- Por cierto- me dijo al final- tú sabías que a Hilario lo conocí en Canadá?

23 de marzo de 2011

Naranjas de la Xunta.

Bueno vale, ya se que todos habréis escuchado esa historia que dice que la expresión "naranjas de la China" procede de los tiempos de Marco Polo, que cuando regresó de sus viajes y empezó a contar todo lo que había visto la gente, incrédula y desconfiada de la veracidad de sus palabras le respondía "si si, y naranjas de la China..."
Pues no. Tengo pruebas gráficas que demuestran que el origen de esta expresión está, como tantas otras cosas, en Santiago de Compostela. En concreto en el viejo edificio administrativo de San Caetano. Parece ser que en otros tiempos, bajo el largo y penoso reinado de D. Manuel I era frecuente que los alcaldes y algunos ciudadanos próximos al aparato acudiesen en persona a pedir una pista polideportiva, unas farolas o un puesto para ese sobrino que ni estudia ni trabaja. Parece ser que este curioso proceder llegó a ponerse tan de moda que hubo que nombrar a un Director General y tres o cuatro Subdirectores para la gestión de PECHYTOD (Peticiones, Enchufes, Chanchullos y Todos pa Dentro).
Pues bien, según los más viejos del lugar este exceso de demandas provocó que en más de una ocasión el magnánimo D. Manuel, siempre dispuesto a favorecer a los suyos,  abandonara las dependencias de la Xunta de Galicia en Compostela repitiendo una y otra vez "si si, y naranjas de la China!"
Y como en aquellos tiempos los homenajes y reconocimientos al Presidente eran frecuentes se decidió plantar naranjos adornando los jardincillos que rodean las oficinas de San Caetano. De este modo el administrado puede recurrir a lo propio y en lugar de hablar de naranjas de la China, por estos lares se utiliza la expresión Naranjas de la Xunta!

Que nos dicen que ahorrarán dinero con el catálogo de medicamentos: Naranjas de la Xunta!
Que nos cuentan que el AVE llegará a Galicia en el dosmilnosecuantos: Naranjas de la Xunta!
Que nos explican que tendremos una caja de capital gallego: Naranjas de la Xunta!
Que nos aseguran que en el reparto eólico no hubo favoritismos: Naranjas de la Xunta!

Y así podríamos seguir ya que en los edificios administrativos de San Caetano hay naranjas para dar y tomar.

4 de marzo de 2011

La máquina del magnetismo.

- My god, you're one of them! You're one of them!

Como ya he dicho, Duane era un buen tipo, pero un poco paranoico. Cuando me bajé del camión me siguió con un rifle Springfield M1903 que había heredado de su abuelo, advirtiéndome que podía tratarse de seres peligrosos. Le dije que no se preocupara, que no eran seres de otros mundos, aunque podría decirse que venían de otro planeta. Sin duda no se fiaba de mi capacidad para controlar la situación, pero su confusión fue máxima cuando me acerqué a los dos tipos que estaban manipulando una máquina parecida a una antena parabólica que apuntaba hacia el camión de Duane y comencé a hablarles.

Al ver que me respondían amistosamente, Duane comenzó a decir que yo era uno de ellos, que la invasión había comenzado y que tenía que avisar a la Policía Montada del Canada. Se subió al camión e intentó encenderlo, pero el más feo de mis compatriotas me dijo que no me preocupara, que la máquina de magnetismo estaba encendida y mi compañero no podría arrancar el camión.



Mis paisanos me contaron que venían de Vilanova de Arousa y como siempre suele ocurrir entre nosotros, comenzamos a buscar parentescos y amistades comunes. Que si mi abuela paterna era de Vilagarcía, que si el padre del más alto había trabajado en Compostela... al final resultó que trabajaban para un tipo que era de mi barrio y que les había dicho que podían ganar mucha pasta cazando osos, que había diseñado un sistema basado en el magnetismo para aturdirlos y después cogerlos sin problemas. Llevaban más de un mes utilizando el artilugio, pero por ahora no habían podído cazar ningún oso. De hecho, no se veían osos por allí.

