30 de diciembre de 2012

Feliz 2013 desde Mar de Beaufort.

Anochece.
Apenas unas horas para que termine este 2012 y nada nuevo que contar.
Si hace tres años estaba solo ante la inmensidad helada del Mar de Beaufort ahora son un par de docenas las visitas que recibe a diario este sitio, según las estadísticas que me proporciona el blogger.


Hace un par de meses que a estas costas llegan cada vez más visitantes, navagantes curiosos tal vez, buscadores de relatos o simplemente viajeros que han equivocado el rumbo. No descarto que se trate de un error de la página y que las nuevas visitas no sean tantas, pero de todos modos tengo la certeza de que hay nuevas personas que me leen aquí o en la página de facebook y que incluso comentan de vez en cuando.

Debo confesar que también yo he comenzado a salir más y a la derecha encontrareis las indicaciones necesarias para llegar a otros puertos en los que me siento como en casa. No conozco a ninguno de sus creadores y creadora personalmente, pero considero que son compañeros de búsqueda, habitantes de este cambiante e inabarcable mundo de internet que, como yo, necesitan un espacio propio en el que plasmar sus opiniones, sus creaciones o simplemente sus reflexiones sobre esta realidad que nos ha tocado vivir. CrisSBarbarroja, Antonio, Pascual, Joan,  muchas gracias por vuestras visitas y vuestros comentarios. Espero que estas rutas que hemos abierto entre nuestros lugares sean igual de enriquecedoras para vosotros como lo son para mí.

No me olvido de aquellos que me conocéis de hace años, de antiguos compañeros de estudios a los que ya no veo pero que gracias a las redes sociales también leen este blog y le dan difusión a través de facebook o de twiter. Alex, Isabel, Antón, Ana ... muchas gracias por seguirme y por los "me gusta". A mí también me gusta que os guste. Los que estáis aquí y ahora no necesitáis que os lo diga, pero muchas gracias por estar y por soportar mi tendencia asocial. Deberiamos vernos más, ya lo se, pero desde Mar de Beaufort no siempre hay buenas comunicaciones con el mundo exterior. Gema, Sonia, Juan Carlos, Iván, Sara, Simón, Xosé Manuel, Carlos, Cristina, Sergio, Manel, Diana, Bea, Pili... muchas gracias por venir. Y muchas gracias a Ferrolm por seguir.

Y por último un saludo a todos los que según este mapa llegáis desde el continente americano. Desconozco las rutas que os han llevado hasta mi humilde sitio, pero muchas gracias por las visitas y espero que por lo menos haya sido un momento agradable, que no hayáis perdido el tiempo leyendo lo que escribo y que tengáis ganas de regresar.


Anochece.
Los inquilinos de este blog se han ido de vacaciones, celebran estas fiestas con sus familias o simplemente están aclarando sus ideas y sus objetivos para el próximo año. Algunas quieren volver, otros buscan desesperadamente una salida para el embrollo en el que ahora mismo se encuentran y hay uno en concreto que amenaza con hacerse un blog para él solito si no lo convierto desde ya en novela. Majaderías de personas sin vida propia, ya me entendéis. Las criaturas que merodean por Mar de Beaufort son bastante caprichosas y fanfarronas. Amenazan con marcharse pero al final van apareciendo una y otra vez. En el fondo son buena gente.

Tal vez por eso me han convencido para que escriba esta entrada y os desee a todas y a todos un feliz año 2013. Espero que me acompañes en el año que está a punto de comenzar y que encuentres en este sitio algo interesante que te haga regresar. Yo intentaré ir cerrando algunas historias y seguramente abriré otras, aunque la historia más hermosa espero contarla cuando llegue la primavera y pueda hablaros de nuevas llegadas. Sin duda el año 2013 será un año de bienes para nosotros, espero que también para tí, y que podamos disfrutarlo juntos.

Nevaba en Compostela cuando comencé a escribir este Diario. Ahora anochece, y a escasas horas para que termine el 2012 no hay nada nuevo que contar.

Simplemente, FELIZ 2013.



20 de diciembre de 2012

Nociones de Astronomía IX: el mundo no se acabará mañana.


La luna sonríe tímidamente a un casi imperceptible Venus mientras se difuminan en el cielo las estelas de los aviones más madrugadores. A lo lejos, O Pico Sacro aguarda la ardiente visita del sol. Altivas farolas se burlan del malhumorado despertar de los habitantes de las ciudades, siempre conduciendo con prisas para llegar a la rutina diaria. A través de los cables de la ciudad fluye la energía y la información que nos hará sentir que somos invencibles, que somos los reyes de la creación.




Amanece un día más en Compostela, un día cualquiera, un día como será el día de mañana y que no aportará demasiadas novedades a lo que fue el día de ayer. Amanece. Un silencio luminoso invade las calles, las aceras y los jardines mientras que en el cielo aparecen las brumas que nos recuerdan que no todo será luz este día. Amanece. Un fuego inmenso comienza a abrazar el horizonte y algunos árboles parecen inmensos y cercanos, gigantes en llamas en batalla constante con el infinito que amenaza con devorarnos cualquier día.



Pero hoy no será ese día. Un sol como un mundo nos anuncia que la vida comienza su ciclo por estos lares. La montaña sagrada de nuestros antepasados se deja querer como todos los inviernos, preparada para ser la frontera, el límite a partir del cual el astro Rey tendrá que volver sobre sus pasos y regresar. Crecerán los días, celebraremos el triunfo de la luz disfrazando de falsas creencias lo que ya los antiguos veneraban sobrecogidos: el creador del mundo y de la vida es aquel que se manifiesta cotidianamente ante nosotros. Tendremos la evidencia de que nos somos más que una casualidad, un pequeño destello de grandeza condenado a integrarse en la inabarcable rueda del tiempo. Seremos simplemente una minúscula pieza en este presente que nos ha tocado vivir, en este día que avanzará sin que el resto del universo se percate tan siquiera de nuestra presencia.



Bajo este sol que ahora nos ilumina nacerán generaciones enteras, afortunados humanos que nunca pasarán hambre o tristes niños que nunca llegarán a ser adultos, hombres malos, mujeres desgraciadas... Nacerán generaciones enteras, diferentes en sus herencias y tan opuestas en sus intereses que solamente la muerte los igualará un día. Somos miles naciendo cada día, abriendo los ojos a un mundo injusto y diverso, llenos de vida y de fuerza, aunque las esperanzas no sean las mismas aquí que el desierto. Y sin embargo nacemos en el mismo mundo y somos hijos del mismo tiempo. Es el mismo sol el que cada día nos ilumina a todos e incluso aquellos que según lejanas noticias son perseguidos, torturados y asesinados nacieron como nosotros un día y tienen el mismo derecho a ser felices y a vivir que nosotros tenemos.


El mundo no se acabará mañana, aunque cada segundo se acabe trágicamente para miles de personas sin que ni siquiera sintamos una punzada de dolor. Como siempre, me enredo en cuestiones banales, vivo a diario encerrándome en burbujas de indolencia y desconocimiento, esforzándome para creer que el mundo es así y que no tiene remedio. Intento proteger mi felicidad atribuyendo al azar la fortuna de mi nacimiento, subestimando mi capacidad para cambiar las cosas y culpando de las grandes injusticias del mundo a personas malvadas y sin escrúpulos.


No. El mundo no se acabará mañana, aunque tal vez mañana tengamos que comenzar a luchar por un mundo en el que el sol brille para todos con la misma dureza y con la misma suavidad. El mundo no se acabará porque a los planetas, a las galaxias y a los agujeros negros les tiene sin cuidado lo que hayan escrito en piedras hace siglos unos tipos que pasaron por el mundo como nosotros pasaremos: obsesionados por un mañana incierto y lejano cuando tenemos el presente a nuestra entera disposición. Solo de nosotros depende saber aprovecharlo en lo realmente importante.


30 de noviembre de 2012

Las reglas del R9.

Pocos de vosotros sabréis lo que significa conducir un R9, elegido mejor coche del año en europa en 1982. Muchos ni siquiera lo reconoceréis si lo veis por la calle, o giraréis la cabeza al descubrir un coche que parece de otro tiempo. Lo es. Os aseguro que conducir el R9 es una experiencia religiosa, algo que solamente algunos inciados podemos disfrutar plenamente. En estos tiempos absurdos de dirección asistida y faros de xenon, con lucecitas de colores en el salpicadero y señales acústicas para todo sentarse al volante del R9 significa aceptar ciertas reglas.



La primera de ellas, de obligado cumplimiento, es tirar de la palanca del aire cuando intentas arrancarlo. Si no hay palanca, no hay encendido. Por eso, cuando el agente Weir intentó sentarse al volante argumentando que era lo más parecido al sedán del FBI que solía conducir en Wisconsin, tuve que hacer pequeños chasquidos con la lengua moviendo mi índice de un lado a otro.
- No, my friend, no. My car is only for me- le dije mientras amablemente le señalaba el asiento de atrás. No tanto por su desconocimiento de la primera regla, sino porque la segunda regla del R9 es que sólo yo conduzco el R9.

A pesar de su tamaño, el agente Weir parecía el típico bonachón despistado que es capaz de preguntarte dónde está la Catedral el la mismísima Praza do Obradoiro. Por eso se metió en el coche refunfuñando algo que no comprendí, pero que provocó que su compañera se riese con ganas mientras me guiñaba maliciosamente un ojo.

