27 de febrero de 2015

El día de la Brasa !!



Hay días así, tal vez la luna o la ingesta excesiva de cierto tipo de emulgentes o antioxidantes, pero hay días en los que notas que todo es mucho más complicado y que estás excesivamente sensible, sobre todo a los incomprensibles y siempre asombrosos comportamientos de nuestras adorables criaturas.

Y hoy ha sido una de esas mañanas.

Todo comenzó bien, la verdad, de buen rollo, una farfallando alegremente apoyada en la barra de la cuna y el otro asegurando que quería desayunar XA !!! Pero las cosas fueron complicándose poco a poco. La niña pasó del biberón, estaban más interesada a ver como el niño se arrastraba por el suelo de la habitación haciendo una especie de ruido gutural, tal vez fingiendo ser un bicho-bola o algo así. No lo se, y no me interesé demasiado por el asunto, la verdad. Al fin y al cabo se había levantado de la cama, aunque fuese para tirarse al suelo.

Pero lo mejor estaba por venir. Después de cinco intentos conseguimos que se sentase delante del colacao, pero al poco se acordó de que tenía frío y fue a buscar la bata y de vuelta otros cinco intentos para que se sentase de nuevo,  y con la promesa de que iba a tomar el desayuno me fuí a terminar de darle el biberón a la niña y la vestí, y me vestí y al regresar....

Efectivamente, todo seguía igual que diez minutos antes, y ya comencé a aclarar la voz para comenzar con mis absurdos razonamientos matutinos.

- A ver, neeeno, queres almorzar ou non? - le pregunté con ese tono dulce y cariñoso que siempre empleamos con nuestros retoños cuando quedan veinte minutos para que toque el timbre de la escuela y aún estamos en la cocina de casa en pijama y con el desayuno sin empezar.

Respuesta afirmativa, y que quería desayunar él solo y efectivamente, después de otros diez minutos haciendo el avión con el croissant y levantándose para abrir la persiana y decirme que acababa de pasar el autobús de Elvis pues acabó el croissant, y comenzamos con el juego de la pajita, que si bebo un poco y soplo un poco, y Oh, qué ruido máis raro fai, verdade papá??.

Y yo noto que me va cambiando la voz y que voy entrando en fase bronca y después de lavarle los dientes repite una y otra vez que los quiere lavar él, y la niña se une a la fiesta subiéndose al escalón y empujando al niño con la cadera para llegar al lavabo  y el niño que dice que no, niña, que tí eres pequena e aínda non sabes lavar os dentes, y la niña le da con el cepillo para que espabile...

Y al final llega el momento de la brasa, y entro en plena fase de discurso-bronca tipo Podemos y mientras intento ponerle la ropa comienzo a razonar utilizando las frases que son tan inefectivas como lo eran ayer. Creo que hablo solo pues al poco exclama Mira papá, está tirando todos os bonecos ao chan!! Efectivamente, la niña está vaciando metódicamente las estanterías de los juguetes mientras yo sigo dando rienda suelta a mi oratoria de andar por casa

o que non pode ser é estar vinte minutos para tomar un colacao e un croissant porque senón vou ter que levantarte antes e despois queres ir andando á escola pero non nos da tempo porque o que non pode ser é estar corenta minutos para tomar o almorzo e ainda por riba non lavar os dentes e agora porque non pos a chaqueta do chándal e que sempre é o mesmo e tes que espabilar un pouco deixa que xa che poño eu a chaqueta e non pode ser estar dúas horas para tomar o colacao e un croissant e despois queres lavar os dentes tí so e non lavalos e o que no pode ser é estar dous días para tomar o colacao...

Y finalmente llegamos tarde a la escuela, pero me soprende su total relajación y que incluso me pida un beso antes de entrar. ¿Estará sordo? No lo se, pero de camino a la guardería, mientras la niña me decía que no con el dedo sufrí un ataque de risa al pensar en la brasa de cinco minutos que le solté al niño y en la bronca que ahora me estaba echando a mí la niña, imitando sin duda la repetida escena matutina.





17 de febrero de 2015

Quen quere whisky habendo albariño?



Pois aquí estamos, nesta luminosa tarde de febreiro en Compostela. Media Galiza anda de festa e a outra media con catarro, e como teño a tarde libre vou poñerme a escribir.

Recordo a imaxe do escritor torturado pola inspiración, cunha botella de whisky e un cinceiro cheo de cabichas. Recoñezo que unha vez fumei e gostaba de poñer cara de estar descubrindo unha gran verdade mentres miraba o fume elevarse sobre o caderno. Intentei aprender a facer circuliños, pero nunca o conseguín e agora non creo que volva a fumar. Non val a pena.

E tampouco son un gran bebedor de whisky.

Por iso decido abrir unha botella de albariño e acomodarme tranquilamente na mesa da cociña esperando a que chegue a inspiración, aínda que sospeito que as cousas non son así. Nunca o foron. Desconfiade daquel que vos diga que as ideas lle veñen así e que as escribe tal cal. As ideas veñen, é certo, pero hai que darlles forma e refacer e repensar e moitas veces desbotar.

Por iso alegremente vou ir comezando a refacer e desbotar, que a uva está no seu punto e sospeito que este vai ser ano de boa colleita.


