27 de junio de 2012

The Carlos's Seat 127 "Fura"


El agente Weird no salía de su asombro cuando su contacto en Compostela se acercó a aquel coche y les indicó que subieran. Estaba acostumbrado al sedan negro de la agencia y no sabía muy bien como podría introducir su metro ochenta y siete y sus casi cien quilos de peso en aquel cacharro con ruedas que no era más grande que el coche de jueguete que le había regalado a su sobrino Alex en las últimas navidades.

La agente Ginger tampoco parecía muy convencida de que aquel minúsculo automóvil fuese capaz de albergar a tres personas y dos maletas en su interior, y mucho menos de transportarlos hacia la ciudad, por muy cerca que estuviese. No era solo el evidente sobrepeso de su compañero, sino que ella misma medía un metro setenta y ocho centímetros y aunque mantenía una figura esbelta y atlética no se sentía lo suficientemente flexible como para entrar por el hueco que dejaba el minúsculo asiento al ser reclinado sobre el volante.

Pero la perplejidad de los americanos no pudo transformarse en ningún tipo de pregunta porque el tipo tan estrafalario que la agencia tenía como contacto en Compostela había comenzado a meter sus dos maletas de viaje en el maletero y les decía lesgou lesgou mientras saltaba sobre sus equipajes para intentar cerrar la puerta trasera de aquel minúsculo vehículo.
La situación se hizo más insólita cuando un tipo calvo y con bigotes salió por la puerta principal del aeropuerto ordenándoles que se detuvieran y que mostrasen su documentación. Como iba con uniforme el agente Weird supuso que era un colega de profesión y metió su mano en el bolsillo interior de su americana dispuesto a identificarse como agente de la ley, pero uno de los tres muchachos que acompañaban al tipo vestido de verde había visto demasiadas películas de Chuk Norris y comenzó a gritar Cuidado, tiene un arma, mientras se tiraba al suelo detrás de un contenedor de vidrio.
- Joder, Cheetos,-le dijo el otro chico, conocedor de la tendencia al espectáculo de su amigo- que esto es la vida real.
- Todos al suelo -gritó de nuevo el guardía civil mientras se ocultaba detrás de la marquesina de los autobuses Freire para pedir refuerzos.

Aprovechando el momento de confusión generalizada que se vivía a la entrada del Aeropuerto Internacional de Lavacolla, el contacto del FBI en Compostela le hizo un gesto al agente Weird para que se metiese en el coche de una vez. La agente Ginger estaba en posición de gallego en aquel momento: no se sabía si entraba o si salía del vehículo. Una pierna, un brazo y la cabeza estaban dentro, pero la otra pierna y el culo, con perdón, asomaban por la estrecha puerta del Seat 127 "Fura" que Carlos le había prestado Hilario la noche anterior, después de unas cervezas en el bar de Toño.

No sin antes sopesar los riesgos, Hilario decidió empujar ligeramente el trasero de la atractiva agente para que entrase en el coche. "Buen culo!", pensó mientras decía "sorrysorry, but we have prisa". La agente Weird, sorprendida en una posición tan ridícula y dudando entre un golpe contundente en la base de la cabeza o un tiro en una pierna solamente alcanzó a decir "It's nothing" mientras el coche arrancaba empotrándola entre el asiento trasero y los asientos delanteros de aquel vehículo que ya viajaba veloz hacia Compostela.


21 de junio de 2012

El profeta del pasado.



Kubrick permanece sentado mientras va representando mentalmente mi relato. Si alguien puede comprender lo que me sucede es él, aunque no encuentro la expresión exacta para describir algunas de las escenas que en cada periodo de pensamiento íntimo se forman en mi mente. Para ayudarme proyecta en mi cerebro arcaicas palabras que nunca antes había escuchado, pero que de algún modo me resultan familiares. Al principio mis sueños me provocaban inquietud y temor, pero a medida que voy adquiriendo la capacidad de verbalizar lo que veo en ellos experimento una sensación de tranquilidad y confianza que me hace pensar que tal vez Kubrick tenga razón cuando dice que los sueños son algo natural y positivo, que incluso servían a nuestros ancestros para afianzar los aprendizajes efectuados a lo largo del día.


Pero hace siglos que los humanos hemos dejado de soñar. Todo el conocimiento posible está a nuestra disposición a través de los implantes de ampliación de recursos. Ya no es necesario aprender nada y nuestro cerebro se utiliza solamente para las cosas útiles. Por eso cada vez me resultan más incomprensibles mis sueños. Para Kubrick la explicación está en la Quinta Generación de mi Linaje. Me dice que se trata de un mensaje que los Últimos Mortales quieren hacerme llegar por canales que se cerraron en el mismo instante en el que la raza humana alcanzó el conocimiento completo de las cosas. Muchas cosas perdimos, me explica, a cambio de la plácida resignación del que todo lo sabe. Los antiguos experimentaban sentimientos que ahora no alcanzamos a comprender, conocían la felicidad y el amor pero también la desgracia y el miedo. Tenían esperanza en el porvenir y luchaban por conseguir triunfos que ahora nos parecen inútiles y absurdos. Sentían curiosidad ante las cosas que no comprendían o que no podían explicar y se atrevían a cuestionarse sus propios conocimientos y sus propias leyes.


Kubrick es un admirador del pasado. No se conforma con conocer los hechos acontecidos antes de la época de la Devastación y de la Quinta Generación sino que pretende comprender lo que impulsaba a aquellas gentes. Incluso pretende sentir lo que sentían y experimentar reacciones psíquicas borradas de nuestros mecanismos neuronales hace siglos.


Su último empeño es aprender a escribir. La escritura era un medio de comunicación arcaico que permitía transmitir y compartir conocimientos y saberes a través del tiempo y del espacio. Cuentan las viejas leyendas que hubo una época en la que los humanos confeccionaban láminas de un material al que denominaban papel en las que iban haciendo extrañas marcas que otros podían interpretar. Kubrick sostiene que es necesario aprender a escribir porque debemos dejar constancia del futuro para las generaciones precedentes. Dice que llegará un momento en el que los humanos necesiten saber hacia donde caminan y que sólo creerán si dejamos la palabra escrita en un libro. Su teoría es que el tiempo ha llegado al final y ha comenzado a regresar, como una ola que golpea contra los acantilados y regresa hacia el mar. Su intención es dejar un mensaje a los humanos del pasado para que encuentren el camino hacia el Inconformismo que empuja a la acción.