-Venga, arranca ya, que el camino es largo y el tiempo apremia.
Hilario utilizaba estas expresiones solemnes cuando no tenía ganas de dar explicaciones. Quería llegar lo antes posible y sabía que a estas horas el peaje de la autopista se ponía imposible. Tal vez por eso comenzó a impacientarse al descubrir que no pasabamos de noventa y que todo el mundo nos miraba al adelantarnos. Si su intención era pasar desapercibido se había equivocado de coche. Un R9 a 90 km/h por la autopista, con una pareja bien vestida en el asiento de atrás, un tipo con una camiseta de Los Suaves de copiloto y un barbudo muy feo conduciendo.

Por eso no me extrañó lo más mínimo que al salir de la autopista nos estuviera aguardando una patrulla de la Guardia Civil. Pero en lugar de pedirme los papeles del vehículo nos dijeron que llegábamos con retraso, que el concierto estaba previsto para las diez y media y que el alcalde estaba esperando por nosotros para entregarnos la llave de oro de la ciudad.

No pudimos negarnos. El agente Weir demostró ser un auténtico maestro con la guitarra y yo siempre me he defendido bien con el bajo. Hilario se sabía algunas canciones y el resto es Rock&Roll.

8 de noviembre de 2012

James Bond, La 2 y la extraña tonteoría de los envoltorios.

Parece ser que la creatividad y el disfrute de las expresiones artísticas que muestran algunos seres humanos no es más que una forma más de seducción, otra trampa más de la naturaleza para conseguir que la vida continúe. Dicen los expertos que una sinfonía, un cuadro o una poesía son biológicamente iguales a los cuernos de los ciervos o las plumas coloradas de los tucanes. Sirven para presumir y para beneficiarse a algún miembro de nuestra especie que se deje seducir por estas cosas.


http://anima-blog.blogspot.com.es/2012/01/pistas-sobre-la-osteoporosis-en-la.html
De lo que se trata, simplemente, es de conseguir que nuestros genes pasen a la otra generación mezclados con los mejores genes disponibles en el entorno. Y como el ser humano, sobre todo las humanas son bastante retorcidas pues no es suficiente con tener la cornamenta más grande o el pelo más resistente. No señor! Para algunas hay que pintar y cantar y todo eso, y a veces ni esto es suficiente.

Todo esto lo pensaba mientras James Bond le decía a Electra aquello de que El mundo nunca es suficiente. Debo confesar que antes había visto el documental de La 2 sobre la importancia del sexo en la evolución y me quedé con la idea del arte como mero instrumento para ligar. Si si, ya se que los psicologos evolutivos y los etólogos lo expresan de otra manera, pero en realidad lo que quieren decir es que toda manifestación cultural y toda organización social busca, en el fondo, que la especie siga existiendo. Por eso viendo a James Bond comencé a pensar en las motivaciones que tendría Ian Fleming cuando creó a su personaje. Según la teoría del documental de La 2 fueron sus genes los que le impulsaron a escribir para tener más posibilidades reproductoras. Evidentemente, los genes se equivocaron pues el que ligaba era Bond, y no Fleming, y finalmente el que sigue existiendo es el personaje y no el autor.

Yo creo que lo que realmente impulsa al creador es el afán de vencer a la muerte a través del arte. Ilusamente pensamos que mientras se nos recuerde algo de nosostros permanecerá vivo.Tal vez por eso en estos tiempos de grandes descubrimientos y de aumento de nuestro conocimiento sobre las cosas hacemos todo lo posible para perdurar. Nos sentimos sobrepasados cuando descubrimos en nosotros mismos un cerebro maravilloso que nos permite hacer cosas realmente asombrosas pero que también nos demuestra que todo es efímero y que nuestra estancia en este mundo es más bien corta. Por eso intentamos dejar constancia de nuestra existencia a través de fotos, palabras, redes sociales y descendencia que nos recuerde.

Si amigos, queridas lectoras, el mundo nunca será suficiente para el ser humano porque nunca conseguiremos entender como siendo nosotros tan inteligentes y tan hábiles para cambiarlo, manipularlo e incluso destruirlo, pues resulta que al final no somos nada para el mundo, la vida sigue, la biología hace su trabajo y al final resulta que no somos más que un simple envoltorio para que la vida continúe generación tras generación. Eso si, hay envoltorios que hacen que merezca la pena dejarse vivir.

31 de octubre de 2012

Las extrañas señales en el cielo.



Delante de mí caminaba una muchacha con medias negras y minifalda azul aunque lo que yo miraba disimuladamente era la bonita bufanda a cuadros con la que se guarecía del frío seco de principios de octubre. Extrañas señales en el cielo me habían despertado de un sueño inquieto y pegajoso en el que soñé que soñaba con un tiempo remoto en el que un hombre extraño y solitario me hablaba sin hablar. Busqué a tientas las gafas en la mesilla de noche, me incorporé empapado en sudor y comprobé que un gato vidrioso me observaba desde el otro lado de la ventana. -Pasa ghato!- le grité a modo de ensalmo, turbado todavía por las extrañas imágenes que no me dejaban pensar con claridad.

Después de un desayuno completo a base de frutos secos, zumo de tomate y zanahoria y tres rebanadas de pan integral con queso fresco salí a la calle. Ya en la acera no tenía claro hacia donde caminar (total, para lo que tenía que hacer...) y al ver las piernas de aquella morena aquella bufanda tan bonita decidí caminar hacia la zona vieja para hacer un poco de tiempo antes de acercarme a la Taberna de Beaufort para tomar unos albariños con Ramón y hablar sobre la crisis de la izquierda y sobre el montón de setas que habían dejado las últimas lluvias.

 
Iba distraído, la verdad. Tarareaba la musiquilla de una canción de los años ochenta mientras seguía cavilando sobre el absurdo sueño de la noche pasada cuando de pronto la chica de la minifalda desapareció. No, no me entiendan mal. No quiero decir que se metiera en algún comercio o que tomara alguna de las callejuelas que hacen del casco antiguo de Compostela un sitio ideal para deambular sin rumbo y sin prisas. Cuando digo que la muchacha desapareció quiero decir que dejó de estar, que caminaba tranquilamente a unos escasos dos metros por delante de mí cuando de pronto desapareció, dejó de existir, se esfumó ante mis ojos. Me detuve en seco y miré a mi alrededor, esperando encontrarme a un par de cretinos con una cámara haciendo uno de esos estúpidos programas de cámara oculta de la telegaita*. Todo parecía normal. Nadie se había detenido, salvo yo, y nadie parecía haberse percatado ni de la presencia ni de la posterior desaparición de la joven de la bufanda a cuadros.

A punto estaba de seguir mi camino cuando descubrí en el suelo un extraño libro. Su color era indefinido, diríase que cambiante y su título estaba escrito con unos caracteres que para un ignorante iletrado como yo parecían medievales, pero vaya usted a saber. Las crónicas del astillero, ponía, memorias de un futuro olvidado. Supuse que era una de esas novelas fantásticas para adolescentes que no te tienen otra cosa que hacer que leer sobre amores entre vampiros y lobishomes. Debo confesar que ante los libros tengo la misma actitud que ante el trabajo, cuanto más lejos mejor. Por eso ni siquiera me incliné a recoger aquel extraño volumen sino que disimuladamente le propiné una patada para ocultarlo debajo de un contendor mientras que miraba hacia las extrañas señales que seguían prendidas en el cielo.


 


* Telegaita: f. coloq. En determinados ambientes reivindicativos, forma sarcástica de referirse a la  Televisión de Galicia.

19 de octubre de 2012

Error en el hipermercado.



Sor Beatriz atravesaba veloz la sección de pastas, arroces y legumbres. Había dejado el Seat Panda del convento aparcado en la parada de autobuses y como apareciese la policía local no la libraría de la correspondiente multa ni dios. Era una de esas mañanas en las que no le importaría lo más mínimo mandarlo todo al diablo. La madre superiora le había afeado su pereza a la hora de levantarse y como penitencia le había encomendado ir a comprar una olla nueva. Al ir a buscar el coche la entrometida de Sor Remedios le había preguntado una otra vez si era necesario que fuese en coche, que la gasolina estaba cara y que nada mejor que un paseo matutino para mantenerse en forma. Tardó media hora en convencerla de que estaba cayendo el diluvio y otra media en encontrar las llaves del Panda. Para colmo, al llegar al hipermercado no había sitio para aparcar por lo que tuvo que dejar el coche en la parada de autobuses. Que sea lo que dios quiera se dijo mientras se dirigía a la sección de menaje de cocina para comprar de una santa vez la dichosa olla. Y justamente cuando llegó a la caja para pagar cayó en la cuenta de que se había olvidado el monedero en el coche.

En ese mismo instante, una mujer de unos cuarenta y tres años atravesaba la sección de conservas, salsas y aceitunas en dirección a la única caja que se encontraba abierta en ese momento. Su intención era simplemente llegar antes que la monja y poder mirar en el interior de la olla cuando esta la depositase en la cinta para pagar. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando al llegar a la caja no había rastro de la monja ni de la olla. Desconcertada echó un vistazo alrededor para comprobar que la religiosa había decidido volver sobre sus pasos y se dirigía nuevamente a la sección de menaje, haciendo aspavientos con una mano mientras en la otra sostenía la olla. Como aquel embrollo estaba durando demasiado decidió que lo mejor sería acercarse a la monja y pedirle que le dejase inspeccionar el interior de cacerola para comprobar que reunía las condiciones necesarias para la venta.

