15 de enero de 2015

Internal System Error



El infierno son los otros, escribía Sartre en una obra de teatro que tuve la suerte de leer en francés cuando sabía leer francés, o más bien cuando sabía leer en general, que de tan ociosa que está creo que mi capacidad lectora ha desaparecido. Pero volviendo al tema, decía aquel francés tan existencialista que el infierno era el otro, el que nos observa y nos juzga, el que nos hacer analizar nuestro comportamiento y a veces nuestros sentimientos, aquel ante el que nos sentimos obligados a ser de una determinada manera creyendo que su criterio tiene más importancia que nuestra voluntad.



Utilizo esta frase a menudo, aunque en un sentido menos existencialista y profundo. El infierno lo hacen los otros con ciertos comportamientos, con su ausencia de empatía, con su violencia, con su firme creencia en que sus intereses están siempre por encima de los nuestros.

Si amigos, para mi el infierno es a menudo un simple detalle, un trato injusto, una mala contestación que tengo la certeza de que no merezco. Para mi el infierno son los pequeños pinchazos que los otros nos van dando a lo largo del día.

En realidad el infierno soy yo y mi exceso de sensibilidad. No debería importarme que el botarate del coche de atrás haga sonar el claxon para hacerme ver lo que ya veo, o que el funcionario de turno me ignore completamente o que la muchacha del quinto ponga a su perro a mear en las vallas del parque infantil o que el repetable señor mayor se cuele en la cola de la carnicería o que..

Nada de esto es importante. Pierdo demasiado tiempo en pequeñas infamias que no son dignas de consideración y busco explicaciones, incluso justificaciones, para los actos de los demás. Nuestro tiempo es limitado y por ello demasiado valioso como para permitirnos que nos afecten las ruindades cotidinas en las que todos caemos de vez en cuando.

Y a que viene esto ahora, estarás pensando.


Pues no tengo ni idea, la verdad. Tal vez esta necesidad de hacerme un poco más sociable de la que hablaba hace unos meses provoca en mi las ganas de explicarme y de darme a conocer. Puede que a estas alturas busque un nuevo enfoque a mi existencia para dejar de ser un tipo gris y gruñón y convertirme en la persona que me gustaría ser. O simplemente se trata de personalizar un poco este blog y escribir un poco sobre mi en lugar de hablar de tantos personajes raros y a veces tan esquivos que navegan conmigo, y contigo si quieres venir, por este Mar de Beaufort.