30 de diciembre de 2012

Feliz 2013 desde Mar de Beaufort.

Anochece.
Apenas unas horas para que termine este 2012 y nada nuevo que contar.
Si hace tres años estaba solo ante la inmensidad helada del Mar de Beaufort ahora son un par de docenas las visitas que recibe a diario este sitio, según las estadísticas que me proporciona el blogger.


Hace un par de meses que a estas costas llegan cada vez más visitantes, navagantes curiosos tal vez, buscadores de relatos o simplemente viajeros que han equivocado el rumbo. No descarto que se trate de un error de la página y que las nuevas visitas no sean tantas, pero de todos modos tengo la certeza de que hay nuevas personas que me leen aquí o en la página de facebook y que incluso comentan de vez en cuando.

Debo confesar que también yo he comenzado a salir más y a la derecha encontrareis las indicaciones necesarias para llegar a otros puertos en los que me siento como en casa. No conozco a ninguno de sus creadores y creadora personalmente, pero considero que son compañeros de búsqueda, habitantes de este cambiante e inabarcable mundo de internet que, como yo, necesitan un espacio propio en el que plasmar sus opiniones, sus creaciones o simplemente sus reflexiones sobre esta realidad que nos ha tocado vivir. CrisSBarbarroja, Antonio, Pascual, Joan,  muchas gracias por vuestras visitas y vuestros comentarios. Espero que estas rutas que hemos abierto entre nuestros lugares sean igual de enriquecedoras para vosotros como lo son para mí.

No me olvido de aquellos que me conocéis de hace años, de antiguos compañeros de estudios a los que ya no veo pero que gracias a las redes sociales también leen este blog y le dan difusión a través de facebook o de twiter. Alex, Isabel, Antón, Ana ... muchas gracias por seguirme y por los "me gusta". A mí también me gusta que os guste. Los que estáis aquí y ahora no necesitáis que os lo diga, pero muchas gracias por estar y por soportar mi tendencia asocial. Deberiamos vernos más, ya lo se, pero desde Mar de Beaufort no siempre hay buenas comunicaciones con el mundo exterior. Gema, Sonia, Juan Carlos, Iván, Sara, Simón, Xosé Manuel, Carlos, Cristina, Sergio, Manel, Diana, Bea, Pili... muchas gracias por venir. Y muchas gracias a Ferrolm por seguir.

Y por último un saludo a todos los que según este mapa llegáis desde el continente americano. Desconozco las rutas que os han llevado hasta mi humilde sitio, pero muchas gracias por las visitas y espero que por lo menos haya sido un momento agradable, que no hayáis perdido el tiempo leyendo lo que escribo y que tengáis ganas de regresar.


Anochece.
Los inquilinos de este blog se han ido de vacaciones, celebran estas fiestas con sus familias o simplemente están aclarando sus ideas y sus objetivos para el próximo año. Algunas quieren volver, otros buscan desesperadamente una salida para el embrollo en el que ahora mismo se encuentran y hay uno en concreto que amenaza con hacerse un blog para él solito si no lo convierto desde ya en novela. Majaderías de personas sin vida propia, ya me entendéis. Las criaturas que merodean por Mar de Beaufort son bastante caprichosas y fanfarronas. Amenazan con marcharse pero al final van apareciendo una y otra vez. En el fondo son buena gente.

Tal vez por eso me han convencido para que escriba esta entrada y os desee a todas y a todos un feliz año 2013. Espero que me acompañes en el año que está a punto de comenzar y que encuentres en este sitio algo interesante que te haga regresar. Yo intentaré ir cerrando algunas historias y seguramente abriré otras, aunque la historia más hermosa espero contarla cuando llegue la primavera y pueda hablaros de nuevas llegadas. Sin duda el año 2013 será un año de bienes para nosotros, espero que también para tí, y que podamos disfrutarlo juntos.

Nevaba en Compostela cuando comencé a escribir este Diario. Ahora anochece, y a escasas horas para que termine el 2012 no hay nada nuevo que contar.