Mientras tanto, agazapado detrás de los lácteos un tipo pequeño con barba observaba con tanta atención lo que ocurría en la caja tres que hizo sospechar al vigilante de seguridad. Sus sospechas se convirtieron en claros indicios de delito cuando el hombre comenzó a trotar hacia una monja que llevaba en sus manos una olla y sin el menor reparo se la arrebató de las manos. Jesús, María y José, exclamó Sor Beatriz asustada no tanto por el hombre con barba que le había arrabatado la cazuela de las manos, sino por la mujer de unos cuarenta y cinco años que de pronto había aparecido por su derecha pidiéndole que le entregase la olla para una inspección rutinaria. Por si fuese poco, se unió al grupo un guardia de seguridad que le pidió al hombre de barba que hiciese el favor de devolverle la olla a la monja y de acompañarle a la puerta. El hombre, avergonzado, le entregó la cacerola a la monja mientras le decía al guardia que su nombre era Marcelino Tomás y que las cosas no eran lo que parecían.

18 de octubre de 2012

Marraxo & chips.



Nunca debí aceptar la propuesta de Hilario. Después de los sucesos aquí relatados y nunca explicados de forma coherente tendría que haber cerrado las puertas de la Taberna de Beaufort y marcharme para mi casa antes de que Hilario comenzase a contarme aquel extraño suceso del que nada bueno podría salir.

Pero es superior a mi. Solamente hacen falta un par de cervezas para comenzar a enredarme, y a la cuarta ya es fácil convencerme de casi cualquier cosa. De este modo, después de que los americanos acompañaran tres botellas de buen albariño con dos raciones de mejillones al vapor, cinco de pulpo y las tres docenas de croquetas de jamón que doña Sonia había preparado para el menú del día siguiente, Hilario comenzó a hablarme de que necesitaba mi ayuda para llegar a Cedeira aquella misma noche.

-  ¿A Cedeira? ¿Pero qué demonios tienes que hacer en Cedeira?
- Yo nada -me contestó mientras terminaba de un trago la cerveza- pero estos dos tienen que ir a investigar. Al parecer son expertos en ese tipo de fenómenos.
- No se que decirte, la verdad. Parecen un poco alelados, aunque puede ser por el festín que se están dando. ¿Cuánto hace que no comen?
- Ni idea, a mi me llamaron para que los fuese a recoger al aeropuerto y los llevase lo antes posible a Cedeira.
- Pues cuando descubran las raciones de marraxo van a flipar.
- ¡Es verdad! Oye, que si salimos ahora aún nos da tiempo a cenar allí. ¿Aún tienes el Renault 9?
- Por supuesto... aunque probablemente tengamos llenar el depósito a medio camino para llegar. Traga más que un banco gestionado por un político de derechas venido a menos...
- No capto el sarcasmo-me contestó Hilario- pero por la pasta no te preocupes, que pagan los americanos. Tu vete a por el coche que yo les voy explicando que esta noche cenarán traditional fish and chips of Galicia.



4 de octubre de 2012

4


El cuatro es un número que se deja querer. De los cinco primeros es sin duda el más campechano, el que no tiene extrañas connotaciones ni estúpidas rimas. El uno es único, la soledad, el primero. El número dos es siempre el que dirige el cotarro, la otra parte de la pareja, el que puede hacer que el uno duplique su valor si te permiten llevar dos por uno en el supermercado. El tres es el tercero en discordia, los tres pies del gato, el hijo que polariza la relación de la pareja creando un triangulo invertido que puede desquilibrar una familia.

Pero el cuatro... el cuatro mola.

El cuatro aparece tan tranquilo y le dice al tres que aún necesita un uno para igualarle, y al dos le recuerda que lo dobla en número. El cuatro es la simetría, es el grupo perfecto. Los cuatro fantásticos, los Rolling, los cuatro jinetes del apocalipsis y los cuatro evangelistas. La naturaleza tiende al cuatro, hay cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones, cuatro elementos primigenios y nuestro corazón tiene cuatro cavidades.

El cuatro es un número tabernario, indispensable para una buena partida de tute, para sentarse en una mesa a charlar y tomar unas cervezas (cada vez que pides una nueva ronda puedes llevar fácilmente dos en cada mano) e incluso para pedir un taxi y no conducir el cuatro es el número más práctico y económico.



Y que decir de las familias. En estos tiempos en los que nuestras futuras pensiones están en peligro el cuatro es el número solidario, dos hijos por pareja aseguran que en un futuro haya por lo menos una persona cotizando por nosotros. Por no hablar de la tranformación que supone convertir el triangulo asimétrico de los sentimientos paterno-materno-filiales en un cuadrado perfecto, en algo completo y estable.

Si amigos, el cuatro mola. Por eso, aprovechando que hoy es cuatro de octubre, merece la pena detenerse a pensar en las cuatro virtudes cardinales de las que ya hablaba Platón: justicia, prudencia, fortaleza y templanza. Vienen tiempos de crudo invierno en los que tendremos que hacer acopio de toda nuestra fortaleza y templanza para ser prudentes en nuestros actos y actuar de manera justa. Pero el maravilloso fenómeno de la vida renacerá con la primavera y alegremente volveremos a brindar por los presentes que nos traerá el cuarto mes del año.



1 de octubre de 2012

Retazo autobiográfico.


Hoy, como ayer, son malos tiempos para la lírica, pero hay días en los que amanezco inspirado y revolotean por mi cabeza palabras como si fuesen mariposas amarillas. Si, amigas, yo también he sido joven una mañana de abril, buscando rimas, contando sílabas para completar los endecasílabos sonoros de un soneto mal rimado. Y la cosa poética me duró hasta bien entrada la veintena, aunque ya no perdía el tiempo golpeando con los dedos la mesa sino que me convertí al verso libre, con sus pequeños renglones henchidos de instantes y sus largas frases encadenadas que al fin y a la postre no decían casi nada.

O decían demasiado.

Detrás de mis versos poco poéticos había una voz que luchaba por contar, un narrador incapaz de someterse a la exigencia de cargar cada palabra de fuerza y trascendencia. -Aquí no hay poesía, me dijo mi amigo Iván, aquí hay un relato, un fabulador más que un bardo. Apesadumbrado y quejumbroso me fuí distanciando de mis orígenes celtas, en lugar de intentar plasmar en pocas palabras la esencia última de la naturaleza y de los tiempos comencé a inventar nuevas realidades, con sus tramas y con sus personajes que no por ficticios son menos reales.

Lamentablemente para todos, estuve cinco años en una facultad de filología, rodeado de malos profesores que intentaban enseñarnos a leer buenos libros. Modernos docentes que te decían que valoraban más tus pensamientos y razonamientos que los conocimientos adquiridos en los manuales, siempre y cuando razonaras siguiendo sus siempre deslumbrantes explicaciones (y con deslumbrantes quiero decir que al acabar las clases quedabas tan ciego y confundido que te veías en la obligación de leer los manuales para saber qué demonios habían intentado decirte).

Vinieron después largos años de trabajos y sacrificios, de lluviosas mañanas otoñales a merced de los vientos y veranos de interminables paseos por los jardines. Ruidos de diversas máquinas me impedían escucharme a mí mismo y poco a poco mi espíritu creador fue dejando paso al dejarse llevar del adicto. Porque yo también sufrí periodos de adicción, épocas raras y borrosas en las que no puedo asegurar si pasaba más tiempo en los bares o en los épicos mundos virtuales.

Y pasaron los años.

Cansado de este continuo ir y venir de ningún sitio, de este estatismo absurdo e improductivo decidí establecerme aquí, en Mar de Beaufort, para reencontrarme a mí mismo y a mi voz interior. Y como soy un tipo parco en palabras este sitio tenía que ser un sitio de escasas entradas y calidad dudosa. Pero aquí estamos. Y si has llegado hasta el final de esta entrada escrita sin pensar y que en realidad no dice nada será porque siempre hay alguien dispuesto a escuchar. Por eso, aunque sean malos tiempos para la lírica vale la pena detenerse a escribir, a contar y a compartir.

25 de septiembre de 2012

Otoño


Pasado el verano, las vacaciones, los largos días de sol y los reportajes sobre la vuelta al cole llega el Otoño con sus hojas de mil colores y sus impredecibles vientos. Acostumbrados como estamos a apretar un botón para cambiar el canal de la tele o a un simple movimiento de palanca para cambiar la marcha de nuestro automóvil pensamos que de un día para otro nuestro organismo y nuestro ánimo estará preparado para afrontar una nueva estación.

Sin embargo el proceso es más lento y requiere ciertos pasos. Nuestros ojos deben acostumbrarse de nuevo a los días de lluvia y nuestras apetencias gastronómicas deben pasar de la ensaladilla y las cervezas frías a un buen plato de lentejas con ese vino tinto que mancha el vaso. Antes de inciar la nueva temporada tenemos que centrarnos en lo que queremos, en los objetivos que nos marcamos para estos meses de poca luz y mucho trabajo. Mentalmente vamos diseñando una pequeña agenda (o hoja de ruta, que dirían nuestros aguerridos políticos ) para después poder incumplir casi todo lo que nos proponemos.

El Otoño. Atascos, vientos, lluvias, prisas, elecciones anticipadas y hojas que van cayendo. Algunos se plantean el Otoño como un época de transición, como un paso desde el verano hasta la navidad, como una época que hay que ir pasando lo mejor posible... pero a mí me gusta el otoño. Los tonos amarillentos y parduzcos, los brillantes atardeceres después de un día de lluvia, ese viento cabrón que nos aguarda al doblar la esquina para rompernos el paraguas, ese rumboso conductor que pisa el charco al lado del paso de cebra. Si amigos, el otoño es divertido y burlón. Nada tiene que ver con esa decrepitud que algunos quieren relacionar con nuestras vidas.