16 de febrero de 2015

Realimentación.





Fai máis de cinco anos que abrín as portas deste blog anotando que tiña a sensación, case a certeza de que non había ninguén ao outro lado, de que isto de internet non é máis que un inmenso lugar cheo de xente no que non sentimos a presenza de ninguén.

Comecei a escribir sobre todo de min, sen ter moi claro o que quería contar ou que quería facer con este sitio. Quería unha bitácora persoal, íntima, ou máis ben unha taberna na que contar historias? Quería falar de min e das miñas preocupacións de persoa inmatura ou quería escribir relatos?
Supoño que optei por meter aquí un pouco de todo, de cando en vez algunha historia e cando me parecese algunha reflexión persoal sobre calquera tema que me parecese oportuno.

E foron chegando as personaxes e as historias, e tamén algún que outro comentario que me demostraba que realmente había alguén ao outro lado, persoas dispostas a ler e a escribir algo, e iso está moi ben. Coa cantidade de blogs e de páxinas que existen, e co grande número de persoas que hai facendo moi boas cousas é de agradecer cada visita, cada comentario e cada "Me gusta" do facebook.

Navegando por estes mares descubrín que algo importante nisto dos blogs é preguntar de cando en vez aos lectores o que pensan ou o que esperan deste sitio. Dende fai tempo quero rematar algunha das historias que fun comezando ao longo dos meses. Hai personaxes que cando se toman unhas cervexas na Taberna de Beaufort me preguntan que que pasa con eles, se vou deixalos navegando á deriva polos xeados mares ou vou ir pechar por fin os seus periplos ficcionais.

Por iso vou engadir unha pequena enquisa neste blog para que poidades escoller aquela historia que vos gusta máis, se preferides que escriba un pouco de todo ou se non queredes cousa ningunha.

(A enquisa está no lado esquerdo...)







14 de febrero de 2015

San Valentín.





Infructuosamente se afanaba todos los domingos y los jueves sobre el hermoso cuerpo de Janet. Él sabía perfectamente que aquel no era su verdadero nombre, y ella, que apenas hablaba castellano, no entendía el motivo por el cual aquel hombre la escogía siempre a ella y después de manosearla un poco en un reservado del local le pedía que buscase las llaves de la habitación mientras él le daba los billetes de rigor al tipo gordo de las escaleras.

Desde hacía cuatro meses la visitaba dos veces por semana, sobre las diez y media de la noche los jueves y a las ocho los domingos. Siempre solo y recién duchado, pedía zumo de melocotón para él y pagaba sin inmutarse los veinte euros de la consumición de ella. Si estaba con un cliente esperaba a que terminase y, según le contaban más tarde las chicas, muy educadamente les decía que prefería esperar y no subir con ninguna otra.

Janet no era de las chicas más solicitadas en aquel local. Su piel era demasiado negra y su acento demasiado áspero para los hombres de la zona, acostumbrados como estaban a las mulatitas brasileñas y a la empalagosa zalamaría de las caribeñas. Ella era una auténtica africana, una negra Guineana nacida en la aldea cercana al rio Tinkkiso, a quinientos quilómetros de Conakry, veinticuatro años antes. Su padre era un hombre importante pero como ya tenía cinco bocas que alimentar a ella la mandaron a la ciudad prometiéndole un futuro mejor. Después de ocho meses de viaje descubrió que "la ciudad" era un local con luces y música, y veinte chicas más que daban placer a los que tuviesen dinero para pagar.

Él vivía sin demasiadas complicaciones. Llevaba veinte años trabajando en la misma empresa, viviendo en el mismo piso de alquiler y tomando el café de las ocho en la cafetería de la esquina. Los viernes tomaba unas cañas con los compañeros de la fábrica y los sábados se iba a la finca a cuidar sus tomates y sus árboles. Cuando sus amigos se fueron casando él pensó que sería menos complicado plantearse el sexo como un gasto mensual, como si fuese la factura de la luz o el agua, y estableció unos días de visita al prostíbulo de la autovía.

Sus años de experiencia le habían enseñado a diferenciar cuando una chica fingía y cuando disfrutaba con el sexo, y sabía que en los últimos meses ni una sola vez había hecho disfrutar a Janet. Por eso volvía cada semana y quería que disfrutase, que la pobre chica bastante tenía con estar allí encerrada como para no merecer una alegría de vez en cuando. Pero no llegaba, nunca conseguía que llegase, y ya habían probado de todo. A Janet le extrañaba que perdiese tanto tiempo en los preliminares, que la acariciase tiernamente y que le susurrase palabras dulces e incomprensibles para ella. No comprendía que fuese él, y no ella, el que recorriese con su lengua sus intimidades y buscase algo que él sabía que tenía que estar por allí, pero que no aparecía.

Y así pasaron los meses.

Él nunca llegará a entender qué pasa con el cuerpo de Janet y Janet nunca podrá imaginar que lo que infructuosamente busca aquel hombre dos veces por semana en lo más oculto de su cuerpo es lo mismo que a los seis años su padre le había cortado con una cuchilla de afeitar mientras su abuela le sujetaba fuertemente los brazos y su madre gimoteaba al abrirle las piernas.