24 de febrero de 2011

Ya está aquí!

Se nota en las aceras y en los rostros, en algunos brotes verdes y en pequeñas flores descaradas que se atreven a asomarse y sonreír. Nos lo cantan algunos pajarillos retozones que intentan provocar un boom demográfico avícola. Incluso el reloj parece querer indicarnos algo cuando descubrimos que son las ocho de la mañana... Y YA ES DE DÍA!!


Si, queridos internautas, ya está aquí la primavera.
No esperéis a que sea la noticia del día en los telediarios ni que los periódicos lo saquen en portada en la edición de mañana, pero os aseguro que la primavera ya está aquí. Yo la he visto cruzando el paso de cebra de San Caetano, y os aseguro que no era un empleado/a público/a. Conozco bastante bien a esas desprestigiadas bestezuelas y os aseguro que la primavera no da el perfil.
La primavera está bien vista por casi todo el mundo, menos por los alérgicos, y los padres de niños menores de tres años la esperan para conseguir que sus retoños comiencen a secar las fosas nasales y librarse de tantos mocos que se van acumulando en el invierno.
Pero me pierdo, me sale la verborrea fácil y falta de contenido y voy saltando de una idea a otra sin orden ni concierto. Lo único que quiero decir es que si el Corte Inglés no lo ha dicho, os lo digo yo.
Ya es primavera en Compostela.
Y haríais bien en venir a verla.

Mar de Beaufort se ha unido a Facebook.

Como ya he escrito en una ocasión, yo no estoy Facebook. Digamos simplemente que las relaciones sociales no son mi fuerte. Considero que no llego a ser una persona asocial, pero casi casi. Tengo tal capacidad para malinterpretar gestos, actitudes y palabras que estoy seguro de que en mi muro aparecerían números negativos para referirse a mis amigos.
Por otro lado, me siento un poco perdido con todo lo que puedes hacer a través de las nuevas tecnologías. Últimamente no tengo demasiado tiempo para ponerme al día sobre todas las aplicaciones que me ofrece el mundo de facebook y en general internet. Supongo que habrá alguna manera de que esta entrada pase automáticamente al facebook, pero como no la conozco intentaré improvisar y ya veremos lo que ocurre. Cuando menos será divertido...

18 de febrero de 2011

Encuentros en el círculo polar ártico.

Duane era un buen tipo. Se dedicaba al transporte de mercancías sobre el Río Mackenzie por lo que sólo trabajaba siete u ocho meses al año. Me contó que hubo un verano en el que el Río no llegó a descongelarse y los patronos quisieron que el transporte continuara. Era la época en la que estaban montando las tres grandes plantas de gas en el Delta de Beaufort y había mucho dinero en juego. Los camioneros más veteranos dijeron que era una locura, que el hielo no sería lo suficientemente duro y en cualquier momento se rompería. Los jóvenes comenzaron a dudar y los patronos comenzaron a pagar el doble por viaje. Así pude comprar este tráiler, me confesó, pero tuve mucha suerte. Hubo tres muertos aquel verano y casi una docena de camiones se fueron al fondo del río. Fue Henrry el que me indicó la ruta que debía seguir para que el hielo no estallara con las casi quince toneladas de tubería que yo transportaba.

Llevábamos tres días en ruta y todavía no había conseguido explicarle cómo había llegado a Dawson City. Tampoco yo lo tenía muy claro, la verdad. Mi padre se había puesto muy pesado con lo de aprender inglés en el extranjero. Día tras día llegaba con los catálogos que le daban en la universidad y al final decidí que si quería pagarme los estudios me iría al lugar más lejano. Me decidí por Vancouver, pero me equivoqué al poner el código y acabé en una ciudad llamada Kelowna, a cuatrocientos kilómetros al este.

-Pero Tonio- dijo Duane- Kelowna está a tres mil kilómetros de aquí!

-Ya, pero cuando estás a casi diez mil kilómetros de tu casa te dan igual las distancias.

Por mi acento, Duane estaba convencido de que era mejicano. Nunca había oído hablar de España y no hubo manera de explicarle donde quedaba Compostela. Ni siquiera conocía el Camino de Santiago por lo que simplemente le dije que conocí a una chica que me dijo que estaba de fin de semana en Kelowna, pero que vivía en Dawson City y que podría pasarme por su casa cuando quisiera.