Disfrutemos, pues, del Otoño. No vayamos tachando los días que nos faltan para el próximo puente o para las siguientes fiestas. Disfrutemos de los días y de las lluvias, y si hay que quedarse en casa asomémosnos a la ventana para ver pasar el viento. A poco que escuches descubrirás que tiene algo que contarte. Es lo que tiene el otoño, que suele aparecer preñado de sorpresas y novedades.

29 de julio de 2012

El chupete y la metamorfosis de los placeres.

Siempre resulta agradable meterse de nuevo en cama después de haberse levantado para beber un vaso de agua, para miccionar o para cerrar esa ventana que inexplicablemente estaba abierta. Es una sensación muy placentera sentir que nuestra cama conserva ese calor humano tan característico y que nuestros pies, algo fríos por haber caminado descalzos, se encuentran de nuevo entre las sábanas aún calientes. Volvemos a tumbarnos y nos estiramos para sentir de nuevo el peso de las mantas sobre nuestro cuerpo. Pensamos que aún nos queda mucha noche por dormir y si tenemos pareja nos acurrucamos contra ella y a veces incluso decidimos arriesgar un buen abrazo con intenciones que de madrugada y en la cama siempre resultan un poco ambiguas.

Sin duda, volver a meternos en nuestra cama suele ser una grata sensación, sobre todo cuando no tenemos problemas para volver a conciliar el sueño o cuando sugen otras posibilidades. Pero como ocurre con la mayoría de los placeres de esta vida, la capacidad de deleite de una acción se ve reducida con la repetición.

Volver a acostarse una o dos veces en una noche puede estar bien, pero si cuando nos acostamos tenemos la certeza de que dentro de unos minutos tendremos que levantarnos de nuevo el placer de volver a estirarnos y sentir las sábanas calentitas se reduce considerablemente. Sentimos que la manta está toda en el otro lado y las suaves telas de antes se convierten en un incómodo rebujo que envuelve nuestras piernas. Refunfuñando intentamos taparnos los hombros y destapamos los pies; utilizamos nuestras posaderas para intentar que nuestra pareja nos deje más espacio en el centro de la cama; nos ponemos de un lado, después del otro y finalmente decidimos que lo mejor será dormir boca abajo; oímos extraños ruidos, arañazos en la ventana, pequeños golpes en el piso de arriba; nos molesta el cuello de la vieja camiseta que utilizamos para dormir y comenzamos a preguntarnos si debemos cortarnos las uñas de los pies. En definitiva, que todo nos molesta y todo nos impide volver a dormirnos. 



Y en el preciso momento en el que el sopor vuelve a apoderarse de nosotros escuchamos un golpe seco en la habitación de al lado. Sabemos perfectamente de lo que se trata y tenemos la certeza de que en breve comenzará el berrinche. Aún así intentamos disimular y hacernos los dormidos con la esperanza de que nuestra pareja acuda antes que nosotros pero como no responde a nuestros codazos decidimos levantarnos por enésima vez en la noche. Y cuando volvemos a meternos en cama ya no nos importa lo más mínimo que las sábanas estén calentitas y nuestros pies fríos. Ni siquiera estamos seguros de que valga la pena acostarse de nuevo. De este modo, lo que unas horas antes fue una agradable sensación se convierte así en una mezcla de malestar e desasosiego que nos hace temblar ante la sola idea de tener que volver a levantarnos.



28 de julio de 2012

Novela.

Los que hayáis leído este blog desde el principio sabréis que a través de la etiqueta/rumbo M. de B. pretendía ir anotando algunas reflexiones personales sobre esta página. Algo así como metabloguear, explicar mis sensaciones al escribir en un ordenador lo que llevaba años escribiendo en cuadernos.

Al principio se trataba de entradas cortas, una idea desarrollada en un par de párrafos, una ocurrencia sencilla o simplemente escribir por escribir. Después llegó Hilario y la taberna de Toño y una serie de personajes que fueron desfilando por aquí. Historias aguardando un final, otras esperando para comenzar...

Y de pronto descubro que tal vez la única manera de terminar aquella novela que comencé en los años noventa sea creando un blog para explicar lo que hice y lo que hago ahora. Algo así como poner en soporte digital los viejos borradores y los esquemas que he ido acumulando a lo largo de los años.


Incongruente, ya lo se.

Lo que necesito ahora no es reorganizar ideas ni arriesgarme a que aparezcan nuevos personajes que me obliguen a cambiar por enésima vez la trama. No, no necesito un blog para hablar sobre los protagonistas de mi novela ni para explicar cómo se me ocurrió tal o cual idea. En realidad, lo que ahora mismo me haría falta sería concluir la novela, disponer de unos cuantos días para escribir de un tirón las doscientas páginas que están desperdigadas por carpetas, pedazos de papel y algún que otro documento word al que sarcásticamente le puse el nombre de borrador definitivo.

Entonces, ¿para qué otro blog? Pues no lo tengo claro, la verdad, pero me parece que en estos tiempos en los que cada vez más personas leen el periódico en los ordenadores o en los teléfonos móviles es necesario buscar un nuevo formato para llegar a los supuestos lectores a través de las nuevas tecnologías. No hablo de difusión (en más de dos años sólo siete amigos son seguidores de Mar de Beaufort), hablo de una nueva forma de narrar, de la posibilidad de interactuar con los personajes, de explicar sus motivaciones y sus puntos de vista. Hablo de ofrecer al lector la posibilidad de profundizar en las tramas, incluso de preguntar o de cuestionarse lo que está leyendo.

Nada de esto es nuevo. Siempre ha existido literatura experimental y escritores innovadores, tanto en el estilo como en la temática. Y aunque algunos autores digan que ellos van a lo suyo y que les importa más bien poco la opinión de los lectores la verdad es que el receptor siempre es importante. Lo era para los poetas griegos, para el teatro de corrales del siglo de oro español o para la novela folletinesca del siglo XIX. Como no va a serlo ahora que estamos acostumbrados a participar y dejar constancia de nuestra presencia en todo. Podemos comentar las noticias de la prensa digital, podemos hacernos amigos y decir que nos gusta tal o cual empresa, podemos seguir a través de twiter a cualquier persona que consideremos importante. ¿No querrá el lector conocer los entresijos de la novela?

Bien, como esta entrada se me está escapando de las manos diré solamente que me propongo iniciar un blog exclusivo para aquella novela de la que os hablé. Por ahora no tengo muy claro si serán simples apuntes sobre personajes y tramas o si el propio blog será algo parecido a una novela. Ya me conocéis, no se hacia donde camino, pero estoy en camino.  Para un indeciso como yo es un avance.



27 de julio de 2012

As grandezas da vida.


Vivo ás veces atrapado nunha arañeira, paralizado, dubidando sobre qué camiños percorrer, buscando respostas que me permitan comprender as razóns deste mundo tan complexo e trapalleiro. Debo confesar que tiro un pouco a filosófico, remexendo sempre nas grandes cuestións, agoniado pola fame do mundo, polas inxustizas que sempre benefician aos mesmos e prexudican aos de sempre, polas guerras, os enganos e as falsas crenzas que nos condenan a unha vida miserábel e gris.

E ás veces, demasiado a miúdo, tanta realidade remata por afogarme e son incapaz de saborear as grandezas da vida, eses pequenos detalles que fan que todo mereza a pena. Unha agradable sorpresa, unha ocorrencia divertida e descubrimos que a nosa valía non está en cambiar o mundo con palabras ou en conseguir publicar esa novela que tanto se nos resiste. Non, amigas e amigos, o noso valor está no cariño dos demáis, nesas pequenas demostracións de afecto nas que non sempre reparamos e que están aí cada día.

A felicidade está no pegañento bico do noso fillo, no amor que a nosa parella nos demostra con catro palabras nun papel. Unha caricia inesperada, unha chamada para demostrarnos que estamos presentes na vida dos outros, unha felicitación por correo electrónico... En días como este non preciso máis nada para ser feliz, simplemente saber que son importante para unhas cantas persoas e que elas saben que tamén eu as quero. 

Bueno, tal vez un anaquiño de tarta...

Moitas grazas.

17 de julio de 2012

Nociones de astronomía VIII: eclipses y sombras.

Un eclipse es un fenómeno por el cual se produce un bloqueo parcial o total de la luz de un cuerpo celeste por la interposición de otro. Por ello, para que se produzca un eclipse es necesario que se alineen 3 cuerpos celestes.




En realidad se trata de una cuestión de sombras y distancias. Lo que provoca el eclipse es el paso de un cuerpo a través de la sombra que otro cuerpo proyecta en el espacio. La luna, por ejemplo, es muchísimo más pequeña que el sol, pero al estar también mucho más cerca de la tierra su sombra puede ocultar por completo la luz solar. Si estuviese más cerca del sol (como el planeta Venus) se produciría un tránsito en lugar de un eclipse y lo que veríamos es una pequeña sombra atravesando el disco solar.