Simplemente, FELIZ 2013.



20 de diciembre de 2012

Nociones de Astronomía IX: el mundo no se acabará mañana.


La luna sonríe tímidamente a un casi imperceptible Venus mientras se difuminan en el cielo las estelas de los aviones más madrugadores. A lo lejos, O Pico Sacro aguarda la ardiente visita del sol. Altivas farolas se burlan del malhumorado despertar de los habitantes de las ciudades, siempre conduciendo con prisas para llegar a la rutina diaria. A través de los cables de la ciudad fluye la energía y la información que nos hará sentir que somos invencibles, que somos los reyes de la creación.




Amanece un día más en Compostela, un día cualquiera, un día como será el día de mañana y que no aportará demasiadas novedades a lo que fue el día de ayer. Amanece. Un silencio luminoso invade las calles, las aceras y los jardines mientras que en el cielo aparecen las brumas que nos recuerdan que no todo será luz este día. Amanece. Un fuego inmenso comienza a abrazar el horizonte y algunos árboles parecen inmensos y cercanos, gigantes en llamas en batalla constante con el infinito que amenaza con devorarnos cualquier día.



Pero hoy no será ese día. Un sol como un mundo nos anuncia que la vida comienza su ciclo por estos lares. La montaña sagrada de nuestros antepasados se deja querer como todos los inviernos, preparada para ser la frontera, el límite a partir del cual el astro Rey tendrá que volver sobre sus pasos y regresar. Crecerán los días, celebraremos el triunfo de la luz disfrazando de falsas creencias lo que ya los antiguos veneraban sobrecogidos: el creador del mundo y de la vida es aquel que se manifiesta cotidianamente ante nosotros. Tendremos la evidencia de que nos somos más que una casualidad, un pequeño destello de grandeza condenado a integrarse en la inabarcable rueda del tiempo. Seremos simplemente una minúscula pieza en este presente que nos ha tocado vivir, en este día que avanzará sin que el resto del universo se percate tan siquiera de nuestra presencia.



Bajo este sol que ahora nos ilumina nacerán generaciones enteras, afortunados humanos que nunca pasarán hambre o tristes niños que nunca llegarán a ser adultos, hombres malos, mujeres desgraciadas... Nacerán generaciones enteras, diferentes en sus herencias y tan opuestas en sus intereses que solamente la muerte los igualará un día. Somos miles naciendo cada día, abriendo los ojos a un mundo injusto y diverso, llenos de vida y de fuerza, aunque las esperanzas no sean las mismas aquí que el desierto. Y sin embargo nacemos en el mismo mundo y somos hijos del mismo tiempo. Es el mismo sol el que cada día nos ilumina a todos e incluso aquellos que según lejanas noticias son perseguidos, torturados y asesinados nacieron como nosotros un día y tienen el mismo derecho a ser felices y a vivir que nosotros tenemos.


El mundo no se acabará mañana, aunque cada segundo se acabe trágicamente para miles de personas sin que ni siquiera sintamos una punzada de dolor. Como siempre, me enredo en cuestiones banales, vivo a diario encerrándome en burbujas de indolencia y desconocimiento, esforzándome para creer que el mundo es así y que no tiene remedio. Intento proteger mi felicidad atribuyendo al azar la fortuna de mi nacimiento, subestimando mi capacidad para cambiar las cosas y culpando de las grandes injusticias del mundo a personas malvadas y sin escrúpulos.


No. El mundo no se acabará mañana, aunque tal vez mañana tengamos que comenzar a luchar por un mundo en el que el sol brille para todos con la misma dureza y con la misma suavidad. El mundo no se acabará porque a los planetas, a las galaxias y a los agujeros negros les tiene sin cuidado lo que hayan escrito en piedras hace siglos unos tipos que pasaron por el mundo como nosotros pasaremos: obsesionados por un mañana incierto y lejano cuando tenemos el presente a nuestra entera disposición. Solo de nosotros depende saber aprovecharlo en lo realmente importante.