Mientras tanto Duane seguía metido en la cabina del camión, intentando ponerlo en marcha y llevándose el micrófono de la emisora a la boca simulando que hablaba con alguien. Después de repetírselo varias veces comprendió que los dos extraños con los que hablaba eran de mi país y que no habían cruzado la galaxia para invadirnos sino que habían cruzado el océano para cazar osos con un nuevo invento de otro compatriota.

Esbozó una extraña mueca, tal vez una sonrisa, y dijo que esta zona no había osos. Que los osos vivían sobre todo en las zonas costeras, pero que además a estas alturas del año estaban invernando. También dijo que estaba prohibido cazar en todo el territorio del Yukón y que no iba a consentir que dos tipos tan feos se saltasen las leyes del Canadá. Él más pequeño comenzó a blasfemar y recordó el conflicto del fletán y volvió a blasfemar y dijo que estaba hasta los mismísimos de que nos prohibiesen pescar y cazar y cultivar mariguana y siguió maldiciendo y acordándose de San Pedro y del niño Jesús.

El más fuerte, que se llamaba Juanciño y que era el más práctico, decidió que ya no pintaban nada allí y que tal vez tendrían que ir pensando en llamar a su socio y largarse. Duane, que no sabía nada del fletán, les propuso que nos acompañaran hacia el norte y como no tenían nada mejor que hacer aceptaron.

Enganchamos la máquina de magnetismo al camión y arrancamos por fin hacia del Delta de Mar de Beaufort.

---Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
03: La historia de Duane
04: Encuentros en el Círculo Polar Ártico.

3 de marzo de 2011

Hoy me siento guapo.

Pues si, como si esto fuese un mensaje del twiter os digo que hoy me siento guapo. Tal vez porque ayer me cortaron el pelo o porque hace una semana que no me afeito y comienzo a tener la barba que era tan propia de mi en otros tiempos, cuando era más joven. También pueden ser los doscientos que se tomó nuestro bebé o las sonrisas con las que nos daba los buenos días mientras desayunábamos.
La verdad es que no tengo claro lo que me pasa hoy, pero me siento guapo guapo. Y eso hace que también me sienta alegre y ligero, y con ganas de hacer cosas, de caminar. Es lo que tiene el estado de ánimo, que si es positivo te sientes con energía y fuerza, y recuerdas aquellas míticas palabras de superatón sobre la importancia de mineralizarse y supervitaminarse, o tal vez era al revés. Y vas dando saltitos por las aceras.
Y lo más extraño de todo es que tengo la necesidad de compartirlo en  Mar de Beaufort ya que supongo que para esto están las redes sociales, para compartir estados de ánimo, y también para animar a los que nos siguen de la misma manera que los que nos siguen nos animan a nosotros. No se si me explico.
La única razón de escribir estas palabras es para animarte a tí, que ahora lees estas letras, a que te sientas guapo o guapa, o ambas cosas. Sólo tienes que prestar atención y descubrirás que te sienta muy bien esa ropa que llevas puesta, y si te fijas verás que tus ojos brillan de un modo especial hoy, que tienes muy buen aspecto y que, en definitiva, HOY TE SIENTES GUAP@.
Disfrútalo.

24 de febrero de 2011

Ya está aquí!

Se nota en las aceras y en los rostros, en algunos brotes verdes y en pequeñas flores descaradas que se atreven a asomarse y sonreír. Nos lo cantan algunos pajarillos retozones que intentan provocar un boom demográfico avícola. Incluso el reloj parece querer indicarnos algo cuando descubrimos que son las ocho de la mañana... Y YA ES DE DÍA!!