La palabra eclipse procede del griego clásico y su significado era algo así como desaparición o abandono, un dejar de existir debido a algún tipo de acontecimiento del que solamente podemos constatar sus resultados. Vivimos, desde hace años, en una especie de eclipse. Asistimos asombrados a la desaparición de todo tipo de derechos sociales que nosotros mismos habíamos decidido que eran universales. Nosotros los pusimos allí, y ahora no se ven. Estamos atravesando la zona de sombra de un sistema capitalista salvaje que está siendo manipulado para mayor beneficio de unos pocos. Nos explican el fenómeno unos pseudocientíficos llamados economistas que se limitan a utilizar sofisticados términos ambiguos para describir lo que todos vemos. - Mirad -nos dicen- Allí está nuestro sol de avances sociales y de calidad de vida, pero poco a poco se va ocultando detrás de los mercados internacionales que todo lo gobiernan.

A nosostros nos quedan varias opciones. Podemos mantenernos en la sombra esperando a que acabe el eclipse. Como todos sabemos, no hay eclipse que mil años dure. Pero también podemos buscar otros soles, cambiar nuestras prioridades y buscar otros objetos celestes que nos hagan felices. Del mismo modo, podemos salir de la zona de sombra para ver otras perspectivas, otras realidades. Un eclipse siempre oculta algo, pero los objetos siguen existiendo. Si dejamos de centrarnos en el fenómeno veremos que hay estrellas, galaxias y meteoros que continúan brillando. Es necesario cambiar nuestro mapa celeste para conseguir que este eclipse no  acabe con nuestro interés por la astronomía. Nuevos sistemas son posibles, nos esforzaremos por descubrirlos.

12 de julio de 2012

Los peligros de la bicicleta.


Como saben mis amigos del Facebook, la semana pasada me compré una bicicleta. Suele ocurrir a los varones de mi edad que un día nos despertamos pensando que ya es hora de recuperar la forma perdida, que nosotros siempre fuimos unos auténticos deportistas y que esta panza ya no puede seguir aumentando. Cosas de hombres, supongo.

Pero además de pedalear un poco, mi intención es ponerle una silla de niño a la bicicleta y salir a dar un paseo por el campo y claro, para no hacer el ridículo con un peque pidiendo más paseo y yo intentando respirar pues decido ir entrenando un poco.

Y aquí comienzan mis desventuras. El martes me lanzo a la carretera con la intención de ir buscando rutas apropiadas, a poder ser llanitas y sin demasiado tráfico. Me meto por aquí, tiro por allá y despues de media hora decido regresar por esa carretera que unos días antes habíamos recorrido en coche. Convencido como estaba de que iba encotrar una carretera a la derecha que me llevase directamente a casa no tuve en cuenta que llevaba ya más de un kilómetro en descenso. Cuando volví a ver otra señal  kilométrica pensé que en coche las distancias son muy cortas, y cuando llegué al fondo del valle en el que me había metido pensé que de ponerme a subir, mejor sería subir por el camino ya conocido y no arriesgarme a meterme en un bucle de subidas y bajadas tan típicas de esta nuestra tierra.

De este modo, me doy la vuelta y me vengo por donde he venido. Para disimular voy parando en cada marquesina para consultar esos carteles tan simpáticos que te indican qué autobuses pasan por aquí. Poco me importaba a mí la frecuencia de los autobuses, pero aprovecho para parar un poquito y poder recuperar el resuello. Como tengo cierto orgullo de mis años mozos, y como mi nueva bicicleta tiene 18 marchas, neno!!, pues acabo subiendo los casi dos kilómetros con la canción Eje of the tiger resonando en mi cabeza y a punto de esprintar para conseguir la meta volante de la montaña.

Llego a casa eufórico, contando que es cierto aquello de que el que tuvo retuvo y que estoy más en forma de lo que yo pensaba. Me imagino ya volando sobre las carreteras compostelanas, atravesando montes y acompañando a los peregrinos  durante varios kilómetros simplemente por el placer de pedalear.

Pero al acostarme descubro que me duelen las piernas como nunca antes me habían dolido. No consigo pegar ojo y de pronto la amígdala izquierda comienza a hincharse de un modo sospechoso, supongo que debido a que boqueaba como un sapo en verano cuando subía la famosa cuesta. El estómago parece totalmente colapsado y para colmo de males descubro que inexplicablemente tengo 39 ºC  de fiebre. En definitiva, el deporte, a partir de ciertas edades, no es tan sano como algunos quieren hacernos creer.

11 de julio de 2012

Reencuentros en la Taberna de Beaufort.

Como ya nos vamos conociendo no os sorprenderá que Hilario reapareciera por La Taberna de Beaufort como si tal cosa, después de un año sin saber nada de él. Venía acompañado de  una pareja de extranjeros demasiado bien vestidos para ser peregrinos, pero con la cara de pánfilos que caracteriza a los teutones, ingleses y holandeses cuando comienzan a mirar el mapa y preguntar Where's the big church?

Estos eran distintos. El tipo parecía un armario y la morena vestía un traje chaqueta compuesto por americana de cuello chimenea, de esas que cierran por corchetes con detalle de grandes botones y con costadillos ajustados. No podría asegurarlo, pero me pareció que estaba forrada. 97% poliéster, 3% elastán y tendría un largo aproximado de  50 cm. La falda era de esas sin cinturilla, cerrada, y lo suficientemente ajustada como para realzar las caderas de la mujer que con tanta gracia entró en el local y me pidió A Coke, please. I'm very thirsty! Todos sonreimos al verla acercarse a la barra y poner cara de sorpresa cuando le expliqué que en nuestra taberna no vendemos Coca-Cola, que estamos boicoteando a las transnacionales y que nos oponemos a cualquier tipo de comida basura.  Iba a ofrecerle un bitterkas cuando escuché a Ramón al otro lado de la puerta decir aquello de A ver, kuntakinte, ou dentro ou fora, que para quedar no medio xa están os xoves! 

- Pero qué dices, Ramón, si kuntakinte era negro.
- Negro sería, pero tamén era grande como un mundo...
- Venga Ramón, dijo Hilario, deja a mis amigos tranquilos y entra de una vez, que vengo dispuesto a invitar a unas cervezas.

Hilario tenía estas cosas. Podían pasar meses sin que supiéramos de él que cuando regresaba siempre conseguía mostrarse tan próximo y cordial que daba la sensación de estar siempre con nosotros. Era un tipo curioso, sorprendente y enigmático. Todavía estaba yo esperando una explicación sobre el asunto de los rusos cuando aparecía con otro par de personajes que parecían sacados de una serie de televisión americana.

Nos contó que tenía que llevar a sus acompañantes a un pueblo del norte en el que había tenido lugar un suceso un poco extraño. Nadie preguntó nada. Sabiamos que si Hilario quería contar más, lo contaría, y si no pues por mucho que insistíeramos no soltaría prenda. Yo me quedé con ganas de saber algo de Irene y de Raquel, pero decidí que sería mejor esperar a un momento en el que hubiese menos gente en el bar.

8 de julio de 2012

El enfoque y la realidad.

Dicen los físicos y los químicos que todo el universo está sometido a las mismas leyes y que la realidad es la que puede medirse, compararse y constatarse mediante experimentación. Para los científicos lo que existe se reduce simplemente a átomos que forman moléculas que forman sustancias que forman materias. Todo lo que percibimos son conglomerados de distintas cosas que se unen en el espacio y en el tiempo para dar lugar a lo que vemos, olemos, oímos, gustamos o sentimos en un preciso momento. Non hay lugar para el individuo ni para su perpectiva ya que uno de los requisitos de la existencia científica es que pueda ser comprobada por otro científico en circustancias similares.
Y sin embargo sabemos que todo depende del enfoque, de lo que queramos ver o de lo que estemos preparados para ver.




Si nos fijamos en lo más cercano simplemente veremos las hojas de una enredadera, la permanencia en un lugar sin más pretensiones que la mera subsistencia. La vida reducida a un acopio de nutrientes sin otro objetivo que existir, estar. La naturaleza en estado puro, con su vigor, su resistencia y su adaptabilidad a las condiciones del medio. Y del mismo modo que la planta se aferra a la piedra algunos nos aferramos al momento y al lugar en el que echamos raíces sin más inquietudes que afrontar nuestros días del mejor modo posible.




Pero ante la misma realidad podemos ir más allá, enfocar un poco más lejos y descubrimos la inquietante presencia de las vías, de la comunicación entre dos lugares, del incierto destino del camino. El hierro y la ingeniería formando parte de la naturaleza, de nuestra naturaleza curiosa y activa que nos lleva a querer saber más, a no conformarnos con la simple existencia y querer comprender, manipular y cambiar lo que nos rodea.

¿Cuál es la verdadera realidad? ¿Cuál es la esencia de lo que vemos? Pueden explicarnos cuales son los componentes y qué relaciones se establecen entre ellos, podemos ir desemenuzando y analizando los distintos elementos hasta llegar a las mínimas sustancias que dan lugar a las cosas que existen. Pero esto es simple descripción y a menudo sucede que el conjunto es algo más que la suma de sus partes.
Nos empeñamos en interpretar los acontecimientos según nuestro punto de vista sin tener en cuenta que muchas veces, aunque vemos exactamente lo mismo, cada uno de nosotros puede centrar su atención en aspectos distintos de la misma realidad. Obcecados en nuestras verdades somos incapaces de cambiar el enfoque, de ajustar el zoom para comprender porqué los otros ven las cosas de una manera tan opuesta a la nuestra. Y lo peor es que demasiadas veces, en lugar de buscar los puntos comunes nos reafirmamos en aquello que para nosotros es lo más importante y que el otro ni siquiera puede percibir.