Duane comenzó a reirse y me explicó que se trataba de una frase hecha, que cuando dices que vives en Dawson City estás diciendo que vives en un lugar lejano. Algo así como decir que vives en la Conchinchina o en el culo del mundo. Cuánta razón tenía mi padre al decirme que para aprender una lengua hay que relacionarse con los nativos.

De pronto las luces se apagaron y el motor dejó de funcionar. Duane me miró y yo miré a Duane. Acabábamos de entrar en el cículo polar ártico y todo estaba sucediendo tal y como Duane lo describía. Al intentar salir del camión comencé a escuchar un extraño zumbido, el paisaje comenzó a teñirse de un blanco brillante que me obligó a entornar los ojos.

- Lo oyes?- me dijo Duane- Están intentando comunicarse con nosotros!

Efectivamente, a nuestro alrededor sonaban una serie de voces que para Duane podían estar hablando extrañas lenguas antiguas pero que sorprendentemente yo entendía perfectamente

-Ai qué carallo, Juanciño, xa escarallamos outro camión coa merda do magnetismo...

-Cala, ho, cala, e dalle máis lus co grupo electróxeno a ver se non baixan do camión e volven a arrincar.

-Cajoental! Levo tres semanas disíndoche que isto do magnetismo non serve para casar osos...




--- Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
03: La historia de Duane

13 de febrero de 2011

La historia de Duane.

-Maldita sea, Duane, es la cuarta vez que cuentas esa historia en lo que va de semana! Si tenemos que soportar tus desvaríos podrías al menos inventar nuevas batallitas.

-Déjanos en paz, Henrry. Nosotros también estamos cansados de escucharte hablar de la longevidad de tu perro y no te decimos nada.

-Duane tiene razón, Henrry. Además, el muchacho tiene derecho a saber lo que puede encontrarse si quiere seguir avanzando hacia el norte- dijo el otro viejo desde la otra esquina de la barra.

-Por Dios, Fred, no me dirás que te crees las tonterías que cuenta Duane!

-Yo no creo ni dejo de creer, pero hay que reconocer que haberlas hailas...

Todo había comenzado con la historia de Henrry y de su perro. Yo le pregunté si los 25.000 dólares seguían en Mar de Beaufort y si se conservarían en buen estado. Él contestó que no se trataba de billetes sino que eran cinco bolsas con pepitas de oro. En aquella época y en aquellos territorios los pagos se hacían mediante pepitas de oro y como todos sabemos, el oro lleva siglos revalorizándose sin parar. Calculé que si era cierto lo que me estaban contando, en algún lugar del delta de Beaufort había una fortuna. Les propuse ir a buscarlo pero dijeron que se trataba de oro maldito y que nadie del territorio del Yukón se atrevería a tocarlo.

Fue entonces cuando Duane se unió a la conversación. Me explicó que en dos días saldría hacia el norte para aprovisionar la planta de gas de Mackenzie y que tenía sitio libre en su camión, pero que antes debería saber a lo que me enfrentaba.

Todos sabéis que al cruzar el círculo polar ocurren cosas extrañas, no soy el único que ha visto las luces en el cielo. Durante los últimos tres años recorro la misma ruta y puedo deciros el lugar exacto en el que la emisora del camión deja de funcionar y los aparatos eléctricos se vuelven locos. La semana pasada, justo al cruzar el paralelo 66, comencé a escuchar un zumbido y pude ver un resplandor que poco a poco iba cubriendo todo lo que me rodeaba. De pronto algo estalló y el motor dejó de funcionar. Salí de la cabina, el silencio era tan profundo que tuve la sensación de quedarme sordo. Todo a mi alrededor estaba iluminado por una extraña luz y todo era nítido y a la vez parecía cubierto de una niebla brillante que parecía penetrar en mis ojos y llegar hasta el centro de mi cabeza. Y entonces comencé a escuchar voces en mi interior, miles de voces que luchaban por hacerse oír y que parecían hablarme en extrañas lenguas antiguas...

- Extrañas lenguas antiguas? Vamos Duane, qué demonios quiere decir eso?

- Tienes que dejar de consumir la Ayahuasca de Joao Velho.