Si, queridos internautas, ya está aquí la primavera.
No esperéis a que sea la noticia del día en los telediarios ni que los periódicos lo saquen en portada en la edición de mañana, pero os aseguro que la primavera ya está aquí. Yo la he visto cruzando el paso de cebra de San Caetano, y os aseguro que no era un empleado/a público/a. Conozco bastante bien a esas desprestigiadas bestezuelas y os aseguro que la primavera no da el perfil.
La primavera está bien vista por casi todo el mundo, menos por los alérgicos, y los padres de niños menores de tres años la esperan para conseguir que sus retoños comiencen a secar las fosas nasales y librarse de tantos mocos que se van acumulando en el invierno.
Pero me pierdo, me sale la verborrea fácil y falta de contenido y voy saltando de una idea a otra sin orden ni concierto. Lo único que quiero decir es que si el Corte Inglés no lo ha dicho, os lo digo yo.
Ya es primavera en Compostela.
Y haríais bien en venir a verla.

Mar de Beaufort se ha unido a Facebook.

Como ya he escrito en una ocasión, yo no estoy Facebook. Digamos simplemente que las relaciones sociales no son mi fuerte. Considero que no llego a ser una persona asocial, pero casi casi. Tengo tal capacidad para malinterpretar gestos, actitudes y palabras que estoy seguro de que en mi muro aparecerían números negativos para referirse a mis amigos.
Por otro lado, me siento un poco perdido con todo lo que puedes hacer a través de las nuevas tecnologías. Últimamente no tengo demasiado tiempo para ponerme al día sobre todas las aplicaciones que me ofrece el mundo de facebook y en general internet. Supongo que habrá alguna manera de que esta entrada pase automáticamente al facebook, pero como no la conozco intentaré improvisar y ya veremos lo que ocurre. Cuando menos será divertido...

18 de febrero de 2011

Encuentros en el círculo polar ártico.

Duane era un buen tipo. Se dedicaba al transporte de mercancías sobre el Río Mackenzie por lo que sólo trabajaba siete u ocho meses al año. Me contó que hubo un verano en el que el Río no llegó a descongelarse y los patronos quisieron que el transporte continuara. Era la época en la que estaban montando las tres grandes plantas de gas en el Delta de Beaufort y había mucho dinero en juego. Los camioneros más veteranos dijeron que era una locura, que el hielo no sería lo suficientemente duro y en cualquier momento se rompería. Los jóvenes comenzaron a dudar y los patronos comenzaron a pagar el doble por viaje. Así pude comprar este tráiler, me confesó, pero tuve mucha suerte. Hubo tres muertos aquel verano y casi una docena de camiones se fueron al fondo del río. Fue Henrry el que me indicó la ruta que debía seguir para que el hielo no estallara con las casi quince toneladas de tubería que yo transportaba.

Llevábamos tres días en ruta y todavía no había conseguido explicarle cómo había llegado a Dawson City. Tampoco yo lo tenía muy claro, la verdad. Mi padre se había puesto muy pesado con lo de aprender inglés en el extranjero. Día tras día llegaba con los catálogos que le daban en la universidad y al final decidí que si quería pagarme los estudios me iría al lugar más lejano. Me decidí por Vancouver, pero me equivoqué al poner el código y acabé en una ciudad llamada Kelowna, a cuatrocientos kilómetros al este.

-Pero Tonio- dijo Duane- Kelowna está a tres mil kilómetros de aquí!

-Ya, pero cuando estás a casi diez mil kilómetros de tu casa te dan igual las distancias.

Por mi acento, Duane estaba convencido de que era mejicano. Nunca había oído hablar de España y no hubo manera de explicarle donde quedaba Compostela. Ni siquiera conocía el Camino de Santiago por lo que simplemente le dije que conocí a una chica que me dijo que estaba de fin de semana en Kelowna, pero que vivía en Dawson City y que podría pasarme por su casa cuando quisiera.

Duane comenzó a reirse y me explicó que se trataba de una frase hecha, que cuando dices que vives en Dawson City estás diciendo que vives en un lugar lejano. Algo así como decir que vives en la Conchinchina o en el culo del mundo. Cuánta razón tenía mi padre al decirme que para aprender una lengua hay que relacionarse con los nativos.