27 de junio de 2012

The Carlos's Seat 127 "Fura"


El agente Weird no salía de su asombro cuando su contacto en Compostela se acercó a aquel coche y les indicó que subieran. Estaba acostumbrado al sedan negro de la agencia y no sabía muy bien como podría introducir su metro ochenta y siete y sus casi cien quilos de peso en aquel cacharro con ruedas que no era más grande que el coche de jueguete que le había regalado a su sobrino Alex en las últimas navidades.

La agente Ginger tampoco parecía muy convencida de que aquel minúsculo automóvil fuese capaz de albergar a tres personas y dos maletas en su interior, y mucho menos de transportarlos hacia la ciudad, por muy cerca que estuviese. No era solo el evidente sobrepeso de su compañero, sino que ella misma medía un metro setenta y ocho centímetros y aunque mantenía una figura esbelta y atlética no se sentía lo suficientemente flexible como para entrar por el hueco que dejaba el minúsculo asiento al ser reclinado sobre el volante.

Pero la perplejidad de los americanos no pudo transformarse en ningún tipo de pregunta porque el tipo tan estrafalario que la agencia tenía como contacto en Compostela había comenzado a meter sus dos maletas de viaje en el maletero y les decía lesgou lesgou mientras saltaba sobre sus equipajes para intentar cerrar la puerta trasera de aquel minúsculo vehículo.
La situación se hizo más insólita cuando un tipo calvo y con bigotes salió por la puerta principal del aeropuerto ordenándoles que se detuvieran y que mostrasen su documentación. Como iba con uniforme el agente Weird supuso que era un colega de profesión y metió su mano en el bolsillo interior de su americana dispuesto a identificarse como agente de la ley, pero uno de los tres muchachos que acompañaban al tipo vestido de verde había visto demasiadas películas de Chuk Norris y comenzó a gritar Cuidado, tiene un arma, mientras se tiraba al suelo detrás de un contenedor de vidrio.
- Joder, Cheetos,-le dijo el otro chico, conocedor de la tendencia al espectáculo de su amigo- que esto es la vida real.
- Todos al suelo -gritó de nuevo el guardía civil mientras se ocultaba detrás de la marquesina de los autobuses Freire para pedir refuerzos.

Aprovechando el momento de confusión generalizada que se vivía a la entrada del Aeropuerto Internacional de Lavacolla, el contacto del FBI en Compostela le hizo un gesto al agente Weird para que se metiese en el coche de una vez. La agente Ginger estaba en posición de gallego en aquel momento: no se sabía si entraba o si salía del vehículo. Una pierna, un brazo y la cabeza estaban dentro, pero la otra pierna y el culo, con perdón, asomaban por la estrecha puerta del Seat 127 "Fura" que Carlos le había prestado Hilario la noche anterior, después de unas cervezas en el bar de Toño.

No sin antes sopesar los riesgos, Hilario decidió empujar ligeramente el trasero de la atractiva agente para que entrase en el coche. "Buen culo!", pensó mientras decía "sorrysorry, but we have prisa". La agente Weird, sorprendida en una posición tan ridícula y dudando entre un golpe contundente en la base de la cabeza o un tiro en una pierna solamente alcanzó a decir "It's nothing" mientras el coche arrancaba empotrándola entre el asiento trasero y los asientos delanteros de aquel vehículo que ya viajaba veloz hacia Compostela.


21 de junio de 2012

El profeta del pasado.



Kubrick permanece sentado mientras va representando mentalmente mi relato. Si alguien puede comprender lo que me sucede es él, aunque no encuentro la expresión exacta para describir algunas de las escenas que en cada periodo de pensamiento íntimo se forman en mi mente. Para ayudarme proyecta en mi cerebro arcaicas palabras que nunca antes había escuchado, pero que de algún modo me resultan familiares. Al principio mis sueños me provocaban inquietud y temor, pero a medida que voy adquiriendo la capacidad de verbalizar lo que veo en ellos experimento una sensación de tranquilidad y confianza que me hace pensar que tal vez Kubrick tenga razón cuando dice que los sueños son algo natural y positivo, que incluso servían a nuestros ancestros para afianzar los aprendizajes efectuados a lo largo del día.


Pero hace siglos que los humanos hemos dejado de soñar. Todo el conocimiento posible está a nuestra disposición a través de los implantes de ampliación de recursos. Ya no es necesario aprender nada y nuestro cerebro se utiliza solamente para las cosas útiles. Por eso cada vez me resultan más incomprensibles mis sueños. Para Kubrick la explicación está en la Quinta Generación de mi Linaje. Me dice que se trata de un mensaje que los Últimos Mortales quieren hacerme llegar por canales que se cerraron en el mismo instante en el que la raza humana alcanzó el conocimiento completo de las cosas. Muchas cosas perdimos, me explica, a cambio de la plácida resignación del que todo lo sabe. Los antiguos experimentaban sentimientos que ahora no alcanzamos a comprender, conocían la felicidad y el amor pero también la desgracia y el miedo. Tenían esperanza en el porvenir y luchaban por conseguir triunfos que ahora nos parecen inútiles y absurdos. Sentían curiosidad ante las cosas que no comprendían o que no podían explicar y se atrevían a cuestionarse sus propios conocimientos y sus propias leyes.


Kubrick es un admirador del pasado. No se conforma con conocer los hechos acontecidos antes de la época de la Devastación y de la Quinta Generación sino que pretende comprender lo que impulsaba a aquellas gentes. Incluso pretende sentir lo que sentían y experimentar reacciones psíquicas borradas de nuestros mecanismos neuronales hace siglos.


Su último empeño es aprender a escribir. La escritura era un medio de comunicación arcaico que permitía transmitir y compartir conocimientos y saberes a través del tiempo y del espacio. Cuentan las viejas leyendas que hubo una época en la que los humanos confeccionaban láminas de un material al que denominaban papel en las que iban haciendo extrañas marcas que otros podían interpretar. Kubrick sostiene que es necesario aprender a escribir porque debemos dejar constancia del futuro para las generaciones precedentes. Dice que llegará un momento en el que los humanos necesiten saber hacia donde caminan y que sólo creerán si dejamos la palabra escrita en un libro. Su teoría es que el tiempo ha llegado al final y ha comenzado a regresar, como una ola que golpea contra los acantilados y regresa hacia el mar. Su intención es dejar un mensaje a los humanos del pasado para que encuentren el camino hacia el Inconformismo que empuja a la acción.

20 de abril de 2012

Beatriz Consuegra



Beatriz Consuegra tiene cuarenta y tres años y un ex-marido que mientras preparaba las oposiciones para registrador de la propiedad tuvo tiempo para hacer dos hijas y ahora que ocupa un cargo político ni siquiera tiene un momento para ir a recogerlas a la escuela. Beatriz Consuegra se organiza bien ella sola, pero no puede soportar que el machista cretino que una vez fue su marido sea ahora el máximo responsable de la política de igualdad y bienestar social de la administración autonómica y siente ganas de patear la televisón cada vez que al flamante conselleiro aparece hablando del empoderamiento de la mujer, de la responsabilidad compartida y de los planes para promover la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

Por suerte, Beatriz Consuegra no dispone de mucho tiempo para ver la televisón. Trabaja en uno de esos hipermercados franceses que se instalaron en nuestro país a finales de los años ochenta y que obligaron a los padres de Beatriz a malvender su tienda. Un gran cartel a la entrada de los vestuarios le recuerda que ella es la sonrisa de la empresa, y sonríe pensando en los pocos motivos que para sonreír le proporciona la empresa. Después de quince años y de muchas explicaciones sobre la legislación laboral vigente, deducciones para el IRPF y cotizaciones a la seguridad social cobra exactamente lo mismo que a finales de los años noventa, pero según su supervisor es una trabajadora ejemplar y un orgullo para la directiva.

Veinte minutos antes de comenzar su turno Beatriz ya está tarareando una canción de Juan Perro en el departamento de menaje del hogar del supermercado. Algunos clientes la miran sorprendidos mientras sonriente reordena la estantería de las ollas de aluminio. Diríase que es una mujer feliz con su trabajo, que se siente satisfecha y que la empresa recompensa su buen hacer de manera justa y ejemplar.

Sin embargo la felicidad de Beatriz radica, simplemente, en las notas de amor que cada viernes alguien deja dentro de las cacerolas Inoxibar. La primera vez pensó que era una broma de algún compañero. Un pequeño sobre de color azul turquesa con un sencillo "Para Beatriz". Al abrirlo descubrió una cuartilla escrita a mano con un poema que hablaba de ella. Su primera reacción fue bastante fría. Para emociones fuertes ya tenía a sus ex-suegros. Sin embargo a la semana siguiente descubrió otro sobre y dentro del sobre otro poema. Miró a su alrededor pero sólo vió una señora con un imán probando si las sartenes servían para las cocinas de inducción y un tipo bajito con barba que comparaba moldes para hacer flanes. Nadie parecía prestarle atención y supuso que el sobre lo habían dejado allí el día anterior, o a primera hora de la mañana.

Durante los siguientes dos meses Beatriz Consuegra recibió un poema cada viernes y si hoy está especialmente inquieta es porque ayer, presa de la cuiriosidad, dejó en la cacerola Inoxibar una carta para su admirador secreto. En un tono desenfadado le confiesa que se siente muy halagada con sus poemas y que tiene ganas de conocerlo. Que se pase por la sección de menaje de cocina para poder charlar un rato y tal vez quedar para tomar una cerveza.