Pensad lo que queráis, pero estoy seguro de que intentan comunicarse con nosotros. Su intención la desconozco, pero si Tonio quiere ir hacia el norte en busca del oro debe saber que no sólo se enfrentará al frío y a los hambrientos osos salvajes. Hay fuerzas desconocidas en los márgenes del Mackenzie que tal vez no estamos preparados para descubrir.

--- Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken

7 de febrero de 2011

M. A. Barranco.

M. A. Barranco era un muchacho de buena familia que no estaba orgulloso de serlo. Su abuelo era un nazi que encontró refugio en la España de los años cincuenta y su padre un franquista reconvertido en diputado en los setenta. Como venganza, en los noventa se afilió a Izquierda Unida, y en lugar de hacer carrera diplomática, como le recomendaba su padre, decidió dedicarse al mundo literario. Pero antes de mostrar su rechazo al pasado familiar terminó sus estudios universitarios, hizo un máster en Ginebra y otro en Berlín y se pasó dos años viajando por el mundo, todo a cargo del erario familiar.

M. A. Barraco era una de esas personas con más voluntad que talento. Después de intentar sin éxito publicar su primera novela decidió pasarse al otro lado y creó su propia editorial, especializada en la edición en español de autores europeos, sobre todo alemanes y suizos. La fortuna quiso que los primeros títulos publicados fuesen un auténtico bombazo y en un par de años recibió una oferta millonaria de un gran grupo editorial para que vendiese su pequeño negocio. A cambio, pasó a ocupar un cargo de directivo en la gran empresa y con el tiempo que le sobraba, que era mucho, decidió representar a unos cuantos escritores nacionales cuya fama iba en aumento y que le reportaban un quince por ciento cada vez más jugoso.

M. A. Barranco era la demostración empírica del dicho popular que dice que dinero llama dinero, aunque a él le gustaba pensar que era un hombre hecho a sí mismo, orgulloso de romper con la tradición familiar consistente en convertir el dinero público en patrimonio propio y sin ningún prejuicio a la hora de de declarar su homosexualidad e irse a vivir con un muchacho de familia pobre del que se enamoró en un mitin de Gaspar Llamazares.

M. A. Barranco le sorprendió recibir una llamada de H. Ramírez. Tenía su número de teléfono grabado porque María Visitación se negaba a tener un teléfono móvil y a veces era imposible localizarla en su casa. Pero lo que más sorprendió a M. A. Barranco fue oír la voz de su compañero de piso y compañero sentimental desde hacía cuatro meses.

- Pero desde qué teléfono me estás llamando?

- Nada, desde el móvil de un tipo al que acaban de abrirle la cabeza. Intento llamar a su casa y nadie contesta, y como no tengo saldo aprovecho para decirte que hoy no iré a comer a casa.

3 de febrero de 2011

Nociones de astronomia IV: Estrellas fugaces

Pues lo primero que hay que decir es que no se trata de estrellas. Pensaban los antiguos que de la bóveda celeste se desprendía de vez en cuando alguna estrella y caía hacia un lado u otro, dependiendo del capricho de los dioses en aquel preciso momento. Ahora sabemos que lo que conocemos como estrella fugaz no es más que un pedazo de roca procedende de un cometa o de los restos de la formación de los planetas del Sistema Solar. En definitva, se trata de escombros siderales que al atravesar la atmósfera terrestre se incendian y acaban consumiéndose antes de llegar a la tierra, aunque a veces pueden impactar contra la superficie y crear un pequeño o un gran cráter, según el tamaño del meteoro en cuestión.



Cómo los seres humanos estamos programados para creer que las cosas pasan por algo, cuando vemos un pedazo de escombro atravesando la atmósfera solemos pedir un deseo, o anotar la fecha para recordarla toda nuestra vida o, si estamos con la persona amada, creer que se trata de una señal que nos indica que esa es la persona de nuestra vida. Somos así, nos gusta atribuir intenciones a lo que  nos rodea, solemos prejuzgar los acontecimientos según nos convenga en cada ocasión y nos cuesta ver los hechos sin tener la sensación de que están relacionados con nosotros.
Esta costumbre nuestra suele traernos muchos problemas en la relación diaria con los otros seres humanos, pero resulta divertida al contemplar las estrellas, sobre todo si son fugaces. Un fenómeno puede significar cosas distintas para personas distintas y sin embargo ser el mismo fenómeno. Eso debería hacernos más cautos a la hora de atribuir intenciones a los demás.