30 de septiembre de 2011

NO a la fuga de personajes de Mar de Beaufort.

Hoy es un día triste para mi. A pesar de mis esfuerzos, de las noches robándole horas al sueño y de los días perdidos para conseguir esa frase decisiva que defina su carácter van y me dicen que se quieren ir, que no es nada personal pero que necesitan vivir su vida. Dicen que después de un año y medio quieren ver mundo, conocer a otros blogueros y encontrar su sitio en el universo de la ficción. El hogar se les ha hecho pequeño, las visitas son demasiado escasas como para satisfacer su curiosidad y mi lentitud para tejer historias hace que el tiempo les resulte pesado y monótono.


Yo les digo que cambiaré, que me esforzaré por comprenderlos mejor. Buscaré nuevas emociones y nuevos escenarios. En un arranque de sentimentalismo impropio de un ex-legionario como yo me pongo a llorar y les digo que los quiero. Ellos se muestran fríos y distantes y me dicen que no me servirá de nada, que están decididos a abandonar Mar de Beaufort, y que si trato de impedírselo alegarán carencia de talento y falta de imaginación para demandarme ante el T.C.F. (Tribunal de los Creadores Fallidos) para sacarme una fuerte indemnización por daños a su imagen y a su evolución como entes literarios universalmente conocidos.


Me siento impotente, y puede que tengan razón. Hilario, por ejemplo, me dice que quiere parecerse un poco más a Michel Strogoff y M.V. Compostizo, tan delicada y sensible a veces, me dijo que estaba hasta las narices de la Albufeira y del viño verde. Y los agentes Ginger y Weird quieren saber que hay más allá pues llevan ya un mes saliendo del aeropuerto.


Y por si esto fuera poco el otro día Toño me dijo que estaba cansado se ser real y que quería que lo convirtiese en un personaje, que eso de poner cervezas y dar conversación estaba muy bien, pero que lo que realmente le gustaría es vivir en la incertidumbre de no saber lo que le aguardaba en la próxima entrada, y que además le gustaría tener etiqueta própia en los Rumbos del Mar de Beaufort.


En resumen, que los personajes que merodean por Mar de Beaufort han ido cobrando fuerza y amenazan con trasladarse a otros blogs más populares. Ayúdame a impedirlo! Di NO a la fuga de personajes de Mar de Beaufort. Comenta esta entrada pidiéndoles que se queden, enlaza esta entrada en tu facebook o entra en la página de Mar de Beaufort para mostrar tu más enérgica oposición a que unos personajillos de pacotilla se rebelen contra la mano que los ha creado.

28 de septiembre de 2011

Me lo dijo Toño.

- Vamos, Toño, me estás diciendo que conociste a Hilario en el Círculo Polar Ártico!?

- Te estoy diciendo que conocí a Hilario en el Delta del Mar de Beaufort- contestó mientras ponía otro par de cervezas en la barra del bar- Gracias a él pudimos recuperar el oro de Harry y meterlo en el camión de Duane sin que los federales nos hiciesen demasiadas preguntas. ¿Dónde crees que conseguí la pasta para montar este bar?

No supe que decir. Durante las últimas horas Toño me había hablado de su época de estudiante en Canadá. Todo había comenzado cuando le pregunté si sabía algo de Hilario. No puedo explicarlo, pero siempre tuve la sensación de que entre Hilario y Toño existía cierta complicidad, una especie de camaradería que se adquiere al compartir experiencias poco frecuentes. Lo que no esperaba es que me contase una aventura que rozaba lo esperpéntico, y mucho menos que me confesase que Hilario era una especie de agente del gobierno como los que salen en las series de televisión.

Al parecer, Hilario había sido reclutado por un hermano de su abuela, que había emigrado a Estados Unidos en los años cincuenta y por casualidades de la vida formaba parte del equipo de trabajo que se formó después del famoso caso Roswell. Cuando se encontró con el grupo de Toño acompañaba a una unidad de asalto que estaba buscando el origen de una extraña señal electromagnética que habían captado desde los radiotelescopios de Alaska.

- Después de unos cuantos días de interrogatorios y aclaraciones, Hilario consiguió convencer a sus superiores de que no representabamos ningún peligro para los intereses de la nación. Nos ayudó a buscar el oro de Harry y cuando lo encontramos me pidió que me ocupase de poner a buen recaudo la parte que le correspondía. Yo regresé a Compostela y monté este bar, él siguió trabajando para los americanos. El resto de la historia ya la conoces, te has encargado de publicarla en tu blog de una forma magistral y con una narración viva y directa que sumerge al lector en un ambiente de intriga y misterio al mejor estilo de la novela negra de los Grandes de la literatura universal.

- Bueno bueno, creo que exageras un poco- contesté un poco ruborizado.
- Para nada -me dijo Toño mientras atendía a una pareja de chavales que venían a comprar un par de palmeras de chocolate- eres uno de los mejores escritores de blogs que conozco. Y te diré más... o mucho me equivoco o en breve tendremos noticias de Hilario.

22 de septiembre de 2011

Buscando mi perfil.

Perdonen mi ausencia, han sido tiempos complicados. En las últimas semanas he dedicado el poco tiempo del que dispongo a crearme un perfil en internet. Yo, que nunca me he preocupado demasiado por las apariencias me descubro buscando un perfil adecuado que mostrar. Como saben, no tengo muy claro que esto de internet y las redes sociales sirva para unir a los pueblos del mundo, pero entre el "+Tú" de google y la constatación, día tras día, de que Mar de Beaufort recibe escasas visitas pues me he dicho que tengo que intentar participar un poco más la red, darme a conocer, no se si me entienden.

Y lo primero que me planteo es si debo descubrir mi verdadera indentidad y poner mi foto o seguir con ese cachorrillo de oso polar que hace referencia al osezno que tengo en casa, pero que también está muy acorde con el título de este diario. La verdad, es que me da un poco de vergüenza que mi cara aparezca por ahí, aunque pensándolo bien, la mayoría de lectores de este blog saben perfectamente quien soy y no se sorprenderán al verme la cara y desubrir que tengo menos pelo que hace quince años y que mi rostro se ha redondeado un poco.

Después está lo de facebook, el twiter y la participación activa en algunos blogs que me gustan y que sigo. Y aquí vuelven las dudas sobre el anonimato o la indicación clara de quien soy. Tal vez se trate de un problema de autoestima. A veces tengo la sensación de que lo que me gustaría decir o escribir es irrelevante, y decido mantenerme en silencio. Y si en la vida real el silencio es simplemente una característica que algunos valoran y otros no, en el mundo virtual de internet el silencio significa ausencia. Creo que por eso hay tantos comentarios en ciertos blogs que sin aportar nada, quieren dejar constancia de que alguien ha pasado por allí, de que tenemos presencia en la red, de que formamos parte de algo.

Pero estabamos con mi perfil. ¿Qué puedo escribir sobre mi? Para cada unos de mis seguidores soy alguien distinto. Incluso puede suceder que sea un auténtico desconocido. Puedo poner en mi perfil que me gusta el cine, pasear y escuchar música, que es lo que pone todo el mundo. Pero, ¿pondré algo sobre mí, algo que me identifique como persona única e inconfundible?

No lo se ni me importa. La verdad es que no sabía que escribir y me puse a improvisar. Tal vez mañana pueda retomar alguna de las historias que quedan  a medio contar. Al fin y al cabo, he creado este sitio para contar historias.