Pero el alegre alboroto de Beatriz Consuegra se convirtió en preocupación cuando descubrió que una religiosa de las Merceditas Descalzas de la Buenanueva se dirigía con paso firme hacia una de las cajas con la cacerola de Inoxibar en la que había depositado tantas ilusiones.

17 de abril de 2012

Las cien primeras!


Escribir la entrada número cien después de más de dos años no dice mucho sobre mi capacidad creativa. Celebrar que en total he publicado menos de un relatillo por semana puede parecer un poco absurdo, sobre todo teniendo en cuenta que no todos eran publicables y que hay algunos que todavía esperan ser leídos. Pero qué demonios, yo estoy contento.

Se que son malos tiempos para los blogs, que ahora está de moda eso de los cientoypocos caracteres y que hay tal exceso de información, de curiosidades, de ingenio y de pequeñas obras de arte en la red que me siento agradecido y satisfecho con las visitas que recibe este sitio. Quiero pensar que además de la familia y amistades hay personas al otro lado que sin conocerme personalmente siguen lo que escribo.
Otra cosa es saber exactamente qué es lo que escribo. A menudo me pregunto qué es lo que quiero contar, si estos personajes que a veces aparecen sin que yo los invite vienen para quedarse o están de paso, si su existencia es exclusivamente virtual o si pretenden dar el salto hacia el papel... Preguntas que nunca obtienen respuesta pues si algo me caracteriza es la inoperancia resolutoria. Me paso los días y los años cuestionándome a mí mismo, lo que hago, lo que quiero hacer, lo que escribo y lo que pretendo escribir y al final decido que lo mejor es comenzar, y que ya veremos a dónde nos llevan las frases. Y comienzo, recomienzo y vuelvo a comenzar.

Tal vez por eso tengo la sensación de estas cien entradas que hoy se cumplen no son más que el comienzo de algo; que pronto habrá novedades en las historias que han quedado olvidadas; que tal vez regrese algún personaje que las amables seguidoras de este blog ya comenzaban a echar de menos y que posiblemente antes de llegar a la entrada ciento cincuenta termine por fin la maldita novela que tengo repartida entre mis viejos cuadernos y mis nuevos documentos open office.

Mientras tanto te agradezco que te pases por aquí de cuando en vez, que me leas, que te hagas seguidor, que digas en facebook que te gusta o que de algún modo hagas algo que me demuestre que hay alguien al otro lado. Y si eres un lector anónimo, si has llegado aquí por casualidad y no tienes pensado darte a conocer no te preocupes, mis agradecimientos son también para tí.
 Recibe un saludo y espero que que la visita haya merecido la pena.

16 de abril de 2012

Blue glass



 A través de cristales opacos arrinconamos
pedazos de la triste esencia que queremos olvidar:
palabras iracundas,
                             temores,
                                             cobardías inciertas
o la cruel certeza de aquello que nos iguala.

Abandonamos en los márgenes de los días
las agónicas verdades que cristalizan en nuestros sueños
hasta que se rompen en mil pesadillas.

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3 de abril de 2012

Sueños del pasado.



Caminaba por paisajes oníricos y el horizonte ardía entre redes de maleza y sombras. Extraños vehículos fluían sobre ríos de negra lava y sus ocupantes me miraban al pasar con brillantes ojos ancestrales. Dos luces azules se detuvieron a mi lado, hombres vestidos de verde me interrogaban con palabras y querían saber quien era y de donde venía. Intenté comunicarme con ellos pero no supe hablar. Malinterpretaron mis gestos de desesperación y quisieron sujetarme por los brazos. Huí.

Dos estampidos sonaron detrás de mí. Al girarme los dos hombres me señalaban con pequeñas piezas de metal mientras sus congestionados rostros enrojecían de cólera y sorpresa. Sus ojos expresaban odio y rabia contenida y supe que no me entenderían. A lo lejos extrañas luces comenzaban a encenderse y en el cielo aparecieron miles de pequeños pájaros que volaban hacia el sur. Una onda sonora estridente y profunda nos rodeó, mis perseguidores se miraron sorprendidos y yo me escabullí entre la maleza.

Corrí sin descanso, atravesando prados y cauces secos de pequeños riachuelos. Corrí sin rumbo y sin mirar atrás. Corrí durante horas hasta que llegué a un laberinto de cemento, cristales iluminados y extraños carros de colores que se movían de un lado para otro. El ruido era cada vez más ensordecedor, el aire irrespirable. Tuve que agazaparme detrás de un gran cubo de plástico amarillo. Humanos como yo iban de un lado para otro, algunos con bolsas de cuero o pequeños maletines en las manos; otros con pequeñas y antiguas unidades de comunicación en las orejas, como si para hablar entre ellos necesitasen todavía artilugios electrónicos.

Comprendí que estaba perdida en una de las ciudades de las que Kubrick tantas veces me había hablado. Nadie me ayudaría, nadie repararía en mi presencia pues los habitantes de las ciudades del siglo XXI vivían encerrados en sí mismos, preocupados por obtener riquezas y ocupando su tiempo en actividades inútiles y absurdas que denominaban "ocio". Todavía no habían descubierto las energías quasar y pensaban que sólo existían cuatro dimensiones. Ignoraban completamente las señales que los viajeros galácticos habían dejado y se burlaban de aquellos que creían en la existencia de otros mundos.

Triste, decepcionada y abatida me dejé caer sobre pequeñas losas cuadradas de caliza y arena. No comprendía nada, no tenía a donde ir e ignoraba como había llegado a un lugar tan irreal. Anocheció y comencé a soñar que caminaba por paisajes oníricos mientras el horizonte ardía entre redes de maleza y sombras.

22 de marzo de 2012

Chuletones de reno.



Sally me confiesa que nunca ha hecho el amor en la playa. Me dice que tiene que ser una sensación maravillosa estar con la persona amada a la luz de las estrellas y escuchando la melodía del mar susurrando al ritmo de las olas. Está convencida de que soy un experto en el tema y cuando me pregunta si yo lo he hecho muchas veces le respondo con el típico "¿A tí qué te parece?" propio de mi tribu. En realidad no estoy diciendo ni que si ni que no, pero el tono altanero y la pose de persona experiementada que adopto hacen que no le queden dudas y que me imagine fornicando noche tras noche en las playas de Andalucía con tremendas morenazas.

Y es que Sally tiene una idea muy sesgada de los españoles. Para ella somos todos bailadores estupendos y amantes apasionados e incansables. Hace unos días se sorprendió cuando le dije que no había toreado en mi vida y ahora no me apetece confesarle que soy máis bien de cópula escasa y sencilla, sin demasiadas florituras y a poder ser en una cama. Para qué desengañarla y si es feliz imaginándose que está saliendo con un "latin lover".

El caso es que Sally me está empezando a gustar. Mi intención era simplemente obtener información sobre las actividades y relaciones laborales de su ex-marido, pero cada vez me interesa menos lo que suceda en el Patricia Lee y me siento más involucrado en nuestra relación. Ya se que un buen investigador debe separar la vida personal de la profesional, pero es que llevo cuatro meses lejos de mi hogar y creo que estoy atravesando un momento de debilidad sentimental. Además, el padre se Sally prepara los mejores chuletones de reno de toda Alaska y su abuela paterna me invita a fumar una especie de tabaco tradicional de la cultura esquimal que me provoca visiones en 3D.

De todos modos mi investigación no avanza. Nadie en la ciudad sabe a qué se dedica realmente el Patricia Lee, algunos insinúan que sus viajes poco tienen que ver con la pesca pero todos callan cuando me intereso por su tripulación. En el último informe solicitaba nuevas órdenes y sugería algunos cambios en la hoja de ruta de la misión. Continúo esperando una respuesta de mi oficial de enlace en Canadá. Teniendo en cuenta que hace ya tres meses que el Patricia Lee zarpó del puerto de Kodiak esta inactividad puede suponer que nuestra empresa se vaya a pique.
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20 de marzo de 2012

Asido a la felicidad.



Lentamente iban caminando de la mano, con cierta dificultad pero sin prisas. Él sostenía con la derecha un periódico gratuito que ojeaba mientras caminaban. Ella agarraba con la izquierda una moderna bolsa de la compra con ruedas. Él repetía los datos de una noticia, ella le decía que eso no podía ser. Entonces se detuvieron delante de mí, él acercó la página del diario a su cara y repitió el párrafo que acababa de leer, ella ladeó la cara y por un instante se miraron. Yo tuve que pasar de largo, pero de refilón pude ver como ella sonreía satisfecha y él le decía que era verdad, que no eran cien millones, que sólo eran diez y ella, supongo que para disimular los problemas de visión de su marido, le dijo que de todas formas eran todos unos ladrones y sinvergüenzas.

No quise detenerme descaradamente, pero me acerqué a un escaparate y observé su reflejo en el cristal. Dos ancianos caminado lentamente por el centro comercial para hacer la compra. Dos personas unidas de la mano, comentando las noticias del día y tal vez asombrados por el mundo que los jóvenes están creando. Continuaron su camino sin soltar la mano del otro y me imaginé que esa mano temblorosa y demacrada significaba mucho más que un apoyo para no caer o un simple hábito adquirido con los años. En ese gesto intuía una complicidad y un conocimiento que a mí se me escaban, tal vez algunha certeza que sólo se comprende con el paso de los años.

La felicidad es algo muy sencillo y muy pequeño y conviene estar atentos pues a menudo se cruza en nuestros caminos y no la vemos. Si tienes la fortuna de encontrártela acostúmbrate a ir de su mano. Te ayudará a no perderte en un mundo repleto de afanes, deseos y falsas necesidades que a menudo nos llenan de vacío.

19 de marzo de 2012

Despertares oníricos.



Conocí a Kubrick en el astillero espacial de Andrómena SG-1.

Estábamos en el equipo de ensamblaje de las nanofibras aerotérmicas de la central de datos VG378. Recuerdo que en los tiempos de desdoble mental me mostraba antiguas imágenes bidimensionales diciéndome que hubo un tiempo en el que los humanos sólo podían ver a través de los ojos y que para ello era necesario que los rayos de luz alcanzasen la retina y se transformasen en impulsos eléctricos. Debo confesar que yo no creo en estas cosas, pero a veces le pedía a Kubrick que me insertase en la URF de mi lóbulo occipital alguno de sus códigos de vivencias para poder experimentar lo que sentían nuestros antepasados sapiens al no poder ver más que imágenes.

Kubrick era un buen hombre. Tenía algunas manías que los demás no entendían y de la que algunos androides se burlaban descaradamente, pero a mi me gustaba percibir sus historias y a veces le pedía que hablase para escuchar su voz. Me imaginaba entonces que estaba disfrutando de una sesión de recreación sonora de la realidad, con sus coloridas imágenes en cinco dimensiones y aquellos sonidos que emitian los objetos y los moicos de los que a veces me hablaba la entidad mnemoespectral de la quinta generación de mi linaje.

Una vez me confesó que lo que a él le gustaría de verdad es ser creador. Ante mi cara de asombro y repugnancia me explicó que hubo un tiempo, antes de la erradicación preventiva de los homo sapiens, en la que los creadores no estaban mal vistos y que incluso había gente que no empleaba todas sus unidades de almacenamiento neuronal en conocimientos científicos y datos veraces, justos y necesarios sino que se dedicaban a inventar cosas que no existían y a recrear vidas de seres imaginarios sin importar su utilidad o su nivel de enriquecimiento exponencial. Yo sonreía tímidamente, pero no podía comprender el concepto de novedad o de creación. No podía concebir la existencia de algo que no existiese ya en nuestros circuitos de acceso a toda la variedad y a todo lo que existe en el universo y en cualquiera de las nueve dimensiones. Y sin embargo las palabras de Kubrick provocaban en mi un estado de inquietud que no podía explicar y que me dejaban una especie de cosquilleo mental en forma de interrogación.

¿Y si es verdad?
¿Y si es verdad?

Raramente me atrevía a contestar a esta pregunta, pero en algún periodo de pensamiento íntimo he comenzado a vislumbrar imágenes confusas y secuencias completas de realidades que no estaban en mi registro vital de experiencias. Visité a los doctores para saber si tenía algún tipo de enfermedad o si los implantes de ampliación de recursos comenzaban a fallar. Todo parecía normal, pero nadie podía explicarme lo que cada vez con más frecuencia me sucedía. Entonces recordé las conversaciones con Kubrick y descubrí que inexplicablemente, como si de una ancestral homosapiens se tratase, había comenzado a soñar.

8 de marzo de 2012

Estelas de agua y hielo.



Querida Sally:


comprendo que estas letras, después de tanto tiempo, puedan resultar inesperadas, innecesarias e incluso un poco inoportunas. No tenemos demasiadas cosas que contarnos y cada vez hay menos espacios comunes en los que podamos sentirnos cómodos los dos. Sin embargo, en las últimas semanas he pensado mucho en ti.


De nada sirve ya recordar los buenos momentos que pasamos juntos o aquellos proyectos que con tanto optimismo íbamos tejiendo con los retales de colores que nos daba nuestra juventud y la ignorancia de un pasado que tarde o temprano abrirían entre nosotros un abismo imposible de franquear. Ni siquiera los puentes del amor sirvieron para mantener una relación condenada de antemano por los errores que otros habían cometido. En su momento decidimos no buscar culpables y esta carta no pretende reabrir aquella vieja polémica de la que ninguno de los dos saldríamos bien parados.


De nuestra relación no queda más que una estela de hielo semejante a la que va dejando tras de sí este pequeño barco en el que navego desde hace unos días. Fumando en la popa veo pasar las horas y los recuerdos acuden a mi memoria como gaviotas sobrevolando nuestro rumbo. No hay futuro para nosotros, lo se, sin embargo no quiero que queden cosas sin decir. Después de nuestra separación sabes que dejé de trabajar en el Complejo de Misiles de Kodiak. Ver a tu padre todos los días no era algo que me entusiasmase. Por eso pedí el traslado al Servicio de Guardacostas. Allí pasé los últimos cinco años, trabajando como técnico de telecomunicaciones, perfeccionando mis conocimientos de biotecnología y preparándome para un nuevo destino. Fue allí donde me reclutaron para la misión en la que actualmente participo.


Como bien puedes suponer, nada te puedo contar. Simplemente debes saber que estas serán las últimas letras que te escriba. Si tenemos éxito me darán una identidad nueva y un puesto de docente en la universidad de Yorktown. El fracaso supondrá nuestra muerte.


Por eso me siento totalmente libre para decirte que te he querido y te quiero mucho más de lo que yo pensaba. No hay espacio en esta vida para los amores imposibles, es verdad, pero siempre quedará un hueco en mi corazón para nuestro desafortunado amor. Espero que rehagas tu vida y consigas encontrar a alguien que te quiera como tu te mereces. Yo se que nunca encontraré a nadie como tú y no tengo la menor intención de ponerme a buscar.


Todo esto era lo que quería decirte. No intentes buscarme y no hagas demasiadas preguntas cuando te digan que morí. Lamento que nunca puedas saber si estoy muerto o si estoy vivo, pero esto es lo que tienen los amores desdichados. Me gustaría que hubiera una manera de saber cómo acabará esta aventura pero lo único que se es que todo lo vivido hasta ahora parece un suspiro, un extraño sueño del que tal vez pronto vaya a despertarme.



Si, amor mío, la vida se nos escapa y casi no nos enteramos. Pasan los buenos momentos, pasan las alegrías y sólo con el tiempo nos damos cuenta de que teníamos que haber disfrutado más de los pequeños detalles. Al final nos descubrimos en la popa del barco, mirando la estela de agua que va quedando atrás a medida que avanzamos en la vida. Disfruta, querida Sally, disfruta del tiempo y de la compañía y busca la felicidad. Es lo único que realmente importa.


Por cierto, ten cuidado con ese tipejo con el que andas últimamente, ese tal Ramón. Ya se que te recuerda a la tierra de tu madre, pero no te fies. Proviene de una tierra en la que comen cabeza de cerdo, encienden velas en honor a divinidades paganas y creen ver a sus muertos paseando a altas horas de la madrugada por las encrucijadas.



7 de marzo de 2012

Nociones de astronomía VII: galaxias y cerebros.

Una galaxia es un conjunto de estrellas, planetas, gases diversos, polvo cósmico y a veces algunas manchas negra que todavía no sabemos muy bien qué contiene. La principal característica de una galaxia es su naturaleza gravitatoria y la interrelación que se crea entre todos sus elementos y que provoca que permanezcan unidos, aunque todavía desconocemos cuales son los mecanismos y las consecuencias de estas uniones. El número de galaxias que podemos observar actualmente es de unos cien mil millones.



Resulta asombroso comprobar la similutud que existe entre lo macro y lo micro. El universo es gigante, inmenso y su estudio ofrece todavía muchas incógnitas y muchas preguntas que todavía no han sido planteadas. Del mismo modo, el cerebro humano encierra en sus apenas 1.500 gramos tantos fenómenos distintos que resulta difícil hacerse una idea de los miles de mecanismos que están en funcionamiento a un mismo tiempo.

Esta similitud ha llevado a pensar a algunos en que en realidad se trata de lo mismo. El cerebro, con sus cien mil millones de neuronas, no es otra cosa que un universo en miniatura. Del mismo modo que en las galaxias hay diferentes estrellas, en nuestros cerebros también hay distintos tipos de neuronas que establecen relaciones entre ellas, hay subsistemas que se especializan en ciertas tareas y en algunos cerebros también existen enormes agujeros negros de los que se desconoce su función.



Las más avanzadas teorías nos hablan de agujeros de gusano y de supercuerdas para explicar la formación y evolución del universo. Lo que antes era ciencia-ficción comienza a tener espacio en las investigaciones y en las teorías de los científicos. Si existen fenómenos que las leyes actuales no alcanzan a explicar tal vez sea necesario descubrir o inventar leyes nuevas.

Por eso no podemos descartar que dentro de nuestro cerebro existan capacidades que desconocemos o que atribuimos a falsas creencias o a la ignoracia de las gentes que dicen ver o sentir cosas que están fuera de la ciencia. Está fuera de la ciencia actual, pero es probable que con el tiempo pueden explicarse mediante teorías más audaces que se atrevan a unir lo micro y lo macro, a buscar explicaciones conjuntas para fenómenos puntuales.

La estrella que vemos ahora es una imagen del pasado, ya no existe pero sin embargo la vemos, la medimos y la fotografiamos. Porqué no pensar que esto puede suceder al revés y que hay realidades que no podemos ver, medir o fotografiar, y que sin embargo existen.

Tal vez nuestros cerebros y las galaxias guarden semejanzas que esperan ser descubiertas. Cuando esto ocurra tal vez aprendamos que cada uno de nosostros es un universo único que debemos respetar, cuidar y proteger.