De pronto las luces se apagaron y el motor dejó de funcionar. Duane me miró y yo miré a Duane. Acabábamos de entrar en el cículo polar ártico y todo estaba sucediendo tal y como Duane lo describía. Al intentar salir del camión comencé a escuchar un extraño zumbido, el paisaje comenzó a teñirse de un blanco brillante que me obligó a entornar los ojos.

- Lo oyes?- me dijo Duane- Están intentando comunicarse con nosotros!

Efectivamente, a nuestro alrededor sonaban una serie de voces que para Duane podían estar hablando extrañas lenguas antiguas pero que sorprendentemente yo entendía perfectamente

-Ai qué carallo, Juanciño, xa escarallamos outro camión coa merda do magnetismo...

-Cala, ho, cala, e dalle máis lus co grupo electróxeno a ver se non baixan do camión e volven a arrincar.

-Cajoental! Levo tres semanas disíndoche que isto do magnetismo non serve para casar osos...




--- Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
03: La historia de Duane

13 de febrero de 2011

La historia de Duane.

-Maldita sea, Duane, es la cuarta vez que cuentas esa historia en lo que va de semana! Si tenemos que soportar tus desvaríos podrías al menos inventar nuevas batallitas.

-Déjanos en paz, Henrry. Nosotros también estamos cansados de escucharte hablar de la longevidad de tu perro y no te decimos nada.

-Duane tiene razón, Henrry. Además, el muchacho tiene derecho a saber lo que puede encontrarse si quiere seguir avanzando hacia el norte- dijo el otro viejo desde la otra esquina de la barra.

-Por Dios, Fred, no me dirás que te crees las tonterías que cuenta Duane!

-Yo no creo ni dejo de creer, pero hay que reconocer que haberlas hailas...

Todo había comenzado con la historia de Henrry y de su perro. Yo le pregunté si los 25.000 dólares seguían en Mar de Beaufort y si se conservarían en buen estado. Él contestó que no se trataba de billetes sino que eran cinco bolsas con pepitas de oro. En aquella época y en aquellos territorios los pagos se hacían mediante pepitas de oro y como todos sabemos, el oro lleva siglos revalorizándose sin parar. Calculé que si era cierto lo que me estaban contando, en algún lugar del delta de Beaufort había una fortuna. Les propuse ir a buscarlo pero dijeron que se trataba de oro maldito y que nadie del territorio del Yukón se atrevería a tocarlo.

Fue entonces cuando Duane se unió a la conversación. Me explicó que en dos días saldría hacia el norte para aprovisionar la planta de gas de Mackenzie y que tenía sitio libre en su camión, pero que antes debería saber a lo que me enfrentaba.

Todos sabéis que al cruzar el círculo polar ocurren cosas extrañas, no soy el único que ha visto las luces en el cielo. Durante los últimos tres años recorro la misma ruta y puedo deciros el lugar exacto en el que la emisora del camión deja de funcionar y los aparatos eléctricos se vuelven locos. La semana pasada, justo al cruzar el paralelo 66, comencé a escuchar un zumbido y pude ver un resplandor que poco a poco iba cubriendo todo lo que me rodeaba. De pronto algo estalló y el motor dejó de funcionar. Salí de la cabina, el silencio era tan profundo que tuve la sensación de quedarme sordo. Todo a mi alrededor estaba iluminado por una extraña luz y todo era nítido y a la vez parecía cubierto de una niebla brillante que parecía penetrar en mis ojos y llegar hasta el centro de mi cabeza. Y entonces comencé a escuchar voces en mi interior, miles de voces que luchaban por hacerse oír y que parecían hablarme en extrañas lenguas antiguas...

- Extrañas lenguas antiguas? Vamos Duane, qué demonios quiere decir eso?

- Tienes que dejar de consumir la Ayahuasca de Joao Velho.

Pensad lo que queráis, pero estoy seguro de que intentan comunicarse con nosotros. Su intención la desconozco, pero si Tonio quiere ir hacia el norte en busca del oro debe saber que no sólo se enfrentará al frío y a los hambrientos osos salvajes. Hay fuerzas desconocidas en los márgenes del Mackenzie que tal vez no estamos preparados para descubrir.

--- Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken